para su gusto.

Holmblad llamo con los nudillos al cristal de la puerta de la cocina, que se abrio al cabo de un momento.

– Buenas tardes -saludo Holmblad-. Aqui estamos.

A Tilda le parecio que el rostro de Joakim Westin se habia vuelto mas ceniciento. Sabia que tenia treinta y cuatro anos, pero en ese momento aparentaba cincuenta. Tenia la mirada sombria y cansada. Apenas inclino la cabeza para saludar a Holmblad y a ella la ignoro. Ni siquiera le dedico una mirada.

– Pasen.

Desaparecio en el interior, en la oscuridad, y ellos lo siguieron. La casa estaba limpia y ordenada, pero al echar un vistazo, a Tilda le parecio que una capa de polvo gris lo cubria todo.

– ?Les apetece un cafe? -pregunto Westin.

– Si, gracias -respondio Holmblad.

El hombre se encamino hacia la cafetera.

– ?Esta usted solo con los ninos? -pregunto el comisario-. ?No le ayuda ningun familiar?

– Mi madre se quedo un par de dias -contesto el-, pero ahora ya ha regresado a Estocolmo.

Se hizo el silencio. Holmblad se estiro el uniforme.

– Nos gustaria comenzar lamentando lo sucedido…, le aseguro que las cosas no deberian haber sido asi - dijo-. En esta ocasion, los procedimientos que se siguen para la notificacion de una muerte han fallado.

– Estoy de acuerdo -contesto Westin.

– Lo sentimos mucho, pero…

– Crei que se trataba de mi hija.

– ?Disculpe?

– Crei que se habia ahogado mi hija. Eso crei durante muchas horas, durante todo el trayecto entre Estocolmo y Oland. Y el unico consuelo…, no es que fuera mucho consuelo, pero el unico consuelo era que Katrine, mi esposa, estaria alli cuando yo llegara, y se sentiria mucho peor que yo. Y, al menos, yo podria intentar consolarla el resto de nuestra vida. -Hizo una pausa y prosiguio en voz baja-: Nos tendriamos el uno al otro.

Guardo silencio con la mirada fija en la ventana.

– Bueno, como he dicho, lo sentimos -dijo el comisario-. Pero ha sucedido… Tendremos que intentar que no vuelva a ocurrir con otra familia.

Westin apenas parecia escucharlo. Estudiaba sus manos y, cuando Holmblad guardo silencio, pregunto en voz baja:

– ?Como va la investigacion?

– ?La investigacion?

– La investigacion policial. Respecto a la muerte de mi mujer.

– No se ha abierto ninguna investigacion -replico el jefe de policia rapidamente-. Las investigaciones o las diligencias preliminares solo se hacen si se sospecha que se ha cometido un crimen, y este no es el caso.

Westin alzo la vista de la mesa.

– ?Asi que lo que ocurrio no fue nada extrano?

– Por supuesto que no fue normal -convino Holmblad-, pero…

Westin tomo aliento y continuo:

– Mi mujer se despidio de mi por la manana a la puerta de la casa. Luego entro y limpio las ventanas. Despues se preparo el almuerzo y a continuacion bajo a la playa. Llego hasta el final del rompeolas y salto al mar. ?Le parece eso normal?

– Nadie dice que haya sido un suicidio -respondio el comisario-. Pero, como le dije, no hay nada que apunte a un delito. Si, por ejemplo, hubiera tomado un par de vasos de vino durante el almuerzo y luego hubiese salido a caminar por las piedras que estaban resbaladizas…

– ?Ve alguna botella por aqui? -lo interrumpio Westin.

Tilda echo un vistazo. En la cocina no habia botellas de vino.

– Katrine era abstemia -prosiguio el-. No bebia alcohol. Lo podrian haber confirmado con un simple analisis de sangre.

– Si, pero…

– Yo tampoco bebo. En la casa no hay ni una gota de alcohol.

– ?Le puedo preguntar por que? -dijo Holmblad-. ?Son religiosos?

Westin lo miro como si la pregunta le resultara insolente. Quiza lo fuera, penso Tilda.

– Hemos visto los efectos que produce el alcohol y las drogas -dijo por fin-. No los queremos en nuestra casa.

– Comprendo -asintio el comisario.

La gran cocina se quedo en silencio. Tilda miro por la ventana y vio los faros y el mar. Penso en Gerlof y su curiosidad permanente.

– ?Su mujer tenia algun enemigo? -pregunto de repente.

Con el rabillo del ojo, vio que Holmblad la miraba como si se hubiera materializado de repente en la cocina.

Joakim Westin tambien parecio sorprenderse con la pregunta. No parecio enfadado, mas bien extranado.

– No -replico-. Ninguno de los dos tiene enemigos.

Pero a Tilda le parecio que dudaba, como si hubiera algo mas que anadir.

– Asi que en la isla nadie la amenazo.

El nego con la cabeza.

– Que yo sepa, no… Katrine paso los ultimos meses aqui sola con los ninos. Yo venia de Estocolmo los fines de semana. Pero no me comento nada por el estilo.

– ?Y antes del accidente se comporto como de costumbre?

– Mas o menos -contesto Joakim Westin, y bajo la vista a su taza de cafe-. Estaba quiza un poco cansada y abatida… No le gustaba quedarse sola mientras yo trabajaba en Estocolmo.

Volvio a hacerse el silencio.

– ?Puedo utilizar su cuarto de bano? -pregunto ella.

Westin asintio.

– Al otro lado del recibidor, a la izquierda del pasillo.

Tilda salio de la cocina. Conocia el camino, ya habia estado antes en la casa. Pero ahora el olor a pintura habia desaparecido casi por completo, y le resulto algo mas acogedora.

En el pasillo que conducia a los dormitorios habian colgado un cuadro. El oleo representaba un paisaje gris blanquecino: parecia el norte de Oland en invierno. Una tormenta de nieve que se acerca a la isla y difumina los contornos. No recordaba haber visto con anterioridad una representacion tan sombria y lugubre del lugar, y se quedo parada un rato delante de la pintura antes de continuar hacia el cuarto de bano.

Este era pequeno y calido, alicatado del suelo al techo, con una gruesa alfombrilla azul y una vieja banera que reposaba sobre cuatro patas de leon de hierro forjado. Cuando hubo terminado, salio de nuevo al pasillo y paso de largo ante los cuartos cerrados de los ninos. Se detuvo en el dormitorio que habia al lado, cuya puerta estaba entornada.

Echaria un vistazo rapido.

Asomo la cabeza y vio una pequena habitacion con una gran cama de matrimonio, una discreta comoda junto a la misma, y una fotografia enmarcada de Katrine Westin saludando con la mano desde una ventana.

Luego vio la ropa.

Una docena de perchas con ropa de mujer colgaban como cuadros de las paredes del dormitorio. Jerseis, pantalones, camisetas, blusas.

La cama estaba cuidadosamente hecha, y un camison doblado reposaba sobre una de las almohadas, como si esperara que su duena fuera a entrar al caer la noche y ponerselo.

Tilda contemplo un rato la extrana coleccion de prendas y luego salio retrocediendo de la habitacion.

Al acercarse a la cocina, oyo la voz del comisario:

– Bueno, entonces tendremos que volver a nuestras obligaciones.

Gote Holmblad habia terminado su cafe y se levantaba de la mesa.

El ambiente en la sala parecia mas relajado. Joakim Westin tambien se puso en pie y les dirigio una breve mirada a los dos.

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