marca «Shower Power». Aquello se acercaba mas a lo que esperaba encontrar, y sintio cierto alivio. Lo que mas la alegro fue el monton de revistas al lado del inodoro: nada mas tipico de las personas que viven solas. La curiosidad la empujo a comprobar que tipo de revistas leia Harald, y echo un vistazo a las del monton. Era un muestrario de lo mas variado: unas cuantas revistas de coches, una de historia, dos ejemplares del Der Spiegel, una revista de tatuajes que ?ora abandono rapidamente, asi como un ejemplar de Bunte. ?ora lo miro extranada. Bunte era una tipica revista femenina, que hablaba de gente famosa, del mismo tipo que la inglesa Hello y la espanola Hola. Nunca se le habria pasado por la cabeza que Harald leyese ese tipo de cosas. Un famoso actor y su ultima mujer le enviaban una sonrisa desde la revista, proclamando a los cuatro vientos lo felices que les hacia su proxima paternidad. La espera de un nino por una pareja de actores tenia para ?ora tanto interes como un articulo sobre el cultivo del pepino, de modo que volvio a dejar la revista en su sitio.

– Lo sabia -dijo ?ora, segura de su triunfo, cuando volvio.

– Yo tambien lo sabia -respondio Matthew-. Pero no sabia que usted no lo supiera.

?ora iba a contestarle algo cuando sono su movil. Lo saco del bolsillo.

– Mama -dijo la vocecita de su hija Soley-. ?Cuando vienes?

?ora miro el reloj. Era mas tarde de lo que habia imaginado.

– Ya muy pronto, corazon. ?Pasa algo?

Silencio, y despues:

– No, no. Pero me aburro, Gylfi no quiere hablar conmigo. No hace mas que saltar en su cama y no quiere dejarme entrar.

?ora no conseguia hacerse una idea demasiado clara de la situacion, pero resultaba evidente que Gylfi no era tan buen canguro como deberia.

– Escucha, corazon -dijo suavemente por el telefono-. Ire a casa enseguida. Dile a tu hermano que deje de hacer el tonto y que te haga caso.

Se despidieron y ?ora volvio a dejar el telefono en su bolso. Alli se topo con la nota con las preguntas que queria hacerle a Matthew sobre los informes de la carpeta. La saco y la abrio.

– Queria preguntarle algunas cosas mas o menos relacionadas con los documentos que habia en la carpeta.

– ?Mas o menos? -dijo el, molesto-. Espero que sea mas que menos… aunque sea poco. Sueltelas.

?ora miro con cierto recelo la lista. Demonios, ?tantas eran las cosas de las que no se habia enterado? Intento aparentar frialdad.

– Se trata de las cuestiones mas importantes, los detalles eran demasiados para anotarlos todos. -Le sonrio y continuo-. Por ejemplo, el ejercito. ?Por que se han incluido en la carpeta esos documentos? ?Y estaba Harald realmente demasiado enfermo para terminar el servicio militar?

– El servicio militar, ya. Lo inclui simplemente para que pudiera hacerse la mejor idea posible de la vida de Harald. Quiza carezca de toda relevancia, pero nunca se sabe donde se pueden juntar los hilos.

– ?Cree que el crimen pueda tener alguna relacion con el ejercito? -pregunto llena de dudas.

– No, en absoluto, eso sin duda -respondio Matthew. Se encogio de hombros-. Claro que en lo referente a Harald nunca se puede decir nada definitivo.

– Pero ?por que entro en el ejercito? -pregunto ?ora-. A juzgar por lo que se cuenta de el, mas bien parece que estaria en contra de todo lo que tuviera que ver con el ejercito, en vez de aceptar hacer la mili.

– Tiene toda la razon. Le llamaron a filas y en circunstancias normales habria decidido, sin duda, prestar el servicio social sustitutorio. ?Sabe que se puede optar por eso? -Ella asintio-. Pero no lo hizo. Su hermana Amelia habia muerto muy poco tiempo antes y a el le afecto mucho. No pretendo insinuar que tomara esa decision en una crisis psicologica. Era a comienzos de 1999 y en noviembre o diciembre de ese ano se habia decidido enviar tropas a Kosovo. Harald fue con una sonrisa en los labios. No conozco los detalles de su permanencia en el ejercito, pero se que se consideraba un soldado ejemplar, recio y duro consigo mismo. Por eso vio el cielo abierto con la oportunidad de ir a Kosovo con el ejercito.

– ?Y? -pregunto ?ora.

Matthew esbozo una sonrisa.

– Es una historia bastante jodida… digamos. Sobre todo si se piensa que esa expedicion a Kosovo fue la primera que realizaba el ejercito aleman desde la Segunda Guerra Mundial. Hasta entonces, los militares alemanes solamente habian salido de Alemania para servir en misiones de paz. Por eso era de la maxima importancia que nuestros soldados fueran un ejemplo para los demas.

– Y Harald no lo era, ?no? -pregunto ?ora.

– Si que lo era, si. Quiza lo unico que pueda decirse es que tuvo muy mala suerte. Cuando llevaba alli unos tres meses, su unidad capturo a un serbio sospechoso de poseer informacion sobre un atentado con explosivos que habia costado la vida a tres militares ale-manes y que habia dejado invalidos a otros mas. El serbio estuvo arrestado en el sotano de la casa donde estaba acuartelado el ejercito. Harald era uno de los encargados de vigilar al detenido. El estala solo de guardia la segunda o tercera noche de interrogatorios al detenido… que no habia dicho una sola palabra. Indico a su oficial que sabia alguna que otra cosilla sobre interrogatorios, y consiguio permiso para intentar sacarle algo a aquel hombre durante la noche. -Matthew miro a ?ora-. El hombre que le habia autorizado a hacer el intento no tenia ni idea, naturalmente, de que Harald era un experto en historia de la tortura. Seguramente penso que se limitaria a asomar por alli de vez en cuando para hacerle al detenido unas cuantas preguntas inocentes.

?ora abrio mucho los ojos.

– ?Torturo a aquel hombre?

– Dejemoslo en que el serbio habria estado encantado de caer en manos de los que hicieron la piramide de Abu Ghraib. No voy a hablarle del escandalo que se formo, pero el resultado fue como una escena de la ceremonia inaugural de los Juegos Olimpicos, en comparacion con lo que aquel desdichado tuvo que padecer esa noche. En el cambio de guardia, a la manana siguiente, Harald habia conseguido sacarle a aquel hombre todo lo que sabia… e incluso mas. Pero en lugar de la condecoracion de la que, segun estaba convencido, se habia hecho acreedor, Harald fue expulsado del ejercito al momento… en cuanto sus superiores vieron en el suelo del calabozo aquel despojo banado en su propia sangre. Naturalmente se silencio el asunto, no era una noticia recomendable. En todos los documentos oficiales se indico que Harald habia causado baja en el ejercito por motivos de salud.

– Y entonces, ?como lo sabe usted? -pregunto ?ora, contenta de poder preguntar por algo relativamente normal.

– Conozco a los hombres -respondio Matthew con gesto de broma-. Asi que tuve una charla con Harald en cuanto volvio de Kosovo. Era un hombre distinto, eso se lo puedo asegurar. Si fue por la experiencia en el ejercito o por el sabor a sangre que tenia en la boca, eso no lo se. Se volvio todavia mucho mas extrano que antes.

– ?En que sentido? -pregunto llena de curiosidad.

– Simplemente, mas extrano -respondio Matthew-. De aspecto y de conducta. Cierto que despues de aquello entro enseguida en la universidad: huyo de casa para que no se le pudiese ver con la misma frecuencia que antes. Por las pocas ocasiones en que nos encontramos, quedaba perfectamente claro que habia entrado en una espiral… descendente. Seguramente no mejoro nada la situacion el que su abuelo muriese poco despues, pues habian estado muy unidos.

?ora no sabia que decir. Harald Guntlieb no era una persona normal, desde luego. Miro el papel y penso en preguntar por lo de la victima del sexo con asfixia de la que se hablaba en el recorte de prensa. Pero estaba ya mas que harta de todo aquello. Miro el movil y vio que ya era bastante tarde.

– Matthew, tengo que irme a casa. Mi lista no se ha acabado, pero de momento tengo suficiente para ir digiriendolo.

Ordenaron por encima lo que habian desordenado en el estudio. Tuvieron especial cuidado en no alterar los montones de papeles que habian estado examinando. La idea de volver a pasar por todo aquello resultaba insoportable.

Cuando ?ora estaba colocando el ultimo monton de papeles en un lado, con mucho cuidado, se dio la vuelta hacia Matthew y pregunto:

– ?Harald no habia hecho testamento? Porque sus propiedades eran mas que numerosas.

Вы читаете El Ultimo Ritual
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату