muerte de Katrine.

– No lo se con seguridad -respondio despacio-. No se cuando volvera.

– Pero ?cuando? -insistio la nina alzando la voz. Y espero su respuesta.

Joakim permanecio en silencio, pero al fin se dio la vuelta. El momento ideal para contarlo no llegaria nunca. Miro a su hija.

– En realidad…, no creo que mama vuelva -dijo-. Se ha ido, Livia.

Ella clavo la vista en el.

– No -replico decidida-. No, no se ha ido.

– Livia, mama no va a volver…

– ?Si que lo hara! -grito Livia sobre la mesa-. Vendra, ?y punto!

Despues siguio comiendose el sandwich. El bajo la vista y se bebio el cafe; se sentia derrotado.

Por la manana, a las ocho, llevo a los ninos a Marnas, lejos del silencio de ludden.

Al entrar en la guarderia de Gabriel, los recibio el sonido de risas claras y gritos. Joakim estaba agotado. Apenas logro despedirse de su hijo con un cansado abrazo. El nino le dio la espalda enseguida y corrio hacia las alegres voces de sus companeros de clase.

Pero la energia de los ninos desapareceria con el tiempo, penso Joakim, se harian mayores y sus rostros envejecerian y su piel colgaria. Detras de los alegres rostros habia ya brillantes calaveras con las cuencas vacias.

Aparto esos pensamientos de su mente.

– Adios, papa -dijo Livia cuando el la acompano hasta el recibidor de su clase-. ?Volvera mama esta tarde a casa?

Se comportaba como si no lo hubiera oido durante el desayuno.

– No, esta tarde no -contesto el en voz baja-. Pero yo vendre a buscarte.

– ?Temprano?

Livia siempre queria que la fueran a buscar pronto, pero cuando Joakim llegaba temprano, ella no queria dejar a sus amigos y regresar a casa.

– Si, claro -dijo-. Vendre bastante temprano.

Asintio en silencio, y su hija desaparecio en la clase con los otros ninos. Al mismo tiempo, una mujer de pelo cano asomo la cabeza por la puerta.

– Hola, Joakim -saludo, y lo miro con la tristeza reflejada en el rostro.

– Hola.

La reconocio: era Marianne, la directora.

– ?Que tal?

– No muy bien -respondio Joakim.

En veinte minutos tenia que estar en la funeraria de Borgholm; y se dirigio a la puerta. Pero Marianne se acerco a el.

– Lo entiendo -le dijo-. Todos nos sentimos igual.

– ?Dice algo? -pregunto Joakim, y con la cabeza senalo hacia la clase.

– ?Livia? Si, ella…

– Me refiero a si habla de su madre.

– No mucho. Y nosotros tampoco hablamos demasiado. Quiero decir… -Marianne guardo silencio durante unos segundos y luego prosiguio-: Si te parece bien, el personal seguira tratando a Livia igual que antes. Es una mas de la clase.

Joakim se limito a asentir.

– Por si no lo sabias…, fui yo quien la encontro en el agua -continuo Marianne.

– ?Ah, si?

Joakim no formulo ninguna pregunta; sin embargo, ella siguio hablando como si necesitara contarselo.

– Ese dia, solo quedaban aqui Livia y Gabriel despues de que dieran las cinco; nadie habia venido a buscarlos. Y nadie respondio al telefono cuando llame. Asi que cogi el coche y fui a ludden. Los ninos corrieron dentro de la casa, que estaba abierta…, pero vacia y en silencio. Sali y eche un vistazo, y entonces vi una mancha roja en el agua, junto a los faros. Un anorak rojo.

Joakim escuchaba y al mismo tiempo pensaba como seria el craneo de Marianne bajo su fina piel. Un craneo bastante pequeno, con elevados pomulos blancos, penso.

– Vi el anorak -prosiguio Marianne-, y luego unos pantalones… y entonces comprendi que alguien flotaba en el agua. Llame a urgencias y luego corri hasta la playa. Era extrano…, habia hablado con ella el dia antes.

Marianne bajo la vista y guardo silencio.

– Y ?no habia nadie mas? -pregunto Joakim.

– ?A que te refieres?

– ?Los ninos no estaban alli? ?Nunca vieron a Katrine?

– No, estaban dentro de la casa. Luego me los lleve a la granja de los vecinos. No vieron nada.

– Bien.

– Los ninos viven en el presente, se adaptaran -anadio Marianne-. Ellos… olvidaran.

Cuando Joakim regreso al coche, una cosa tenia clara: no queria que Livia olvidara a Katrine.

El tampoco podia hacerlo. Olvidar a Katrine seria imperdonable.

Invierno de 1884

La llama del faro norte de ludden se apago aquel ano. Por lo que se, nunca volvio a encenderse.

Pero Ragnar Davidsson me conto que, a veces, el faro aun alumbra: la noche que precede a la muerte de alguien.

Quiza sea un viejo fuego que a veces llamea en la torre, en recuerdo de un tragico accidente.

MIRJA RAMBE

El faro norte de ludden se apaga dos horas despues de la puesta de sol.

Estamos a 16 de diciembre de 1884. El temporal que ha alcanzado la isla durante la tarde ha llegado a su punto culminante, y el estruendo del viento y el romper de las olas prevalecen sobre cualquier sonido procedente de la zona de los faros.

El farero Mats Bengtsson esta a punto de adentrarse en la tormenta para ir al faro sur. Al salir de la casa, mira la playa y a traves de la espesa nieve se da cuenta de que ha ocurrido algo. El faro sur parpadea como de costumbre, pero el norte ha dejado de brillar. Se ha apagado, como cuando alguien sopla una vela.

Bengtsson se lo queda mirando. Luego se da la vuelta en el patio y corre escaleras arriba. Abre de golpe la puerta de la casa.

– ?La luz del faro se ha apagado! -grita hacia el interior-. ?El del norte esta apagado!

Alguien le responde desde la cocina, quiza Lisa, su mujer, pero el no se demora en el caldeado interior. Regresa a la tormenta de nieve.

Abajo, en la playa azotada por el viento y la nieve, debe inclinarse como un lisiado para avanzar; es como si el viento artico le atravesara el cuerpo.

Jan Klackman, ayudante del farero, esta solo de guardia en la torre; lleva trabajando desde las cuatro. Klackman y Bengtsson son buenos amigos. Bengtsson sabe que, sea lo que sea lo que haya ocurrido, Jan seguramente necesitara ayuda para volver a encender el faro.

A comienzos del invierno, ataron una cuerda a unos cuantos postes de hierro para marcar el camino desde la casa hasta los faros. Bengtsson se agarra a ella con ambas manos, como si fuera un cabo de salvamento. Lucha por bajar hasta la playa con el viento de frente, y llega al rompeolas que conduce a los faros. Alli hay una gruesa cadena a la que asirse, pero los bloques de piedra estan resbaladizos y cubiertos de hielo.

Cuando finalmente alcanza el faro norte, alza la vista hacia la oscura torre. A pesar de que las luces se han

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