Oyo el mar en la oscuridad, sintio el frio helador. Se acerco al agua con cuidado, paso entre las matas de hierba y la franja de arena de la playa, y llego a los grandes bloques de piedra que protegian los faros de las olas.
Joakim penso que esa noche el rumor de las olas parecia una lenta respiracion. Como Katrine. Cuando hacian el amor, tiraba de el hacia la cama, lo abrazaba con fuerza y respiraba en su oido.
Ella habia sido mas fuerte que el. Fue quien tomo la decision de mudarse alli.
Joakim recordo la belleza de la costa la primera vez que la vieron. Era un claro y soleado dia de primavera de principios de mayo, y la casa se alzaba como un castillo de madera sobre el agua resplandeciente.
Despues de ver la casa por dentro, Katrine y el bajaron a la playa, recorrieron de la mano un estrecho sendero entre anemonas en flor.
Bajo el alto cielo de la costa, los planos islotes del norte flotaban en el mar como islas magicas cubiertas de hierba fresca. Habia pajaros por todas partes: bandadas de papamoscas, urracas y gorjeantes alondras. Pequenos grupos de patos monudos blanquinegros se deslizaban entre los faros, y mas proximos a la playa nadaban anades y somorgujos.
Joakim recordo el rostro de Katrine a la intensa luz del sol.
«?Oh! Me gustaria quedarme aqui», habia dicho ella.
Sintio un escalofrio. A continuacion, subio con cuidado al bloque de piedra mas lejano del rompeolas y miro el agua negra.
Alli habia estado Katrine.
Sus huellas en la arena demostraron que habia ido sola. Despues cayo o se tiro al mar, y en un instante desaparecio bajo la superficie.
?Por que?
No tenia respuesta. Lo unico que sabia era que al mismo tiempo que Katrine se ahogaba, el se encontraba en un sotano de Estocolmo y que la habia oido entrar por la puerta.
Habia oido como lo llamaba. Estaba seguro de ello, y eso significaba que el mundo era mucho mas incomprensible de lo que pensaba.
Regreso a casa despues de pasar media hora fuera, en el frio.
Ingrid, su madre, era el unico familiar que se habia quedado tras el entierro. Cuando el entro, estaba sentada a la mesa de la cocina y volvio sobresaltada la cabeza, con una arruga de preocupacion en la frente. Con los anos, la arruga se habia vuelto mas profunda, primero durante la enfermedad de su marido y despues con cada nueva crisis con la que Ethel volvia a casa.
– Ahora ya se han ido todos -anuncio Joakim-. ?Los ninos estan dormidos?
– Si, eso creo. Gabriel se ha tomado el biberon y se ha dormido al momento. Pero Livia estaba preocupada…, ha levantado la cabeza y me ha llamado cuando me he ido la primera vez.
Joakim asintio y se acerco a la encimera para preparar te.
– A veces se hace la dormida para ponernos a prueba.
– Ha hablado de Katrine.
– ?Ah, si? ?Quieres un te?
– No, gracias. ?Suele hacerlo, Joakim?
– No cuando se va a dormir.
– ?Que le has contado?
– ?Sobre Katrine? -pregunto el-. No mucho. Les he dicho… que mama se ha ido.
– ?Se ha ido?
– Que se ha ido de viaje por un tiempo…, igual que cuando yo estaba en Estocolmo y Katrine y los ninos se quedaban aqui. Ahora no tengo fuerzas para explicarles nada mas. -Miro a Ingrid y sintio una angustia repentina-. Y tu, ?que le has dicho esta noche?
– Nada. Eso tendras que hacerlo tu.
– Lo hare -dijo-. Cuando te hayas ido…, cuando este solo con los ninos.
?Cuando estaria preparado? Resultaba tan dificil como darle una bofetada a Livia.
– ?Ahora os mudareis de nuevo? -pregunto Ingrid.
Joakim clavo la vista en ella. Sabia que queria que el abandonara aquello, pero no obstante fingio sorprenderse.
– ?Regresar a Estocolmo? ?Te refieres a eso?
«?Abandonar a Katrine?», penso.
– Si…, quiero decir que, despues de todo, yo estoy alli -apunto Ingrid.
– En Estocolmo no tengo nada -replico el.
– Puedes volver a comprar la casa de Bromma, ?no?
– No puedo comprar nada -contesto-. Aunque quisiera, no tengo dinero, mama. Lo invertimos todo en esto.
– Pero puedes venderla…
Ingrid guardo silencio y miro alrededor de la cocina.
– ?Vender ludden? -repitio Joakim-. ?Quien querria comprarla ahora? Primero hay que reformarla…, lo ibamos a hacer Katrine y yo.
Su madre guardo silencio y miro por la ventana con aire ausente. Luego pregunto:
– Esa mujer del entierro, la que ha llegado tarde… ?Era la madre de Katrine? ?La artista?
Joakim asintio.
– Era Mirja Rambe.
– Me ha parecido reconocerla de la boda.
– No sabia que vendria.
– ?Como no iba a venir? -replico Ingrid-. Era su hija.
– Pero apenas tenian contacto. Yo no la habia visto ni una sola vez despues de la boda.
– ?Estaban enemistadas?
– No…, aunque tampoco creo que fueran amigas. Se llamaban por telefono de vez en cuando, pero Katrine casi nunca hablaba de Mirja.
– ?Vive aqui?
– No. Creo que vive en Kalmar.
– ?No te vas a poner en contacto con ella? -pregunto Ingrid-. Deberias hacerlo.
– No creo -respondio Joakim-. Pero quiza nos encontremos alguna vez. La isla es pequena.
Miro por la ventana hacia el patio en penumbra. No queria ver a nadie. Deseaba encerrarse alli en ludden, y no salir nunca mas. No tenia ganas de buscar un nuevo trabajo como profesor, ni tampoco de seguir trabajando en la casa.
Solo queria dormir el resto de su vida, junto a Katrine.
9
Esa noche de noviembre no llovia, pero hacia frio y el cielo estaba nublado y oscuro. La unica luz del firmamento procedia de una palida media luna oculta tras velos de nubes finas como la seda.
El tiempo ideal para cometer un atraco.
La casa se encontraba en la costa rocosa del noroeste de la isla, en lo alto del cantil, y era de construccion reciente, tenia apenas un par de anos. Era de diseno, con mucha madera y cristal. Debia de haber sido un veraneante con mucho dinero quien la habia encargado y construido, penso Henrik. Recordo que su abuelo llamaba «estocolmenses» a los ricos del continente, sin importarle su procedencia.
– Hubba bubba -dijo Tommy, y se rasco el cuello-. Vamonos.
Freddy y Henrik lo siguieron hasta la pendiente de grava, al pie de la casa. Los tres vestian pantalones vaqueros y chaquetas oscuras, Tommy y Henrik llevaban mochilas negras.
