hizo tan valioso. Quizas a traves de vuestro padre, su senor el rey de Aragon, Alfonso, al que llamaban el Batallador, os llamo a su corte. La mayoria de los hombres de armas son analfabetos; no es usual hallar a un soldado tan instruido, y la gente de letras no sabe pelear. Erais un diamante en bruto; un candidato excelente para ser adiestrado como espia. Se dice que os hicieron experto en el manejo de la daga y que no hay veneno que os sea desconocido.

– Exageraciones.

– Cumplisteis dificiles misiones para vuestro bravo senor, a veces como espia, a veces como soldado. Y entonces se concreto vuestra desgracia. -Arriaga volvio a poner cara de pocos amigos y Silvio de Agrigento continuo-: Acompanabais a vuestro senor en su famosa cabalgata hasta Granada. Se dice que fue una campana hermosa y audaz contra el infiel y que por poco llega a alcanzar su objetivo.

– Mi senor fue siempre un hombre atrevido. Ahi esta el origen de sus multiples exitos en el terreno militar.

– Algo ocurrio entonces que os hizo abandonar vuestro puesto al lado del Rey.

La mirada de Arriaga tornaba a parecer cada vez mas fria y dura. El cura trago saliva y siguio con su exposicion:

– Al parecer, una joven a la que frecuentabais se lanzo al vacio desde…

– ?No se lanzo! ?Ella nunca hubiera hecho algo asi! -interrumpio enfadado Arriaga.

– Perdonadme, he dicho «al parecer». Solo estaba relatando lo que se dijo oficialmente. Nos consta que la realidad fue bien distinta. Es un secreto a voces que vuestro senor, en fin… digamos que si hubiera sido capaz de yacer con dona Urraca como debia por sus votos matrimoniales, hubiera aunado los reinos de Castilla y Aragon, pero el rey Alfonso tenia gustos mas particulares.

Arriaga permanecia imperterrito.

– La joven, Aurora de Bielsa, esperaba un hijo vuestro, ?verdad, Rodrigo?

El curtido soldado asintio.

– Ni siquiera pudo ser enterrada en sagrado.

– Su padre os culpo a vos.

– Dicen que sigue obsesionado con encontrarme para matarme por haber deshonrado a su hija. No fue asi. Yo iba a casarme con ella, pero…

– Vuestro senor se interpuso en vuestro camino.

– Asi fue.

– Se rumoreaba que bebia los vientos por vos, aunque bien es verdad que se desahogaba con jovenes mas tiernos.

– Al principio, no tuvo un mal gesto conmigo -repuso Arriaga-. Ni se me insinuo, aunque, la verdad, yo sabia de los rumores que corrian sobre mi y notaba que me tenia en muy alta estima. Debi sospecharlo. Nunca pense que estuviera tan obsesionado con…

– Cuando supo lo de Aurora no pudo soportarlo y mando que la eliminaran, ?no?

Rodrigo asintio:

– Los dos esbirros que hicieron el trabajo estan muertos. Y sufrieron de veras, creedme. Me encargue de ello personalmente.

– Pero un rey es demasiado, incluso para vos. Tuvisteis que huir. Se os acuso de sodomita y eso se pena con la muerte.

– Si, torturaron e hicieron confesar a un zagal, de los que frecuentaba mi senor, que habia yacido conmigo…

– Una infamia.

– Claro. Tuve que huir. Mi senor sabia que tenia que deshacerse de mi o de lo contrario lo mataria, por eso urdio la falsa acusacion de sodomia y lanzo a sus perros tras mi rastro. Me costo trabajo cambiar de piel.

– Pero, segun se dice, os veneraba. ?No intento…?

– Cuando supo lo de Aurora estabamos camino de Granada. Mando matarla por celos; me queria para el. Me lance a darle muerte pero me frenaron. Hizo que me ataran para hablar conmigo a solas. Me juro amor eterno. El sabia que yo no compartia sus gustos pero creyo que Aurora era algo pasajero, y cuando supo lo de su embarazo se volvio loco.

– Y vos huisteis de alli, desertasteis.

– Si, claro. Cuando llegue me encontre con que la habian enterrado como a un perro, sin una mala oracion. Luego vinieron los alguaciles a por mi, el padre de ella tambien me buscaba y tuve que huir. Cuando murio el rey Alfonso lo senti de veras: hubiera querido matarlo con mis propias manos.

– No me gustaria teneros por enemigo.

– No es para tanto, domine. Y ahora decidme, ?como me habeis encontrado? ?Quien podia saber que me hallaba en un lugar tan recondito?

– Sabed, buen hombre, que los servicios que prestasteis a la Corona de Aragon aun se recuerdan con carino y admiracion. Un buen servidor de Nuestra Santa Madre Iglesia nos ayudo a dar con vuestro paradero.

– ?Quien?

– Su Majestad don Ramiro, al que vosotros llamais el Monje por su condicion de eclesiastico.

– ?Don Ramiro sabia que yo estaba…?

– Los curas lo sabemos todo, hijo mio. Tenemos sacerdotes, frailes y monjas situados a lo largo y ancho de este mundo de Dios. Hasta la mas remota aldea cuenta con algun servidor de Cristo. Esa red, bien utilizada, es el mejor servicio de espias que ha conocido la humanidad.

– ?Y no mando a sus hombres a prenderme?

– Digamos que no compartia los vicios de su hermano. Don Ramiro es hombre virtuoso y, al parecer, quiso hacer la vista gorda y dejaros vivir en paz.

– Pero vos no, claro.

– Esto os debe de resultar muy aburrido. Un hombre de vuestra valia enterrado en vida en este paraje.

– Soy feliz aqui. Al menos todo lo que yo podria esperar. Me agrada este lugar y tengo tiempo para reflexionar y encontrarme a mi mismo.

– Si vos cumplierais una mision yo os podria ofrecer lo que mas quereis.

– ?Y que es lo que mas quiero? -respondio Arriaga algo intrigado.

– Recuperar vuestra vida. La Iglesia estudiaria de nuevo vuestro caso y se os absolveria del delito por el que se os condeno.

Rodrigo rio socarron.

– ?Como se nota que no me conoceis, domine! Eso me importa un bledo.

– No me habeis dejado terminar. Lo que mas quereis… la Iglesia reabriria el caso de Aurora, vuestra amada. Se declararia publicamente que no se arrojo de la torre sino que fue asesinada; se restauraria su buen nombre. Pensad: la enterrarian en sagrado.

Arriaga puso, en efecto, cara de pensarlo. El de Agrigento aprovecho para insistir:

– Mirad, Rodrigo, volveriais a ser vos, vuestra Aurora descansaria como merece, su padre os lo agradeceria, el hijo vuestro que llevaba en las entranas, tambien. Es un buen arreglo para vos. El rey Ramiro esta de acuerdo.

– ?Y si dijera que no?

– El Rey me aseguro que no lo hariais, pero me consta que eso le desagradaria mucho. Me temo que tendriais que huir, a ser posible en cuanto terminara esta conversacion. No debeis temer nada por nuestra parte, pero el monarca aragones… Pensadlo bien: en este momento vuestra amada arde en el infierno. No se le administro sacramento alguno y yace en tierra no consagrada. Vuestro hijo, la criatura que anidaba en sus entranas, estara en el limbo. Vos podeis acabar con los sufrimientos de ambos. Si os haceis cargo de esta mision tened la certeza de que se haran publicos los nombres de los sicarios que arrojaron a vuestra amada de la torre, se exhumara el cadaver, se le administraran los ultimos sacramentos, se restituira su buen nombre y el de su familia y se la enterrara en sagrado. Ella y el nino iran al cielo. Tenedlo en cuenta.

El anfitrion quedo un rato en silencio, pensando. Era obvio que le torturaba la idea de que su amada estuviera en aquel mismo momento ardiendo en el infierno.

Entonces Rodrigo Arriaga se levanto, abrio la puerta y ordeno a su ama que preparara algo de cena. Despues

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