podia oir como lo llamaba.
Una hora despues, Joakim, incomodo, estaba sentado en un banco de madera, con la vista fija en un gran mural. Mostraba a un hombre de su misma edad clavado en un instrumento de tortura romano. una cruz.
La iglesia de Marnas era un edificio alto y lleno de ecos. El sonido de llantos ahogados reverberaba en la boveda de piedra.
Joakim se encontraba en la primera fila de bancos, junto a su madre, que llevaba velo negro y lloraba con la cabeza inclinada, emitiendo quedos sollozos. El sabia que no lloraria, como tampoco habia derramado ni una sola lagrima en el entierro de Ethel, hacia un ano. Las lagrimas llegaban siempre mas tarde, despues, por la noche.
Eran las once menos dos minutos cuando la puerta de la iglesia se abrio y entro una mujer alta y de anchas espaldas dando largas zancadas. Vestia un abrigo negro, lo mismo que el velo que ocultaba sus ojos, pero llevaba los labios pintados de un rojo brillante. Sus tacones resonaron sobre el suelo de piedra y muchos de los presentes volvieron la cabeza. La mujer avanzo y se sento en el primer banco de la derecha, junto a las cuatro hermanastras de Katrine.
Se trataba de Mirja Rambe, la madre de las cinco. La suegra de Joakim, artista y cantante. No habia vuelto a verla desde despues de su boda con Katrine, hacia siete anos. A diferencia de aquel dia, ahora parecia sobria.
Justo cuando Mirja se sento, las campanas comenzaron a sonar en lo alto de la torre de la iglesia.
Todo habia terminado en menos de cuarenta y cinco minutos, y en realidad Joakim no recordaba nada de lo que el reverendo Hogstrom habia dicho ni que salmos se habian cantado. Su mente habia estado llena solo de imagenes y sonidos de agua corriendo y del romper de las olas.
Mas tarde, cuando tras cruzar el cementerio helado se reunieron en la vicaria, multitud de personas se acercaron para hablar con el.
– Lo siento muchisimo, Joakim -dijo un hombre barbudo, y le acaricio el hombro-. La apreciabamos mucho.
El lo miro y lo reconocio al instante: era su tio de Estocolmo.
– Gracias…, muchas gracias.
No habia mucho mas que decir.
Varios de los asistentes al entierro le pasaban la mano por la espalda o le daban un abrazo contenido. Los dejo hacer, se convirtio en el peluche de todos.
– Es terrible… hable con ella hace solo unos dias -le dijo a Joakim un chica llorosa de unos veinticinco anos.
La reconocio tras el panuelo con el que se secaba los ojos, era la hermana pequena de Katrine. Recordo que la llamaban Solros, «Girasol». Mirja les habia puesto extranos apodos a todas sus hijas; a Katrine la llamaba Manstrale, «Rayo de luna», un nombre que ella odiaba.
– Y ultimamente se la veia mucho mas alegre -continuo Solros.
– Lo se…, estaba contenta de que nos hubieramos mudado aqui.
– Si, y tambien de haber recibido noticias de su padre.
– ?Su padre? -replico-. Katrine nunca tuvo contacto con el.
– Lo se -dijo Solros-. Pero mama escribio un libro donde revelaba quien era.
Los ojos de la joven se llenaron de nuevo de lagrimas, lo abrazo y se dirigio hacia donde estaban sus hermanas.
Joakim se quedo donde estaba, y vio a Albin y Victoria Malm, amigos de Estocolmo, sentados a la mesa junto a la familia Hesslin, vecinos de Bromma.
Tambien vio a su madre, sentada sola a otra mesa, con una taza de cafe, pero no se acerco a ella.
Al darse la vuelta vio de pie, al otro extremo de la sala, al reverendo Hogstrom hablando con una mujer de baja estatura y pelo cano. Se encamino hacia ellos.
Hogstrom le dirigio una calida mirada.
– Joakim -dijo-, ?como se encuentra?
El asintio varias veces. Era una respuesta apropiada, podia significar cualquier cosa. La mujer esbozo una sonrisa tensa y tambien asintio, pero parecia no saber que anadir. Asi que retrocedio un par de pasos y se marcho.
«Es lo que ocurre con las personas que estan de duelo -penso Joakim-, huelen a muerto y es mejor evitarlos.»
– He estado pensando una cosa -le dijo con expresion seria a Hogstrom.
– ?Si?
– ?Que significa oir a alguien que pide ayuda en la isla, mientras uno se encuentra en el continente, a cientos de kilometros de distancia?
El pastor lo observo desconcertado.
– A cientos de kilometros de distancia… ?Como podria oirlo?
Joakim nego con la cabeza.
– No lo se. Pero fue lo que paso -dijo-. Oi a mi mujer… a Katrine cuando murio. Me encontraba en Estocolmo, pero la oi mientras se ahogaba. Me llamo.
El pastor poso la vista en la taza de cafe.
– ?Quiza oyo a otra persona?
Habia bajado la voz, como si hablaran de cosas prohibidas.
– No -replico Joakim-. Era la voz de Katrine.
– Entiendo.
–
– Quien sabe, quien sabe -contesto Hogstrom laconico, y le dio una palmada en el hombro-. Descanse, Joakim. Podemos hablar dentro de unos dias.
Luego se fue.
Joakim se quedo solo y clavo la vista en un anuncio colgado en la pared, sobre una campana parroquial a favor de los afectados de Chernobyl. Se cumplian diez anos de la catastrofe.
«El pan nuestro de cada dia para las victimas de la radiacion», rezaba el cartel.
«Nuestro Chernobyl de cada dia», penso Joakim.
Por fin llego la noche y se encontraba de vuelta en ludden. El largo dia tocaba a su fin.
En el interior de la casa, la abuela acostaba a Livia y a Gabriel. Lisa y Michael Hesslin estaban en el jardin, junto al coche. Era tarde y les esperaba un largo viaje hasta Estocolmo, pero aun asi lo habian acompanado hasta alli.
– Gracias por venir -les dijo.
– ?Faltaria mas! -contesto Michael, y coloco la funda de plastico con su traje negro en el asiento trasero del coche.
Se hizo el silencio, un silencio tenso.
– No tardes en pasar por Estocolmo -dijo Lisa-. O, si lo prefieres, podrias ir a vernos a Gotland, con los ninos.
– Ya veremos.
– Hasta luego, Joakim -se despidio Michael.
El asintio. Gotland sonaba mejor que Estocolmo. No queria volver nunca mas por alli.
Lisa y Michael entraron en el coche, y Joakim dio un paso atras sobre la gravilla y los vio partir.
Una vez que giraron por el camino y las luces traseras desaparecieron, se dio la vuelta y observo los faros.
A lo lejos, en su pequeno islote, la torre sur iluminaba el mar con una luz roja parpadeante. Pero el faro del norte, el de Katrine, apenas era una columna negra en la oscuridad. Solo lo habia visto alumbrar una vez.
Despues de algunos intentos, encontro el sendero que bajaba a la playa y tomo el mismo camino que habia recorrido varias veces con Katrine y los ninos durante el otono.
