con focos.

Henrik advirtio que se trataba de una iglesia.

Era la blanca iglesia medieval de Marnas. Recordo vagamente que su abuelo se habia casado alli hacia muchisimos anos.

– ?Estara abierta? -dijo Tommy, y giro antes de llegar al muro del cementerio. Continuo una docena de metros por un pequeno camino de grava y aparco a resguardo de unos frondosos arboles-. Normalmente, se puede entrar sin mas.

– Por la noche no -indico Henrik.

– ?Y que? En ese caso forzaremos la puerta.

Henrik nego con la cabeza cuando Tommy aparco.

– Yo no voy -anuncio.

– ?Por que no?

– Entrad vosotros.

No quiso decir nada de la boda de sus abuelos en aquella iglesia. Se limito a clavar la vista en Tommy, y este asintio.

– De acuerdo, quedate vigilando, pues -dijo-, pero si encontramos algo ahi dentro, es nuestro. De mi hermano y mio.

Cogio la mochila con las herramientas, cerro la puerta de la furgoneta de un portazo y desaparecio en la oscuridad, con Freddy pisandole los talones.

Henrik se recosto a esperar. La oscuridad era total en la arboleda. Penso en su abuela, que se habia criado en la zona.

La puerta de la furgoneta se abrio de repente, sobresaltandolo.

Era Freddy. Sus ojos brillaban, como despues de una buena batida, y farfullo palabras entrecortadas.

– Mi hermano viene enseguida -dijo-. ?Mira! Habia un armario en la sacrins…, sacrast… ?Como cojones se dice?

– Sacristia -apunto Henrik.

– ?Que te parece, cuanto pueden valer?

Observo los viejos candelabros que Freddy le mostraba. Eran cuatro, y parecian de plata. ?Estarian encendidos durante la boda de sus abuelos? Cabia la posibilidad.

Tommy tambien habia regresado ya a la furgoneta; estaba sudoroso y excitado. Cuando tomo asiento en el lugar del copiloto, se oyo un alegre tintineo.

– Conduce tu -le dijo a Henrik-. Tengo que contar todo esto.

En la mano, llevaba una bolsa de plastico que vacio entre sus piernas. Cayeron monedas y billetes.

– Las huchas eran de madera -explico, y se rio-. Estaban justo a la entrada, solo he tenido que darles una patada.

– ?Billetes de cien! -exclamo Freddy, y se inclino hacia delante entre los asientos.

– Yo contare el dinero -dijo su hermano, y miro a Henrik-. Recuerda que esta pasta es nuestra.

– Puedes quedartela -replico en voz baja.

Ya no se sentia tan bien como antes. Eso de meterse en las iglesias y robar dinero destinado a los jubilados, o a los leprosos de Somalia o a quien fuera, era una mierda. Era una mierda. Pero ya estaba hecho.

– ?Que es eso? -pregunto Tommy volviendo la cabeza.

Habia descubierto la escopeta en el suelo.

– La he encontrado en la casa -dijo Henrik.

– ?Joder! -Tommy la cogio-. Es un viejo Mauser. A los coleccionistas les encantan estas cosas, pero la gente aun caza con ellas. Son de fiar.

Miro con curiosidad el canon y tiro de la bola del cerrojo.

– Ten cuidado -dijo Henrik.

– No hay peligro… Tiene puesto el seguro.

– Asi que eres un experto en armas.

– Claro -contesto el otro-. Soy un experimentado cazador de alces. Cuando mi viejo estaba sobrio, ibamos siempre al bosque.

– Entonces, lo mejor sera que tu te encargues de ella -respondio Henrik.

Arranco la furgoneta sin encender las luces. Dio la vuelta y salio del bosque sin prisa.

– Pronto habra que dejarlo -comento cuando se encontraban de nuevo en la carretera.

– ?Dejar que?

– Estos viajes. No aguanto mas.

– Todavia nos quedan algunos. Cuatro mas.

– Dos -dijo Henrik-. Hare dos viajes mas con vosotros.

– De acuerdo. ?Cuales?

El permanecio en silencio tras el volante.

– Conozco un par de sitios -contesto luego-. Una casa rectoral donde puede que encontremos unas cuantas joyas. Y quiza ludden.

– ?ludden? -repitio Tommy-. Esa fue la casa que Aleister nos indico.

Henrik asintio, aunque estaba seguro de que la persona que movia el vaso se llamaba Tommy, no Aleister.

– Tendremos que comprobar si tenia razon -anadio Tommy.

– Claro…, pero sera el ultimo.

Henrik clavo su triste mirada en la carretera desierta. Joder. Aquello era pura anarquia; nada que ver con sus andanzas con Mogge.

Tenia que haberse opuesto con mas contundencia al ultimo robo.

Robar en las iglesias traia mala suerte.

10

– La policia ha regresado a Marnas, y tenemos a todos los delincuentes en el punto de mira. Quiero que todo el mundo en Oland sea consciente de ello.

Tilda se dio cuenta al escucharlo de que el comisario Holmblad poseia el don de la elocuencia; y daba la impresion de que le gustaba ser el centro de atencion. El hombre echo un vistazo a la docena de oyentes que, pese al frio, se habian congregado en la calle junto a la nueva comisaria: periodistas, colegas y quiza dos o tres ciudadanos, y prosiguio con su discurso de inauguracion:

– La policia de proximidad es un nuevo concepto de policia; mas personalizada… comparable a los antiguos agentes a los que todo el mundo conocia en las comunidades donde trabajaban. La sociedad se ha vuelto mas complicada desde entonces, las redes sociales han aumentado considerablemente, pero la policia de proximidad del norte de Oland esta bien preparada. Trabajara en colaboracion con asociaciones y empresas y dedicara especial atencion a los delitos cometidos por jovenes.

El comisario hizo una pausa.

– ?Alguna pregunta?

– ?Que haran con los grafitis de la plaza? -pregunto un anciano del publico-. Su estado es deplorable.

– La policia detendra a todos los grafiteros a los que pille in fraganti -respondio Holmblad-. Tenemos derecho a registrarlos y confiscar sus botes de pintura, y actuaremos con tolerancia cero. Pero el vandalismo debe tratarse, sobre todo, desde la escuela y en la familia.

– ?Y que pasa con los robos? -pregunto otra voz de hombre-. Con todos esos asaltos a iglesias y casas de verano.

– Los robos de casas son competencia de la policia de proximidad -contesto Holmblad-. Nuestra prioridad es resolverlos y arrestar a los culpables.

Tilda estaba de pie como un maniqui detras de su jefe, con la espalda rigida y la mirada al frente. Era la unica mujer presente, y ese dia deseaba estar en cualquier parte menos en Marnas. Tambien deseaba ser otra

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