tiempo para recuperarse antes de verse obligado a hablar con aquella tipa que recordaba vagamente pero que no podia identificar de ninguna manera. ?A que se dedicaba y cuantos anos tenia? Le importaba una mierda ser incapaz de recordar su nombre. Cuando se esta ligando, los nombres no suelen mencionarse. Lo sabia por su larga experiencia en situaciones parecidas. Pero tenia que prepararse para las memeces que le iba a decir, seguro, y tambien para ver como librarse de ella sin herirla ni ofenderla. Como era domingo, no servia fingir que se iba a trabajar y otras excusas por el estilo. Adolf se pregunto que hora seria ya. ?Se despertaria pronto la chica? Intento ver el despertador que habia en la mesilla de noche detras de la muchacha, pero para ello tenia que levantar la cabeza. Asi que lo hizo con el mayor cuidado, a fin de que el colchon no hiciera ruido. No eran mas que las diez y media. Respiro mas aliviado. No recordaba exactamente cuando habian vuelto a casa, y mucho menos cuando se habian dormido. El olor del dormitorio demostraba que no llevaban demasiado tiempo alli metidos. Recordo vagamente que bebio el ultimo trago a muy altas horas de la noche.
?Por que demonios no habia seguido el consejo de su abogada? ?Tan tremendamente dificil era mantenerse alejado de las chicas durante unos cuantos meses? Pasarian enseguida, y en realidad no lo echaria mucho en falta. Lo curioso era que habia empezado a aburrirse de lo facil que le resultaba ligar. Solo tenia que salir de marcha, colocarse en la barra de un bar y simular que estaba enfrascado en tristes pensamientos. Y entonces se le acercaba alguna chica un poquitin bebida y se ponia a parlotear sobre cualquier gilipollez. De ahi que ya ni siquiera resultara emocionante, aunque, a decir verdad, nunca lo habia sido. No tan emocionante como pescar con cucharilla en el estanque de una piscifactoria. El psicologo que le habian forzado a visitar dijo que el era uno de esos que resultaban imprescindibles a cierto tipo de mujeres, lo que conllevaba una responsabilidad considerable que se le hacia dificilmente soportable. Justo el, vaya. ?Por que tenia que cargar con ninguna responsabilidad? Que cargaran ellas. No era culpa suya si estaba constantemente emitiendo un mensaje primitivo que atraia locamente al otro sexo.
Fuera como fuere, lo que estaba claro era que lo peor que podia pasarle era que una serie de tias se pusieran a contar cotilleos sobre el o, incluso, a colgarlos en sus
– Buenos dias -dijo ella con una voz un poquito ronca.
– Buenos dias -repitio el como un loro-. ?Que tal? -pregunto luego, haciendo lo posible para que la voz no dejara traslucir demasiado que le importaba un bledo.
– Ya me encuentro mejor -respondio la muchacha con ingenuidad-. ?Tienes una coca? -le envio un gesto que sin duda debia de ser sugerente, pero que no desperto en el otro sentimiento que el malhumor. Quiza le habria podido parecer atractiva si hubiera sido mas guapa, pero la pintura corrida y el sueno pegado al rostro no hacian mucho en su favor. A lo mejor hasta era bonita en circunstancias normales, al menos eso esperaba, por el bien de la chica.
– Probablemente -dijo sentandose en la cama.
Movio las piernas hacia el borde de la cama, pero tuvo que esperar un momento antes de levantarse, mientras se le pasaba el mareo. Tenia que dejar de beber. Por lo menos, de beber tanto. Se levanto y volvio a tener que esperar un momento mas antes de dirigirse con paso inseguro hacia la cocina. Noto que la chica estaba mirando atentamente su cuerpo desnudo, y eso le excito pese al malestar que sentia. Al atravesar la sala miro alrededor en busca de cigarrillos y vio una cajetilla medio arrugada sobre la mesa del sofa, al lado de un cenicero rebosante. Mientras sacaba del paquete un cigarrillo doblado, grabo en su memoria que tenia que comprar un cenicero mas grande. El encendedor estaba sobre la mesa, en medio de una mancha reseca de vino. Tras muchos intentos consiguio finalmente sacar llama y encendio el pitillo. Chupo con fuerza y dejo que el humo escapara por las comisuras de la boca sin soplar. Ya solo faltaba una coca, y entonces todo empezaria a ir algo mejor y el mundo volveria a ser como debia. Entro en la cocina con el cigarrillo encendido en la boca y abrio de golpe la puerta del refrigerador. Una coca era de esas cosas que siempre convenia tener, de modo que pudo elegir entre botellas de distintos tamanos. Desenrosco el tapon de una botella de dos litros y bebio a morro un frio trago que aplaco el malestar del estomago.
Cuando volvio a cerrase la puerta del refrigerador, le salto a los ojos una nota que habia pegado hacia mucho y que habia olvidado tirar cuando yo no servia para nada. «Alda: 18.00». Adolf rompio la nota, hizo una bola y la arrojo al cubo de basura, que estaba abierto. El papel golpeo en el borde y cayo rodando al suelo. Se detuvo a sus pies y se quedo alli un momento dando vueltas. Adolf miro la nota antes de dar una patada a la arrugada bolita, que recorrio el suelo de la cocina hasta un rincon. Era mejor olvidar todo lo relativo a esa mujer, y cuanto antes mejor. Ya habia hecho lo que tenia que hacer para que le dejara en paz.
Adolf dejo el trozo de papel y se concentro en lo que tenia en mente. No conseguia recordar, de ninguna forma, si habian hecho algo para evitar un embarazo, y a juzgar por la niebla que ocultaba la noche, lo dudaba. Asi que tendria que utilizar sus propios medios. Ya era suficiente con un bichejo ilegitimo y con tener que pagarle los alimentos. Los malditos intereses por retraso eran una barbaridad. Alargo el brazo para sacar un vaso del armario de la cocina. Nada de vasos del mismo tipo, cada uno era de su padre y de su madre. Adolf revolvio el armario hasta encontrar lo que buscaba: un vaso de grueso cristal azul oscuro apenas transparente. Luego abrio un cajon y cogio un sobrecito. De el extrajo seis pastillitas blancas que deshizo con una cuchara en un platillo desportillado. Cuatro serian suficientes, seguro, pero penso que era mas prudente meter mas. Asi habia mas seguridad, porque habia que tomar una segunda dosis a las veinticuatro horas, aunque Adolf no estuviera alli para asegurarse de que la chica se las tomaba. No tenia intencion de volver a verla. Disolvio el polvo en la Coca-Cola y luego miro el vaso, satisfecho con el resultado. No habia mas que una motita encima. Adolf saco la manchita blanca con el dedo indice y se lo chupo. Dificilmente le haria dano a el. Adolf cogio el sobre para guardarlo. Jugueteo con el antes de meterlo en el fondo del cajon, lamentando que no quedaran mas que dos pastillas. Tendria que conseguir mas, lo antes posible.
Adolf enrosco la tapa de la botella de Coca-Cola y se la puso bajo el brazo. Antes de volver al dormitorio levanto el vaso y lo inclino, como si estuviera brindando con un amigo invisible. Por el camino penso en cual seria la mejor forma de quitarse de encima a aquella chica sin mas historias. Las pastillas del vaso impedirian el embarazo, pero con eso solo habria conseguido una victoria parcial. Tambien tendria que hacer algo para impedir que se empenara en tener mas sexo. No tenia mucho tiempo para pensar, de modo que decidio utilizar un viejo sistema que ya habia empleado con exito. Recordo haber dicho que estaba recuperandose de la ruptura de una relacion y que no podria empezar otra de momento. Acabaria preguntandole si podia llamarla cuando hubiera conseguido ser dueno de si mismo, porque con ella habia sentido algo muy especial. Ella se lo tragaria…, eso las hacia considerarse especiales a todas. Si ella supiera lo tremendamente vulgar que era… Por la tarde, Adolf ni siquiera seria capaz de recordar el color del pelo de la chica. Apago el cigarrillo en el cenicero repleto, y dos colillas mas cayeron sobre la mesa. Maldita sea. A lo mejor conseguia engatusarla para que le ayudara a ordenar, o algo mejor aun: conseguir que se pusiera a hacerlo ella misma sin tener que decirle nada.
– La coca -dijo moviendo el vaso de un lado a otro. Estaba en el umbral de la puerta, apoyado sobre el quicio-. ?Puedo ofrecerte un trago?
La chica le miro y saco la lengua reseca.
– Oh, si, gracias -le sonrio y se sento. Al hacerlo, el edredon le dejo los pechos al descubierto, pero no hizo nada para intentar ocultarlos. Adolf sonrio. Tampoco es que hubiera ningun motivo para esconder un pecho tan bonito. Se sento en el borde de la cama delante de ella y le dio el vaso. Ella lo agarro como si le fuera la vida en ello, y Adolf observo su pecho, que subia y bajaba. Aparto el vaso de la boca y respiro hondo-. Ay, tengo una resaca horrible -le paso el vaso, casi vacio-. ?Quieres?
El cogio el vaso, pero no bebio. En vez de eso, lo puso en la mesilla de noche junto a la botella de Coca-Cola y se acerco a la chica. Ahora seria divertido comprobar como era en la cama…, no recordaba demasiado de la noche pasada. Despues podria soltarle su bonita historia de lo fragil que estaba psiquicamente en esos momentos.
