Rodrigo sabia de buena tinta que muchas de las razias contra los miembros del pueblo elegido se habian producido para acabar de un plumazo con las deudas que muchos cristianos viejos habian contraido con ellos.
Por otra parte, siguio pensando como Silvio de Agrigento.
Dos papas habian favorecido ostensiblemente al Temple. ?Les habian chantajeado? No. Rotundamente. Roma necesitaba a la orden. Eso era obvio.
Sin embargo, ?por que iba alguien a secuestrar a siete sabios judios? Siete especialistas en la Tora. ?Por que?
Penso en su ceremonia de iniciacion. Penso en la negacion a Cristo. Se sentia mal por ello, aunque Jean tenia siempre una explicacion logica para todo.
Recordo el grito de alguien al final de la ceremonia: «?Ha resucitado!».
Sono la campana. Maitines.
de su servidor Giovanno de Trieste
Su Paternidad; le escribo estas lineas algo preocupado porque me temo que nuestro hombre se ha identificado en demasia con el Temple y ha olvidado por completo la mision que nos trajo aqui. Esta manana, tras informarme de la ubicacion del mas proximo y mejor burdel de la zona, convenci a Toribio de que se acercara al mismo asegurandole que contaba con mi total complicidad.
Enseguida me dispuse a seguir a Rodrigo que, tras salir de las excelentes instalaciones del Temple -este tema mereceria una carta por si solo- deambulo por Paris buscando a sus maestros de juventud. Solo encontro a un tal Moises Ben Gurion, en cuya casa comio. Me quede apostado toda la tarde enfrente, y despues de que Arriaga volviera al Temple, salio la sirvienta a hacer unas compras. No me costo acercarme a ella, la moza es algo corta de entendederas y con un par de monedas y unas cuantas chanzas me entere de lo que habian hablado. Y hay noticias.
Al parecer, cuando Hugues de Payns vino a Europa a reclutar adeptos tras nueve anos de excavaciones en el Templo de Salomon, ocurrio algo raro: desaparecieron siete sabios judios, ?especialistas en textos sagrados! ?Os dais cuenta? Creo que estamos en la buena pista, de hecho, he tenido la sensacion de que me seguian. Debemos ser cautos.
Me temo que las lealtades de nuestro hombre han quedado claras, asi que, para asegurarnos, solo cabe esperar que el mismo os escriba al respecto. Veremos.
Vuestro servidor en Cristo,
Giovanno de Trieste
Rodrigo acudio al despacho de Gavin de Flour en cuanto leyo la esquela que le habia traido un armiguero. El secretario del Gran Maestre de Francia parecia ocupado, pues se hallaba rodeado de multitud de pergaminos.
– Ah, Rodrigo, pasad, pasad. Tomad asiento.
El nuevo templario se sento y espero a que su interlocutor terminara de ojear una vitela. Entonces, el preboste tomo un pergamino en blanco y garabateo unas letras. Hizo sonar una campanilla y de inmediato aparecio un templario increiblemente joven.
– Que se envie esto ahora mismo -dijo el secretario, para mirar despues a Rodrigo y decirle-: Bien, bien. El Gran Maestre de Francia ha decidido algo: la familia del joven Saint Claire reclama que lo llevemos de vuelta a casa. Mi senor ha resuelto que seria prudente hacerlo, no solo porque piensa que seria bueno para la recuperacion del joven, sino porque no nos interesa enemistarnos con familia tan preeminente. Teneis que ir a Chevreuse. El inmediato superior de Robert debe darle permiso, asi que acudid donde Jean y entregadle esta carta mia. Esperaremos tambien la autorizacion, que debe llegar desde Tierra Santa, del Gran Maestre de la orden. No sabemos que opinara al respecto. Este es asunto de altos vuelos. Partis de inmediato.
– ?Podria antes visitar a Robert en la
– Claro, no hay problema, pero daos prisa. Por cierto, se me olvidaba, teneis que llevar una cosa a la encomienda.
– ?De que se trata?
– No os atane, Arriaga -respondio Gavin de Flour-. Pasad por la capilla, os lo entregaran.
Rodrigo se encamino hacia la
Habia guardias por todas partes, no en vano se decia que alli se guardaba el tesoro del Temple, que segun se empezaba a rumorear era considerable.
Llegaron a una recia puerta en la cuarta altura. Un sargento que hacia guardia junto a ella le franqueo el paso y se encontro con Robert Saint Claire leyendo un breviario sentado a una pequena mesa junto a la ventana que, como todas las del
– ?Rodrigo! -exclamo el joven Saint Claire al ver entrar a su companero.
Ambos se abrazaron.
– ?Os tratan bien?
– Si, de maravilla -dijo Robert.
– ?Y como os encontrais??Mejor?
El otro ladeo la cabeza.
– No me dejan ni usar un simple cuchillo para comer. Temen que me mate.
– Hacen bien -dijo Rodrigo-. Volveis a casa.
– ??Como?!
– Parece que vuestra familia os ha reclamado. No me explico como les han hecho caso. Faltan un par de gestiones y en unas semanas estareis de vuelta al hogar. El Gran Maestre tiene que pronunciarse desde Jerusalen.
– La mia, no en vano, es una de las familias.
– ?Las familias? ?Que familias?
– Ya sabeis, las familias, los fundadores… el Proyecto.
En ese momento, cuando Rodrigo iba a preguntar por ello, se abrio la puerta y entraron dos sirvientes con las viandas para el preso. Permanecieron alli mientras comia, junto con el sargento que custodiaba al reo. Rodrigo temio por la salud mental de su amigo, pues enseguida el joven comenzo a decir tonterias; cosas sobre nuevos mundos con pajaros de colores y donde la plata se recogia del suelo. Los dos jovenes criados se miraron sonriendo. Luego el joven Saint Claire comenzo a hablar de su amada y llego a sollozar, aunque siguio comiendo con apetito. Parecia algo desequilibrado y murmuraba incoherencias.
Rodrigo no pudo hacer mas porque, en cuanto el preso acabo de comer, el sargento le indico que la visita habia terminado, pues iban a venir los barberos a sangrar al enfermo. Ademas, tenia prisa. ?Que seria eso del Proyecto?
El Baphomet
No lograron salir hasta la hora sexta, pues tuvieron que esperar a que les entregaran un cofre que habian de llevar a la encomienda. A Rodrigo le extrano un poco que no fueran armigueros ni sargentos los encargados de
