Parpadeo, miro a su alrededor y comprendio que se habia quedado dormida.
Percibio el aroma a madera acuchillada y vio un techo recien pintado sobre su cabeza; entonces recordo que se encontraba en una cama pequena, en ludden. Justo despues, la asalto el desagradable recuerdo del agua chorreando: como se escurria de la ropa del cuerpo en la playa.
Se habia dormido en el cuarto de la nina.
Tilda se sacudio el sueno, miro el reloj y vio que eran las once y diez. Habia dormido mas de dos horas, y habia tenido extranos suenos sobre su padre. El habia estado con ella en aquella habitacion.
Capto algo y levanto la cabeza.
La casa ya no estaba en silencio. Oyo debiles sonidos que subian y bajaban, como la voz de una o varias personas. Un sonido de voces que susurraban.
Parecian murmullos amortiguados. Un grupo de personas que hablaban en voz baja e impetuosa en algun lugar del exterior.
Tilda se levanto en silencio de la cama, con la sensacion de estar escuchando a escondidas.
Contuvo la respiracion para oir mejor y dio un par de cautelosos pasos hacia la puerta. Salio de la habitacion y aguzo el oido de nuevo.
Quiza solo fuera el sonido del viento.
Se encamino de nuevo al porche, y, justo cuando empezaba a distinguir las voces con claridad a traves del cristal de las ventanas, enmudecieron de golpe.
Fuera, todo permanecia en silencio y estaba en penumbra.
Al segundo siguiente, una potente luz barrio las habitaciones de la casa: los faros de un coche.
Oyo acercarse el debil sonido de un motor y comprendio que Joakim Westin habia regresado a ludden.
Tilda lanzo una ultima mirada al patio para cerciorarse de que todo estaba en orden. Penso en las voces que habia oido y tuvo la vaga sensacion de haber hecho algo prohibido, a pesar de que le habia parecido obvio esperar al hombre dentro de la casa caldeada. Se puso los zapatos y salio a la oscuridad.
En ese momento, aparecio un coche con un remolque y se detuvo en el jardin.
El conductor apago el motor y se apeo. Joakim Westin. De unos treinta y cinco anos, alto y delgado, con vaqueros y anorak. Tilda apenas podia distinguir su rostro en la oscuridad, pero le parecio que el la miraba severamente. Abandono el coche con rapidos movimientos cargados de tension.
Cerro la puerta del coche y se le acerco.
– Hola -la saludo. Hizo un gesto con la cabeza sin tenderle la mano.
– Hola. -Ella repitio el gesto-. Tilda Davidsson, de la policia de proximidad… Hemos hablado por telefono.
Le habria gustado llevar el uniforme en lugar de ir vestida de civil. Habria resultado mas apropiado en esa noche oscura.
– ?Estas sola? -pregunto Westin.
– Si, mis colegas ya se han marchado -respondio ella-. La ambulancia tambien.
Se hizo el silencio. Westin permanecio quieto, como si se sintiera inseguro, y a Tilda no se le ocurrio nada que decir.
– Livia, ?no esta…, aqui? -inquirio Westin al fin, con la mirada dirigida a la ventana con luz de la casa.
– Se la han llevado a Kalmar -contesto ella.
– ?Donde fue? -pregunto el, y la miro-. ?Donde ocurrio?
– En la playa…, junto a los faros.
– ?Ocurrio en los faros?
– Bueno…, aun no estamos seguros.
Westin dejo vagar la mirada entre Tilda y la casa.
– ?Y Katrine y Gabriel? ?Siguen con los vecinos?
Ella asintio.
– Estan durmiendo. He llamado hace un rato para ver como estaban.
– ?Se trata de aquella casa de alli? -pregunto Westin, y miro hacia una luz al sudoeste-. ?La granja?
– Si.
– Voy para alla.
– Te puedo llevar -dijo Tilda-. Podemos…
– No, gracias. Necesito caminar.
Paso a su lado, salto el muro de piedra y se metio de lleno en la oscuridad a largas zancadas.
Una de las lecciones que habia aprendido en la Escuela de Policia era: «Nunca hay que dejar solas a las personas en duelo», asi que lo siguio a toda prisa. No era momento de intentar relajar el ambiente con preguntas sobre el viaje a Estocolmo u otra charla informal, asi que camino en silencio por los campos hacia la granja.
Deberian haber cogido una linterna, pues la oscuridad alli fuera era total. No obstante, Westin parecia no tener problemas para encontrar el camino.
Tilda creyo que el hombre se habia olvidado de que ella lo seguia, pero de pronto volvio la cabeza y dijo en voz baja:
– Cuidado… aqui hay alambre de espino.
Joakim le indico un camino junto a la valla y se acercaron a la carretera general. Tilda pudo oir el debil rumor del negro mar al este. Parecia casi un susurro y le recordo el sonido de la casa. Las voces que susurraban a traves de las paredes.
– ?Vive alguien mas en la casa? -pregunto.
– No -contesto Westin, laconico.
El no pregunto a que se referia, y ella no anadio nada mas.
Tras un centenar de metros, llegaron a un camino de grava que conducia directamente a la granja. Pasaron una especie de silo y una hilera de tractores aparcados. Tilda noto el olor a estiercol y oyo debiles mugidos procedentes de un oscuro establo, al otro lado de la explanada.
Habian llegado a la casa de ladrillo de la familia Carlsson. Un gato negro abandono la escalera, doblo una esquina y desaparecio; Westin pregunto en voz baja:
– ?Quien la encontro… fue Katrine?
– No -dijo Tilda-. Creo que fue una de las maestras de la guarderia.
Joakim Westin volvio la cabeza y le lanzo una larga mirada, como si no entendiera lo que le decia.
Mas tarde, comprendio que deberia haberse quedado mas tiempo al pie de la escalera para hablar con el. En cambio, subio dos escalones hacia la puerta y, con cuidado, golpeo con los nudillos uno de los cristales.
Al poco, aparecio una mujer rubia, vestida con rebeca y falda, que les abrio la puerta. Se trataba de Maria Carlsson.
– Hola, pasad -saludo en voz baja-, ire a despertarlos.
– Deja que Gabriel siga durmiendo -dijo Joakim.
Maria Carlsson asintio y dio media vuelta; los dos visitantes la siguieron despacio. Se detuvieron ante la puerta del salon, una combinacion de cuarto de estar y comedor. Habia velas encendidas en las ventanas y un aparato de musica emitia una suave melodia de flauta.
Reinaba un ambiente de solemne entierro, penso Tilda, como si fuera alli donde habia muerto alguien y no en los faros de ludden.
Maria Carlsson desaparecio en una habitacion sin luz. Se demoro un par de minutos, despues, aparecio una nina.
Llevaba puestos unos pantalones y un jersey, y sujetaba con fuerza un muneco bajo el brazo. Los observo con una indiferente mirada somnolienta. Pero al descubrir quien se encontraba en la habitacion, se espabilo enseguida y comenzo a sonreir.
– ?Hola, papa! -exclamo, y correteo hacia el.
La nina no sabia nada, comprendio Tilda. Aun nadie le habia contado que su madre se habia ahogado.
Lo mas extrano fue que el padre, Joakim Westin, permanecio inmovil en la puerta, sin ir al encuentro de su hija.
Tilda lo miro y vio que ya no parecia decidido, sino asustado y desconcertado, casi aterrorizado.
La voz de Joakim Westin estaba cargada de panico cuando dijo:
– Esta es Livia. -Y, mirando a Tilda, anadio-: ?Y Katrine? ?Mi mujer! ?Donde esta Katrine?
