y sus grandes ojos castanos parecian aun mas intensos. Como te he dicho, yo amaba su fortaleza y su honestidad, la grandeza de su alma. Y no sentia pasion por ella tal como podrias sentirla tu. Pero la encontre mas atractiva que ninguna mujer que conociera en mi vida mortal. Incluso en el severo camison, sus brazos y sus pechos eran redondos y suaves y mas me parecio un alma fascinante vestida que una carne rica y misteriosa. Yo, que soy duro y preciso y concentrado en un solo proposito, me senti atraido irresistiblemente por ella: sabiendo que solo culminaria en la muerte, me aleje al instante, preguntandome si cuando miraba a mis ojos, ella los encontraba muertos y examines.

»—Tu eres quien se acerco anteriormente a mi —dijo ella como si no hubiera estado segura—. Y eres el amo de Pointe du Lac. ?Lo eres!

»Yo sabia, cuando ella hablo, que debia haber oido las historias mas generosas sobre la noche anterior y que no me seria posible convencerla de ninguna mentira. Habia utilizado mi aparicion sobrenatural en dos ocasiones para presentarme a ella; ahora no podia ocultar ese hecho ni restarle importancia.

»—No quiero hacerte dano —le dije—. Unicamente necesito un carruaje y unos caballos… Anoche deje los caballos pastando.

»Ella no parecia escuchar mis palabras; se acerco mas, decidida a verme en el circulo de su luz.

»Y entonces vi a Lestat detras de ella. Sus sombras se fundian en una sola sobre la pared de ladrillos; estaba ansioso y era peligroso.

»—?Me proporcionaras el carruaje? —insisti. Ahora me miraba con la lampara en alto; y, cuando quise desviar la mirada, vi que su rostro cambiaba. Quedo inmovil, en blanco, como si estuviera perdiendo la conciencia. Cerro los ojos y sacudio la cabeza. Se me ocurrio que de alguna manera le habia producido un trance sin el menor esfuerzo de mi parte.

»—?Quien eres? —susurro—. Vienes del infierno. ?Venias de parte del demonio cuando llegaste ante mi!

»—?El demonio! —le conteste. Esto me afligio mas de lo que imagine que podia hacerlo. Si se lo creia, entonces creeria que mis consejos habian sido malos; pondria todo en duda otra vez. Su vida era rica y buena, y yo sabia que ella no debia hacer eso. Como toda la gente fuerte, ella sufria, en cierta medida, de soledad; era una marginada, una secreta infiel de alguna indole. Y el equilibrio en que vivia podia trastocarse si ponia en duda su propia bondad. Me miro con un horror manifiesto.

Fue como si, horrorizada, se hubiera olvidado de su propia vulnerabilidad. Y ahora Lestat, que era atraido a la debilidad como un muerto de sed al agua, la cogio de la muneca, y ella grito y dejo escapar la lampara. Las llamas se esparcieron sobre el petroleo derramado, y Lestat la empujo hacia la puerta abierta.

»—?Consigue el carruaje! —le dijo—. Lo consigues ahora mismo, y los caballos tambien. Estas en peligro mortal; ?no hables de demonios!

»Apague las llamas con los pies y segui a Lestat gritandole que la dejara. El la tenia por las munecas y ella estaba furiosa.

»—Despertaras a toda la casa si no te callas —me dijo el—. ?Y yo la matare! Consigue el carruaje… Llevanos; habla con el chico del establo —le dijo, sacandola por la fuerza al aire libre.

»Nos movimos lentamente por el patio a oscuras; mi disgusto era casi insoportable; Lestat iba adelante y, entre los dos, Babette, que avanzaba de espaldas, con sus ojos escrutando la oscuridad para vernos.

»—?No os conseguire nada! —dijo ella.

»Yo cogi a Lestat del brazo y le dije que me dejara hacer las cosas a mi.

»—Ella revelara nuestra identidad a todo el mundo a menos que me dejes hablar con ella —le susurre.

»—Entonces, dominate —dijo disgustado—. Se fuerte y no te enternezcas.

»—Sigue adelante mientras hablo con ella… Vete a los establos y consigue el carruaje y los caballos. ?Pero no mates a nadie!

»Yo no sabia si me obedeceria o no, pero se alejo rapidamente cuando me acerque a Babette. Su rostro expresaba una mezcla de furia y resolucion.

»Ella dijo:

»—Alejate de mi, Satan.

»Y entonces me quede alli ante ella, mudo, mirandola nada mas y manteniendole la mirada tal como ella hacia con la mia. Su odio hacia mi me quemaba como el fuego.

»—?Por que me dices eso? —le pregunte—. ?Fueron malos los consejos que te di? ?Te hice algun dano? Vine a ayudarte, a darte fuerzas. Solo pense en ti cuando no tenia la menor necesidad de hacerlo.

»Ella sacudio la cabeza.

»—Pero, ?por que, por que me hablas asi? —pregunto ella—. Se lo que hiciste en Pointe du Lac; ?alli has vivido como un demonio! ?Los esclavos estan llenos de historias! Durante todo el dia, los hombres han estado en el camino del rio de Pointe du Lac; mi marido estuvo alli. El vio la casa en ruinas, los cuerpos de los esclavos diseminados por los huertos, por los campos. ?Que eres tu? ?Por que me hablas bondadosamente? ?Que pretendes de mi?

»Ella se aferro a los pilares del porche y se balanceo para adelante y para atras en la escalera. Algo se movio arriba en la ventana iluminada.

»—Ahora no te puedo dar las respuestas —le dije—. Creeme cuando te digo que vine a ti con la unica intencion de hacer el bien. Y que anoche no te habria traido preocupaciones ni problemas de haber podido evitarlo.

El vampiro se detuvo.

El muchacho quedo con el cuerpo hacia adelante y los ojos muy abiertos. El vampiro estaba helado, con la mirada en blanco, hundido en sus propios pensamientos, en sus recuerdos. Y, subitamente, el joven bajo la mirada, como si fuera el acto respetuoso que le correspondia hacer. Volvio a mirar al vampiro y luego desvio sus ojos, con el rostro tan compungido como el del vampiro; y entonces empezo a decir algo, pero se detuvo.

El vampiro lo miro y estudio; de modo que el chico se ruborizo y volvio a desviar la mirada ansiosamente. Pero levanto sus ojos y miro entonces los del vampiro. Trago saliva, pero le mantuvo la mirada.

—?Es esto lo que quieres? —susurro el vampiro— ?Es esto lo que quieres oir?

Sin hacer ruido, aparto su silla y camino hasta la ventana. El muchacho se quedo como de piedra, mirando sus anchos hombros y la larga capa.

—No me contestas. No te estoy dando lo que quieres, ?verdad? Querias una entrevista. Algo para la radio.

—Eso no tiene importancia. ?Tirare las cintas si usted asi lo quiere! —El muchacho se puso en pie—. No puedo decir que comprendo todo lo que usted me dice. Sabria que estoy mintiendo si lo dijera. Por tanto, ?como le puedo pedir que continue, salvo para decir que lo que comprendo…, lo que comprendo es diferente de todo lo que haya comprendido antes?

—Dio un paso en direccion al vampiro. Este parecia estar mirando la calle Divisadero. Entonces giro la cabeza lentamente y miro al joven y sonrio. Su rostro estaba sereno y casi afectuoso. Y el entrevistador, de improviso, se sintio incomodo. Se metio las manos en los bolsillos y volvio a la mesa. Luego miro vacilante al vampiro y dijo:

—?Podria… continuar, por favor?

El vampiro dio media vuelta con los brazos cruzados y se apoyo en la ventana.

—?Por que? —pregunto.

El muchacho no supo que contestar.

—Porque quiero escucharle. —Se encogio de hombros—. Porque quiero saber lo que sucedio.

—Muy bien —dijo el vampiro con la misma sonrisa bailoteandole en los labios. Regreso a su silla y se sento frente al muchacho, cambio un poco la posicion del magnetofono y dijo—: Un aparato maravilloso, realmente…, pues permite que continue.

»Debes comprender que lo que entonces sentia por Babette era un deseo de comunicacion mas fuerte que cualquier otro deseo que sentia…, salvo por el deseo fisico de… sangre. Era tan intenso que me podia hacer sentir la profundidad de mi capacidad de soledad. Cuando antes habia hablado con ella, habia habido una comunicacion breve pero directa que era tan simple y satisfactoria como la de dar la mano a una persona, estrecharsela, dejandola ir suavemente. Todo eso en un momento de gran necesidad o afliccion. Pero ahora estabamos confundidos. Para Babette, yo era un monstruo y eso me parecia espantoso, y hubiera hecho cualquier cosa para

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