—Es verdad; pero al levantarse antes que yo, podria haber clavado las tapas del ataud. O prenderle fuego. Lo principal era que yo no sabia lo que el podia hacer. Aun no sabia lo que podria haber hecho.

»Pero entonces no habia nada que yo pudiera hacer al respecto, y, con pensamientos acerca de la mujer y la nina muertas aun en la cabeza, no tenia mas energias para discutir con el. Y por si fuera poco, tuve, encima, suenos miserables.

—?Usted suena! —exclamo el chico.

—A menudo —dijo el vampiro—. A veces deseo no poder hacerlo. Porque como ser mortal nunca tuve unos suenos tan prolongados y lucidos; y tampoco tuve pesadillas tan retorcidas. En los primeros tiempos, esos suenos me absorbian tanto que, con frecuencia, luchaba para no despertarme y poder quedarme echado a veces durante horas, pensando en esos suenos, hasta que habia pasado la mitad de la noche; y, aturdido por ellos, trataba de comprender su significado. Eran, desde muchos puntos de vista, tan inextricables como los de los mortales. Por ejemplo, sonaba con mi hermano, que estaba a mi lado en un estado entre la vida y la muerte y que me pedia ayuda. Y, a menudo, sonaba con Babette; y frecuentemente —casi siempre— habia un trasfondo de gran tierra baldia en mis suenos, esa tierra baldia de la noche que yo habia visto cuando Babette me maldijo, como te he contado. Era como si todas las figuras caminaran y hablaran en la mansion desolada de mi alma perdida. No recuerdo lo que sone ese dia, quiza porque se muy bien lo que Lestat y yo discutimos al atardecer siguiente. Veo que estas ansioso por saberlo.

»Pues, como he dicho, Lestat me sorprendio con su nueva serenidad, su consideracion. Pero esa tarde no me desperte para encontrarlo en esa disposicion; no al principio. Habia unas mujeres en la sala. Las velas eran pocas y estaban repartidas en la pequena mesa con la cena. Lestat tenia un brazo alrededor de una de las mujeres y la besaba. Ella estaba muy ebria y era muy hermosa, una gran muneca de mujer con una cofia cuidada cayendole por los hombros desnudos y por los pechos parcialmente descubiertos. La otra mujer estaba sentada a la mesa, bebiendo un vaso de vino. Pude ver que los tres habian cenado (Lestat simulaba cenar… Quedarias sorprendido de como la gente no nota que un vampiro solo simula comer). Y la mujer a la mesa estaba aburrida. Todo esto me agito. No sabia lo que Lestat se traia entre manos. Si entraba en la habitacion, esa mujer tornaria su atencion hacia mi. Y no me podia imaginar lo que sucederia, salvo que Lestat pensaba matarlas a las dos. La mujer en el sofa junto a el ya bromeaba acerca de sus besos, su frialdad, su carencia de deseo. Y la mujer a la mesa los miraba con unos ojos negros que parecian llenos de satisfaccion; cuando Lestat se puso de pie y le puso las manos sobre los blancos brazos desnudos, se animo. Agachado para besarla, el me vio a traves de la rendija de la puerta. Y sus ojos se fijaron en mi un instante y luego torno a hablar con las damas. Se agacho y apago las velas de la mesa.

»—Esta demasiado oscuro aqui —dijo la mujer en el sofa.

»—Dejanos solos —dijo la otra mujer.

»Lestat tomo asiento y la llamo para que se sentara en sus rodillas. Y ella lo hizo, pasando su brazo izquierdo por la nuca de el, y con su mano derecha acariciandole los rubios cabellos.

»—Tu piel esta helada —dijo ella, retrocediendo un poco.

»—No siempre —dijo Lestat, y entonces hundio la cara en el cuello de ella.

»Yo contemplaba todo esto, fascinado. Lestat era magistralmente inteligente y completamente vicioso, pero yo no sabia cuan inteligente era hasta que hundio sus dientes en ese cuello y le apreto la garganta con un dedo, mientras su otro brazo la estrechaba fuertemente, de modo que bebio hasta saciarse sin que la otra mujer se diera cuenta de nada.

»—Tu amiga no tiene aguante para el vino —dijo, depositando a la mujer inconsciente, con sus brazos cruzados en la mesa, bajo la cabeza.

»—Es una tonta —dijo la otra mujer, que se habia acercado a la ventana y miraba las luces de la ciudad. Entonces Nueva Orleans era una ciudad de muchos edificios bajos, como probablemente sepas. Y en noches claras como esa, las farolas de la calle se veian hermosas desde los altos ventanales de ese nuevo hotel espanol; y las estrellas de aquellos tiempos colgaban bajas, con el brillo que hoy lucen sobre el mar.

»—Yo puedo calentar esa fria piel tuya mejor que ella.

»Se volvio hacia Lestat, y debo confesar que senti alivio al no tener que ocuparme de ella. Pero el no pensaba hacer nada tan simple.

»—?Te parece? —le dijo.

»Le tomo una mano y ella exclamo:

»—Oh, ahora estas caliente.

—?Quiere decir que la sangre lo habia calentado? —pregunto el muchacho.

—Oh, si —dijo el vampiro—. Despues de matar, un vampiro tiene el cuerpo caliente como el tuyo ahora.

Y el vampiro iba a continuar hablando, pero, al mirar al muchacho, sonrio.

—Como te estaba diciendo… Lestat tenia a la mujer de la mano y dijo que la otra lo habia calentado. Su cara, por supuesto, estaba ruborizada, muy alterada. La acerco aun mas y ella lo beso, senalando entre risas que el era un verdadero horno de pasiones.

»—Ah, pero el precio es alto —dijo el, simulando tristeza—. Tu bonita amiga… —Se encogio de hombros—. La deje agotada.

»Y dio un paso atras como invitando a la mujer a acercarse a la mesa. Y ella lo hizo con una mueca de superioridad en sus pequenas facciones. Se agacho a ver a su amiga, pero entonces perdio el interes, hasta que vio algo. Era una servilleta. Habia cogido las ultimas gotas de sangre de la herida en el cuello. Ella la levanto tratando de ver en la oscuridad.

»—Dejate caer el pelo —dijo suavemente Lestat. Y ella dejo caer la servilleta y, deshaciendose las trenzas, su cabello cayo, rubio y sedoso, sobre su espalda.

»—Es suave —dijo el—, tan suave… te imaginaba asi, echada en una cama de seda.

»—Las cosas que dices… —se burlo ella, y le dio la espalda juguetonamente.

»—?Sabes que clase de cama? —pregunto el. Y ella se rio y dijo que la cama de el; era lo que se imaginaba. Volvio a mirarlo cuando Lestat avanzo. Y el, sin apartar su vista de ella un instante, toco suavemente el cuerpo de su amiga, que cayo hacia atras de la silla y quedo en el suelo con los ojos abiertos. La mujer dio un respingo. Se alejo rapidamente del cadaver y casi derrumbo una mesita. El candelabro cayo y se apago.

»—Apaga la luz… y vuelve a apagar la luz —dijo el en voz baja. Y luego la abrazo como un insecto rabioso y le hundio los dientes en la garganta.

—Pero, ?en que pensaba usted mientras veia todo eso? —pregunto el entrevistador—. ?Quiso detenerlo del mismo modo en que trato de hacerlo con Freniere?

—No —dijo el vampiro—. No podria haberlo hecho. Y debes entender que yo sabia que Lestat mataba seres humanos todas las noches. Los animales no le daban ninguna satisfaccion. Contaba con los animales en caso de que todo lo demas fracasara, pero nunca como opcion. Si yo sentia simpatia por las mujeres, eso estaba hundido en la profundidad de mi propia confusion. Aun podia sentir el debil martilleo del corazon de esa criatura muerta de hambre; todavia ardian en mi los interrogantes de mi propia naturaleza dividida. Me repelia el hecho de que Lestat hubiese preparado ese espectaculo para mi beneficio, esperando a que yo me despertara para matar a las mujeres. Y me volvi a preguntar si podria deshacerme de el, y odie mi propia debilidad mas que nunca.

»En el interin, el puso sus hermosos cuerpos sobre la mesa y paseo por el cuarto encendiendo las velas de los candelabros hasta que la iluminacion parecio la adecuada para una boda.

»—Entra, Louis —dijo—, me hubiera gustado que tuvieras una pareja, pero se cuan especial eres para elegir las propias. Pobres mademoiselles Freniere que arrojan lamparas. Hacen que una fiesta no sea muy comoda, ?no te parece? En especial en un hotel.

»Sento a la muchacha rubia de modo que su cabeza reposo en el respaldo de damasco de la silla; y la mujer morena quedo con la cabeza sobre los pechos; habia palidecido y sus facciones ya tenian un aspecto rigido, como si fuera una de esas mujeres a las que el fuego de su personalidad las hace hermosas. Pero la otra solo parecia dormitar, y no tenia la seguridad de que estuviera muerta. Lestat le habia abierto dos heridas; una en la garganta y otra arriba de su pecho izquierdo, y de ambas manaban sangre. Lestat le levanto una muneca y, cortandola con un cuchillo, lleno dos copas y me rogo que me sentara.

»—Te voy a dejar —le dije de inmediato—. Quiero decirtelo ahora mismo.

»—Ya lo pense —dijo, apoyandose en el respaldo—. Y pense que me harias un anuncio florido. Dime lo monstruoso que soy, lo vulgar y miserable.

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