– Ese dia habia recogido las nasas -explico el anciano-, y al arreciar el viento atraco en ludden. Era guarda de los faros y la gente solia verlo por alli. La barca debio de ser arrastrada por las olas, pues el volvia a casa a pie por la playa… y entonces llego la tormenta. Ragnar murio en la nieve.
– Nadie se considera realmente fallecido hasta que se lo declara muerto en un sitio calido -apunto Tilda-. A veces, se ha encontrado a personas congeladas y sin pulso en la nieve, que han revivido al llevarlas a un lugar caldeado.
– ?Quien te ha contado eso?
– Me lo dijo Martin.
– ?Martin? ?Quien es ese?
– Mi… novio -respondio ella.
Enseguida se arrepintio de la palabra elegida. A Martin no le habria gustado que lo presentara de ese modo.
– ?Asi que tienes novio?
– Si…, o como se llame.
– Novio esta bien. ?Martin que mas?
– Se llama Martin Ahlquist.
– Estupendo -respondio Gerlof-. ?Vive tu Martin aqui, en la isla?
«Mi Martin», penso Tilda.
– Vive en Vaxjo. Es profesor.
– Pero quiza venga a visitarte de vez en cuando.
– Eso espero. Hemos hablado de ello.
– Me alegro. -Gerlof esbozo una sonrisa-. Pareces enamorada.
– ?Ah, si?
– Tu cara se ilumina cuando hablas de el, eso esta bien.
Sonrio animandola desde el otro lado de la mesa y Tilda le devolvio la sonrisa.
Todo parecia muy sencillo mientras estaba alli sentada, hablando de Martin con Gerlof, en absoluto complicado.
8
Livia dormia cada noche con el jersey rojo de lana de Katrine a su lado, y Joakim con el camison debajo de la almohada. Asi se sentian mejor.
La vida en ludden seguia a medio gas. Joakim se ocupaba cada dia de llevar a los ninos a Marnas y de recogerlos. Entre una hora y otra, pasaba siete horas solo en la casa, y sin embargo no conseguia estar en paz. Recibio varias llamadas de la funeraria para resolver algunas dudas sobre el entierro. Ademas, tuvo que ponerse en contacto con el banco y distintas empresas para que borraran a Katrine de sus archivos. Los amigos y familiares de la pareja le llamaron, amigos comunes de Estocolmo enviaron flores. Muchos de ellos deseaban acudir al entierro.
Joakim ansiaba desconectar el telefono y encerrarse en ludden. Aislarse.
Dentro de la casa quedaban muchas reformas pendientes, y en el jardin y en la fachada tambien; pero lo unico que el deseaba era tumbarse en la cama, aspirar el aroma de la ropa de Katrine y fijar la vista en el blanco techo.
Y luego estaba la policia. Si hubiera tenido fuerzas, habria hablado con ellos para que le dijeran quien era el responsable de asuntos internos, si es que tal persona existia; pero no tenia fuerzas.
La unica funcionaria que se habia puesto en contacto con el habia sido aquella joven policia local de Marnas. Tilda Davidsson.
– Lo siento -dijo la chica-. Lo siento muchisimo.
No le pregunto como se encontraba el, sino que volvio a pedirle perdon por el error cometido con los nombres. En la nota que le habian pasado aparecia el nombre equivocado, dijo; habia sido un malentendido.
?Un malentendido? Joakim habia regresado a casa para consolar a su mujer y se la habia encontrado muerta.
Escucho a Davidsson en silencio, respondio con monosilabos y no hizo ninguna pregunta. La conversacion fue breve.
Una vez finalizada, se sento ante el ordenador familiar y escribio una carta al
Durante muchas horas, crei que mi hija se habia ahogado y que mi mujer estaba viva, cuando en realidad era al contrario. ?Es demasiado pedir que la policia sepa distinguir entre los vivos y los muertos?
No lo creo; nos toca hacerlo a los familiares.
No habia contado con que ningun responsable policial se pusiera en contacto con el, y, efectivamente, no lo hicieron.
Dos dias despues, se encontro con ke Hogstrom, el pastor de Marnas que oficiaria la ceremonia del entierro de su mujer.
– ?Que tal duerme? -le pregunto el hombre mientras tomaban una taza de cafe, despues de repasar los detalles por ultima vez.
– Bien -respondio Joakim.
Intento recordar lo que habian decidido. Llamaron al cantor para elegir los salmos que se tocarian, de eso se acordaba, pero habia olvidado de cuales se trataba.
El pastor de la parroquia de Marnas frisaba los cincuenta, esbozaba una ligera sonrisa bajo una barba rala y vestia chaqueta negra y polo gris. Las paredes del despacho de la vicaria estaban cubiertas de estanterias repletas de toda clase de libros, y sobre la mesa habia una fotografia del hombre, que sonreia a la camara mientras mostraba un reluciente lucio.
– ?No les molesta la luz de faro? -pregunto.
– ?La luz? -repitio Joakim.
– El constante titilar del faro de ludden por las noches.
El nego con la cabeza.
– Me imagino que uno se acaba acostumbrando -apunto Hogstrom-. Debe de ser como cuando pasa mucho trafico bajo las ventanas. Ustedes vivian en el centro de Estocolmo, ?no es asi?
– A las afueras -respondio.
Se trataba de una charla informal, un intento de relajar el ambiente pero aun asi, a Joakim le costaba encontrar las palabras.
– Entonces, empezaremos con el salmo 289, el 256 tras las exequias y el 297 para finalizar -dijo Hogstrom-. Quedamos en eso, ?no es cierto?
– Si, muy bien.
La noche anterior al entierro llegaron una docena de invitados de Estocolmo: la madre de Joakim, un tio, dos primos y algunos amigos del matrimonio. Se movieron con discrecion por la casa y hablaron sobre todo entre ellos. Livia y Gabriel se excitaron con tanta visita, pero no preguntaron a que se debia su llegada.
Las exequias tuvieron lugar un jueves a las once, en la iglesia de Marnas. Los ninos no asistieron: Joakim los habia llevado como de costumbre a la guarderia a las ocho, sin decirles nada. Para ellos se trataba de un dia cualquiera, pero el regreso a casa, se puso el traje negro y se tumbo de nuevo en la cama de matrimonio.
En el pasillo, el reloj de pared marcaba los segundos y Joakim recordo que su mujer era quien le daba cuerda. Ahora que ella ya no estaba no deberia funcionar, pero lo hacia.
Clavo la vista en el techo y reflexiono sobre todas las cosas de Katrine que habia en la casa. En su mente
