– Soy yo, maestro. Rodrigo.

– Hace ya bastante tiempo… debio de ser por el ano treinta mas o menos… creo que aun estudiabais aqui por aquel entonces.

– No, maestro. Por aquel entonces yo ya no residia aqui.

– Bueno… pues fue algo raro. Recuerdo que se hablo mucho de ello. Unos caballeros que venian de Tierra Santa habian fundado una especie de orden, ya sabeis, al estilo de la del Hospital.

– Eran los templarios.

– Si, en efecto. El mismo rey de Francia los recibio con muchos honores y se dedicaron a reclutar gente para la Guerra de Dios, Bellum Dei, decian. En aquel momento, aquello era algo nuevo… todo lo que suena a vuestra cruzada provoca un cierto temor en nuestro pueblo. Como ya sabreis, el paso de los primeros ejercitos de cruzados por Europa Central supuso muchas muertes en las comunidades judias de la zona; sobre todo el de aquellos locos que siguieron a ese maldito Pedro el Ermitano.

– Lo se, rabi, y lo lamento.

– Bien, el caso es que estos caballeros del Temple que acababan de llegar fueron muy favorecidos por la monarquia y por las casas mas nobles del reino de Francia. No en vano, algunos de ellos provenian de las familias mas granadas de la nobleza.

– Ciertamente.

– Pues bueno, todo eran predicas, historias de grandes gestas militares, de lo abnegado de la vida de los caballeros cristianos luchando en Tierra Santa. Ya sabeis como agradan al vulgo ese tipo de historias. Habia predicadores en cada esquina, anacoretas salidos de sus cuevas, monjes cistercienses… todos hablaban maravillas de aquella nueva milicia de monjes guerreros. Ese ambiente causaba cierto nerviosismo en nuestra comunidad. Ya sabeis lo que ocurre: uno de esos predicadores locos tiene un acceso ante la multitud y dice de pronto «?A por los asesinos de Cristo!», y se produce una masacre. En fin, que, de pronto, en aquel momento, se produjo un hecho algo extrano.

– ?Si?

– Yo estaba fuera, de viaje. Tuve suerte quiza.

– Pero… ?que ocurrio?

– Desaparecieron varios hermanos.

– ?Judios?

– Sabios.

– ?Sabios?

– Si, estudiosos de las leyes y de nuestros escritos. Todos el mismo dia.

– ?Y que tiene eso que ver con el Temple?

Moises hizo una larga pausa.

– Mirad, Rodrigo, ?que tiempo llevais en la orden?

– Como miembro de pleno derecho, tres; no, cuatro dias.

– Bien, pues aun estais a tiempo de abandonar ese negocio. No es lo que parece.

– ?Por que decis eso?

– Uno de aquellos sabios desaparecidos era mi hermano, David.

– Vaya, maestro, lo siento.

– En una sola noche siete judios, siete eruditos, desaparecieron, algunos sin dejar rastro; en dos de los casos, el de mi hermano y el del maestro Ariel, unos desconocidos entraron en sus casas y los arrancaron de sus camas.

– ?Identificasteis a esos desconocidos?

– Iban embozados.

– ?Y? ?Vestian como templarios?

– No, iban de negro, con grandes capuchas y tapados con sus capas. Pero eran gente de armas, seguro.

– Luego… ?de donde sacais que eran templarios?

Moises se levanto y escarbo en una pequena arca que habia sobre su mesa, siempre llena de papeles y viejos pergaminos enrollados. Saco algo.

– Mi sobrino Samuel, al ver que esos encapuchados se llevaban a su padre, intento frenarlos. Le dieron un golpe con la guarda de una espada y al caer arranco a uno de los asaltantes este broche de su capa. Mirad.

Rodrigo examino el prendedor con atencion. Lo habia visto antes: representaba a dos caballeros a lomos de un unico caballo. Alrededor del broche de seccion circular una leyenda rezaba Milites Christi.

Arriaga no sabia que decir.

– Pero… ?no hicisteis nada? ?No denunciasteis los hechos?

– Rodrigo, somos judios…

– Ya, claro.

– Cuando indagamos e identificamos el broche como templario fuimos a hablar con el mismisimo Gran Maestre de Francia. Nos echo como si fueramos perros. Las autoridades no quisieron saber nada de aquello.

– Cualquiera pudo usar un broche asi, quiza para inculpar a la orden.

– Hicimos pesquisas de manera discreta, pero efectiva. El dinero todo lo mueve. Fue el Temple, seguro.

– Pero ?para que iba el Temple a secuestrar a unos sabios judios?

– Los necesitarian para algo. Hablamos de especialistas en textos judaicos, textos sagrados…

– No tiene sentido, rabi.

– Nunca mas se supo.

Entonces Rodrigo recordo las palabras de Silvio de Agrigento: el era util por saber hebreo; algo similar le habia dicho Jean de Rossal. Si, el Temple necesitaba gente que hablara el idioma de los judios. Por eso habian secuestrado a los sabios, sin duda. Recordo a Silvio de Agrigento de nuevo, quien pensaba que los templarios habian encontrado algo en los sotanos de las caballerizas del antiguo Templo de Salomon, y ese algo habia pertenecido a los judios… de modo que debian de necesitar traductores. No podia creer que algo asi fuera cierto, era una locura. No pudo evitar que su mente acudiera a su ceremonia de iniciacion: le habian hecho negar a Cristo. ?Y la extrana reunion en el sotano de Jean y los otro cuatro freires? Canturreaban en hebreo. Algo raro habia, sin duda.

Despues de asegurar a Moises que intentaria averiguar lo que pudiera ambos amigos se despidieron amigablemente. Arriaga tenia que repasar su hebreo. Debia ponerse al dia.

Aquella noche no pudo pegar ojo. Su mente volvia una y otra vez a la casa de Moises Ben Gurion y al caso de los sabios desaparecidos diez anos antes.

Silvio de Agrigento y su senor, el reverendisimo Lucca Garesi, pensaban que los templarios habian descubierto algo de valor en las ruinas del Templo. Ese algo les permitia chantajear al mismisimo Papa para conseguir enormes privilegios para la orden. Nueve caballeros fundaron el Temple para proteger a los peregrinos y los caminos de Tierra Santa, pero durante nueve anos no permitieron el ingreso de nuevos adeptos. ?Como iban a proteger asi a nadie? Eran muy pocos. Ese era un punto fuerte de la teoria de Silvio de Agrigento. Segun el, habian permanecido semiocultos durante ese periodo de tiempo excavando en los sotanos de las caballerizas. De pronto, Hugues de Payns y otros cuatro caballeros volvieron a Occidente y entonces, si, se dedicaron a obtener apoyos y a reclutar a nuevos caballeros. ?Por que? Habian contado con el apoyo total del ya mitico Bernardo de Claraval. Tenia que saber mas sobre el. Justo por aquellos dias se habia producido la desaparicion de los judios. ?Por que?

Penso en las caracteristicas del secuestro. Hombres embozados, de negro. Si eran templarios se habian tomado molestias en no perpetrar la accion vestidos con sus mantos; iban de oscuro, ocultos… ?Para que iba a llevar uno de ellos un broche de la orden que pudiera permitir su identificacion? No tenia logica alguna.

Estaba claro que habia sido un golpe de alguien que pretendia cargar las culpas a la orden, aunque en aquella epoca el Temple no era tan conocido. Hugues de Payns y otros cuatro caballeros recorrian Europa reclutando caballeros; la orden no era nada entonces, estaba en sus comienzos. En aquel momento ?quien iba a reconocer un simbolo templario?

Mucha gente odiaba a los judios, por lo que podria haber sido cualquiera. Estos eran buenos prestamistas y

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