persona: al menos, no una policia. El uniforme era demasiado grueso y entallado, la asfixiaba.
Y, por otra parte, no deseaba estar tan cerca de Hans Majner, su nuevo colega.
Joakim Westin, el padre de la familia de ludden, habia enviado una carta muy critica al
– … y, para finalizar, entregare un par de cosas a nuestros nuevos policias de proximidad, Hans Majner y Tilda Davidsson. Las llaves de la comisaria y esto… -Cogio un paquete marron alargado que estaba apoyado en una mesa. Lo abrio y saco un oleo con un barco de vela de tres mastiles en medio de una tormenta-. Es un regalo de la comisaria de Borgholm…, como simbolo de que todos navegamos en el mismo barco.
El comisario les entrego solemnemente el cuadro y las llaves a Majner y Tilda. El primero abrio la puerta de la comisaria e invito a los presentes a entrar con un movimiento del brazo.
Tilda se puso a un lado y dejo entrar a los hombres primero.
La comisaria estaba reluciente, el suelo brillaba recien fregado. Varios mapas de Oland y del Baltico colgaban de las paredes. Holmblad habia encargado cuatro pasteles de ensaladilla de gambas, que reposaban sobre una mesa entre los escritorios de trabajo de Majner y Tilda.
Sobre el de ella se amontonaban ya varias pilas de papeles. Cogio una de las carpetas de plastico y se dirigio hacia donde estaba su companero de comisaria.
Majner estaba comiendo un trozo de pastel, sentado a su mesa. Hablaba con dos colegas de Borgholm, y estos se reian de algo que acababa de decir.
– Hans, ?tienes un momento?
– Por supuesto, Tilda. -Sonrio a sus colegas y se dio la vuelta-. ?De que se trata?
– Me gustaria comentar tu mensaje.
– ?Cual de ellos?
– Sobre la muerte de ludden. -Tilda se aparto y Majner la siguio-. Reconoces esto, ?verdad?
Sostenia la nota que habia guardado en la carpeta el dia despues de que el se la diera. Era su prueba.
En ella figuraban tres nombres escritos con tinta. El primero era «LIVIA WESTIN». El segundo, «KATRINE WESTIN». El tercero, «GABRIEL WESTIN».
Junto al nombre de Livia habia una cruz: †
– Si -dijo Majner-. Son los nombres que me dieron en la central de emergencias.
– En efecto -respondio Tilda-. Y tu tenias que marcar el nombre de la persona ahogada. Eso fue lo que te pedi que hicieras.
Majner habia dejado de sonreir.
– ?Y?
– Que pusiste la cruz junto al nombre de Livia.
– ?Y?
– Pues que te equivocaste. La que se ahogo fue la madre, Katrine Westin.
El pincho unas gambas con el tenedor y se las llevo a la boca. No parecia interesarle la conversacion.
– Vale -dijo, y mastico las gambas-. Un error. Incluso la policia los comete a veces.
– Si, pero fue tu error -apunto ella-. No el mio.
Majner la miro.
– ?Asi que no confias en mi?
– Si, pero…
– Bien -dijo el-. Y piensa que…
– ?Empezando a conoceros? -los interrumpio una voz.
El comisario Holmblad se habia acercado a ellos. Tilda asintio.
– Lo intentamos -respondio.
– Bien. No te olvides de la visita que tenemos que hacer despues, Tilda.
El comisario asintio con la cabeza, sonrio y siguio su camino hacia donde lo esperaban el periodista y el fotografo del
Majner le dio a Tilda unas suaves palmadas en el hombro.
– Es muy importante que uno pueda confiar en sus colegas, Davidsson -dijo-. ?No te parece?
Ella asintio.
– Bien -prosiguio el-. Equivocado o no…, un policia tiene que saber que, en el caso de que ocurra algo, siempre sera respaldado.
A continuacion, dio media vuelta y regreso con sus colegas.
Tilda permanecio de pie. Su deseo de encontrarse en otro lugar persistia.
– Bien, Davidsson -dijo Gote Holmblad media hora mas tarde, despues de que dieran cuenta de tres pasteles de ensaladilla y hubieran guardado el cuarto en la nevera-. Es hora de que acudamos a nuestra pequena reunion. Podemos coger mi coche.
El jefe de policia y Tilda eran las unicas personas que quedaban en la recien inaugurada comisaria. Hans Majner habia sido uno de los primeros en irse.
A esas alturas, ella habia desistido de intentar siquiera que le cayera bien su companero.
Cogio la gorra, cerro la puerta y siguio a Holmblad hacia el coche.
– No tenemos ninguna obligacion de hacer una visita como esta -explico el comisario cuando estuvieron dentro del vehiculo-. Pero Westin ha llamado a Kalmar un par de veces pidiendo hablar conmigo o con cualquier responsable policial, y he pensado que estaria bien mantener una charla con el en persona. -Puso en marcha el coche, se alejo de la acera y prosiguio-: Lo mas importante es evitar denuncias e investigaciones. Estas visitas no son de caracter oficial, aunque suelen resolver la mayoria de los malentendidos.
– Yo me puse en contacto con Westin unos dias despues del accidente -apunto Tilda-, pero entonces no le apetecio hablar.
– Sere yo quien intente razonar con el esta vez -senalo Holmblad-. Quiza funcione mejor. No se trata de pedir disculpas, sino de…
– Yo no tengo por que pedir disculpas -lo interrumpio ella-. No fui yo quien entrego la nota equivocada.
– ?No fuiste tu?
– Un companero me entrego un papel con el nombre equivocado. Yo simplemente lo lei.
– Vaya. Pero, como sabes, no se puede dar esa informacion por telefono. Todos somos responsables de que esta vez no se siguiera el protocolo.
– Mi companero dijo lo mismo -senalo Tilda.
Abandonaron Marnas y continuaron por la carretera de la costa en direccion sur, hacia ludden. Esa tarde, la carretera estaba desierta.
– He estado pensando en comprar una casa aqui, en la isla -comento el comisario, y echo un vistazo a los prados que bordeaban la costa-. Aqui, en el este de la isla.
– ?Ah, si?
– Esta zona es increiblemente bonita.
– Si -contesto ella-. Mi familia es de por aqui, de los alrededores de Marnas. La familia de mi padre.
– Vaya. ?Y por eso has regresado?
– Es una de las razones -respondio Tilda-. Tambien me atraia el trabajo.
– El trabajo, si -dijo Holmblad-. Hoy comienza de verdad.
Unos minutos mas tarde, aparecio la senal amarilla a ludden y se desviaron por un camino de grava.
Se divisaban los faros y la casa roja. Esa vez, Tilda pudo apreciar la gran mansion de los faros a la luz del dia, aun cuando unas nubes grises tapaban el sol.
Holmblad entro en la explanada de grava y detuvo el coche frente a la casa.
– Recuerda -indico-, no es necesario que digas nada si no quieres.
Ella asintio. El rango mas bajo guarda silencio. Igual que cuando era pequena y comia junto a sus dos hermanos mayores.
A la luz del dia, ludden resultaba mas agradable, penso Tilda, pero la casa seguia siendo demasiado grande
