»Yo no podia saber si la chica lo escuchaba o si estaba perdiendo la razon. Pero ella me vio en la puerta y se quedo quieta y miro a Lestat y luego a mi.
»—?Ayudeme! —me dijo.
»Lestat me miro.
»—Esperaba que sintieras estas cosas instintivamente como yo —dijo—. Cuando te entregue tu primera victima, pense que tendrias ganas de una segunda y luego de mas; que irias tras las vidas humanas como detras de una copa llena, del mismo modo que yo. Pero no lo hiciste. Y supongo que todo este tiempo no te corregi porque debil me convenias mas. Te observaba acechando en la noche, mirando caer la lluvia. Facil de manejar, pues eres un debil, Louis. Eres un blanco facil. Tanto para los vampiros como para los seres humanos. Lo que sucedio con Babette nos hizo peligrar a los dos. Es como si quisieras que nos destruyesen.
»—No puedo soportar lo que estas diciendo —dije, dandole la espalda. Los ojos de la muchacha se me clavaban en la carne. Ella seguia echada, mirandome todo el tiempo mientras hablabamos.
»—?Tu no puedes soportarlo! —dijo el—. Anoche te vi con esa nina. ?Tu eres tan vampiro como yo!
»Se puso de pie y se encamino hacia mi, pero la chica se levanto y el se dio media vuelta para empujarla nuevamente.
»—?Piensas que tendriamos que convertirla en vampiro? ?Compartir nuestras vidas con ella? — pregunto.
»Al instante, conteste:
»—No.
»—?Por que? ?Porque no es mas que una puta? —pregunto el—. Y una puta realmente cara — aseguro.
»—?Emocionante! —dijo—. No puede vivir.
»—Entonces, matala.
»Ella empezo a gritar. El se quedo sentado. Yo me di la vuelta. Lestat sonreia, y la muchacha, apoyando la cabeza contra la seda del ataud, comenzo a sollozar. Su razon la habia abandonado casi por completo; lloraba y rezaba a la Virgen para que la salvara, ahora con las manos sobre la cara, ahora sobre la cabeza, con su muneca derramando sangre sobre el pelo y la seda. Me agache sobre el ataud. Estaba muriendo, era verdad; sus ojos le ardian, pero la piel de alrededor ya estaba azulada. De pronto sonrio:
»—No me dejaras morir, ?verdad? —susurro—. Me salvaras.
»Lestat extendio una mano y la cogio de la muneca.
»—Es demasiado tarde, querida —dijo—. Mirate la muneca, el pecho.
»Y luego le toco la herida de la garganta. Ella se llevo las manos a la garganta y quedo atonita, con la boca abierta, el grito estrangulado. Mire a Lestat. No podia comprender por que hacia eso. Su rostro era tan suave como el mio, mas animado por la sangre, pero frio y sin emocion.
»No se reia como un villano de opereta ni buscaba el sufrimiento de la chica como si la crueldad lo alimentase. Simplemente, la observaba.
»—Nunca quise ser mala —decia ella sollozando—. Solo hice lo que tenia que hacer. No permitireis que esto me suceda. No puedo morir asi, ?no puedo! —lloraba, con sollozos secos y debiles—. Dejadme ir. Tengo que ir a ver al cura. Dejadme ir.
»—Pero mi amigo es un cura —dijo Lestat, sonriente, como si acabara de ocurrirsele una broma—. Este es tu funeral, querida. ?Ves?, estabas en una cena y te moriste. Pero Dios te ha dado otra oportunidad de ser absuelta. ?No te das cuenta? Cuentale tus pecados.
»Ella al principio sacudio la cabeza y luego volvio a mirarme con sus ojos suplicantes.
»—?Es verdad? —murmuro.
»—Muy bien —dijo Lestat—. Supongo que no te arrepientes, querida. ?Tendre que cerrar el ataud!
»—?Basta ya, Lestat! —le grite.
»La muchacha volvio a gritar y ya no pude soportar mas la escena. Me agache y la tome de una mano.
»—No puedo recordar mis pecados —dijo cuando le mire las munecas, dispuesto a terminar
»Se echo y cerro los ojos. Le clave los dientes en la muneca y empece a desangrarla. Se movio una vez como si durmiera y pronuncio un nombre; y luego, cuando senti que su corazon alcanzaba una lentitud hipnotica, me separe de ella, mareado, confundido por un instante, y mis manos se aferraron al marco de la puerta. La vi como en un sueno. Las velas relumbraban en un costado de mis ojos. La vi echada absolutamente inmovil. Y Lestat estaba a su lado como un deudo. Tenia el rostro impasible.
»—Louis —me dijo—, ?no comprendes? Solo tendras paz cuando hagas esto todas las noches de tu vida. No hay nada mas. ?Pues esto es todo!
»Su voz fue casi tierna cuando hablo, y se levanto y me puso ambas manos en los hombros. Entre en la sala, incomodo ante su contacto, pero no lo suficientemente decidido como para separarme de el.
»—Ven conmigo. Salgamos a la calle. Es tarde. No has bebido bastante. Deja que te muestre lo que eres. ?Realmente! Perdona si hice una chapuza con todo esto, si deje demasiadas cosas en manos de la naturaleza. ?Vamos!
»—No lo puedo aguantar, Lestat —le dije—. Elegiste mal a tu companero.
»—Pero, Louis —replico—, ?si no lo has intentado siquiera!
El vampiro dejo de hablar. Estudiaba al entrevistador. Pero el muchacho, atonito, no dijo nada.
—Era verdad lo que me dijo. No habia bebido lo suficiente y, conmovido por el miedo de la muchacha, deje que me llevara fuera del hotel y bajamos las escaleras. La gente llegaba del salon de fiestas de la calle Conde, y la calle, angosta, estaba muy concurrida. Habia cenas en los hoteles y las familias de los plantadores estaban alojadas en la ciudad en gran numero, y las pasamos como en una pesadilla. Mi dolor era insoportable. Nunca como ser humano habia sentido semejante dolor mortal. Se debia a que todas las palabras de Lestat habian tenido sentido para mi. Solo conocia la paz cuando mataba, unicamente en ese minuto; y no habia dudas en mi mente de que matar algo inferior a seres humanos solo producia una vaga anoranza, el descontento que me habia acercado a los humanos, que me habia hecho contemplar sus vidas como a traves de un cristal. Yo no era un vampiro. Y, en mi dolor, me pregunte irracionalmente, como un nino: «?No podria volver a ser humano?». Incluso cuando la sangre de la muchacha aun estaba caliente y sentia todavia esa fortaleza y esa excitacion fisicas, me hice la pregunta. Los rostros de los humanos me pasaban como llamas de velas bailoteando en oleajes oscuros. Me hundia en la oscuridad. Estaba cansado de anoranzas. Giraba y giraba en la misma esquina, mirando estrellas y pensando: «Si, es verdad. Se que lo que el dice es verdad, que cuando mato, desaparece la anoranza; y no puedo soportar esa verdad, no puedo».
»De improviso, sobrevino unos de esos momentos fascinantes. La calle estaba completamente en silencio. Nos habiamos alejado de la zona centrica de la ciudad vieja y estabamos cerca del puerto. No habia luces, solo el resplandor del fuego de un hogar en una ventana y el sonido distante de la gente riendose. Pero alli no habia nadie. Nadie cerca de nosotros. De pronto percibi la brisa del rio y el aire calido de la noche y senti a Lestat a mi lado, tan inmovil que podria haber sido de piedra. Sobre la larga y baja fila de tejados puntiagudos asomaban las recias formas de los robles en grandes hileras oscuras y ondulantes, bajo las estrellas cercanas. Por el momento, el dolor desaparecio; la confusion desaparecio. Cerre los ojos y oi el viento y el suave sonido del agua en el rio. Fue suficiente, por un momento. Y supe que no duraria, que se alejaria de mi como algo arrancado de mis brazos, que yo iria detras de eso, mas desesperadamente solitario que cualquier criatura para recuperarlo. Y entonces, una voz a mi lado retumbo, profunda en el silencio de la noche, diciendo:
»—Haz lo que te ordena tu naturaleza. Esto solo es una muestra. Haz lo que te pide tu naturaleza.
»—El dolor es terrible para ti —dijo—. Lo sientes como ninguna otra criatura porque eres un vampiro. No quieres que continue.
»—No —le conteste—, me siento como capturado por el, entrelazado con el y sin peso, atrapado como en una danza.
»—Eso y mas. —Su mano apreto la mia—. No lo evites; ven conmigo.
