Al salir, la luz la deslumbro. Hacia tanto calor que la zona parecia estar cubierta por una neblina. Tuvo dificultades para concentrarse en la carretera y en los autos que le venian de frente. Conecto la radio para mantenerse alerta y la cerro despues, temerosa de lo que pudiera oir.
Metio la llave en la cerradura del apartamento frente al golfo, pero no consiguio darle la vuelta.
– Mister Kalkanis envio a alguien para que cambiara el cilindro -le dijo el conserje- hara una media hora. Si, yo tengo una llave pero el hombre me ha dicho que no debia entregarla a nadie. Lo se, senorita, lo se. Lo siento.
En la darsena vio a mister Bolt, envuelto en una bata a rayas verdes, desayunando solo bajo el toldo que daba sombra a la cubierta posterior. Estaba leyendo el periodico de la manana, y claramente se veia que no deseaba ser molestado. No muy decidida a dar aquel paso, Ethel se sintio aliviada.
La oficina parecia abandonada. Rapidamente metio todo lo que habia en su escritorio en una bolsa de la compra. Al hacerlo, se dio cuenta de la presencia del contable de Petros, un griego de Alejandria, de piel morena, que la miraba desde el umbral de la puerta.
– Recojo mis cosas -explico.
El no respondio, y le dio la espalda mientras ella se iba.
Ethel comenzo a dirigirse hacia el
El Levendis estaba dormido, le dijo a Ethel mistress Achuica.
– La noche pasada, en medio de la cena -conto-, el Levendis dejo caer la cabeza sobre la mesa y eso fue sus buenas noches.
– Ha estado bajo mucha tension -explico Ethel.
– Ha sido terrible -dijo mistress Achillea- esa tension.
– Solo quiero hacerle una pregunta -dijo Ethel-. Por favor, despiertelo.
Mistress Achillea estaba a punto de negarse, pero recordo la primera visita de Ethel y el
De modo que grito:
– ?Alekooooo! ?Oh, Aleko, corazon mio!
La respuesta, cuando llego, fue un grunido.
– ?Que es lo que quieres ahora, por amor de Dios?
Mistress Achillea sonrio tiernamente.
– Mi angel se ha despertado -murmuro a Ethel-. Ethel ha venido a verte, querido mio -grito. Y continuo, bajando la voz-: De todos modos, algo bueno ha salido de todo esto. Es la primera vez en ocho anos que ha dormido aqui toda una noche. ?Imaginese! ?Estos griegos! Y su esposa ha dicho… ?Me estas escuchando?
– Si.
– Que no va a aceptarlo de nuevo. Me ha llamado una amiga para decirmelo. Tu has cambiado mi suerte.
Aleko salio envuelto en un albornoz, de vistoso color naranja, que pertenecia al hijo adolescente de mistress Achillea. En la espalda se leia impreso: EQUIPO DE NATACION.
– Te dire la verdad, Ethel -le dijo en respuesta a su pregunta-. Se donde esta. Pero me pidio que no lo dijera a nadie.
– Solo a mi -suplico Ethel-. Voy a irme para siempre. Dimelo a mi y a nadie mas.
– Especialmente no debo decirtelo a ti -respondio el -. Perdoname, no deseo herirte.
– Si no quieres herirla, ?por que la hieres? -dijo mistress Achillea-. Mira lo que le has hecho. Mira su cara.
El Levendis alzo la voz a ese nivel autocratico innato en todos los hombres griegos desde su nacimiento.
– Cuida de tus asuntos, mujer, o me volvere a casa.
– Me gustaria ver al nino antes de marchar -dijo Ethel. -Esta en el patio posterior -dijo mistress Achillea-. He pedido prestado un cochecito a mi vecina. -Acompano a Ethel por la puerta de la cocina.
– ?Donde vas a ir ahora? -se lamento el Levendis-. Me has despertado, y ?donde esta mi cafe? Una tostada, o algo, por el amor de Dios…
– Voy corriendo para que calle -dijo mistress Achillea.
El rostro del nino estaba al sol. Ethel dio la vuelta al cochecito. Con el movimiento, el nino abrio los ojos y miro firmemente a su madre bajo los pesados parpados, cerrandolos despues de nuevo con un ligero suspiro.
?Como podia abandonar a este nino? No importaba lo que hubiera dicho antes a Costa. Aceptaria el maldito trabajo de mister Bolt, iria a Nueva York, encontraria un apartamento, lo amueblaria, lo embelleceria, y cuando encontrase una ninera que pudiera cuidar del chico, volveria y se lo llevaria.
Mistress Achillea habia vuelto junto a Ethel.
– ?Ese Aleko! -exclamo-. Pon algo en su boca, y se esta tranquilo. Igual que un bebe.
Una al lado de otra, en silencio, ambas admiraron al bebe.
– Es una belleza, si senor -dijo mistress Achillea-. Y un chico tambien, gracias a Dios. Se parece enteramente a su padre.
– Enteramente -respondio Ethel.
«Podria suceder asi -penso Ethel-. Puede comenzar en seguida a cobrar tu salario», habia dicho mister Bolt. Si lo decia de nuevo…
– Dime -pregunto mistress Achillea-. ?Teddy no lo ha visto todavia?
– Naturalmente, cuando fue bautizado.
– ?Debio de sentirse tan orgulloso! -anadio mistress Achillea-. Este muchacho es un
Ethel miro cuidadosamente a mistress Achillea,
– ?Realmente? -le pregunto.
– ?Mira como sonrie! ?Que secreto le hara sonreir?
– Nunca lo sabremos -comento Ethel.
El bebe hizo un ruido.
– Esta sonando -dijo Ethel.
– Si, ?esta sonando! Suenos muy importantes. Como si tuviera preocupaciones de negocios. Pero es tan buen chico; nunca llora.
– Todavia no ha tenido motivos para llorar, ?no es asi? -dijo Ethel.
Si, penso… si mister Bolt repetia su oferta, a lo mejor ella podria hacerlo manana mismo, llevarse el chico sin mas.
– Cuando le salgan los dientes -decia mistress Achillea-, entonces lo vamos a oir.
Maldita sea, ella debia eso al nino. Era su hijo y ella le habia dado un mal principio de vida. ?Tenia que compensarlo por ello! No debia hacer al nino lo que otros habian hecho con ella.
– Secate los ojos -le dijo mistress Achillea-. Aleko se acerca. Toma. -Saco un panuelo de celulosa del bolsillo de su delantal, se volvio y grito:- Aleko, amor mio, traeme un cigarrillo, hazme este pequeno favor. Estan en el dormitorio.
– Ya lo has visto, Ethel -dijo el Levendis mientras regresaba hacia la casa-, su verdadera intencion es convertirme en un sirviente.
– ?Por que lo llamais el Levendis? -pregunto Ethel mientras utilizaba el panuelo-. ?Vive para el placer unicamente? Siempre parece tan preocupado.
– Preocuparse, ese es su placer. ?Por que te has echado a llorar de repente?
– Lo contrario de el. Lloraba porque, de pronto, me he sentido feliz.
– Lo que no comprendo, y perdoname, es que puedas renunciar a este nino. Alguna pequena bestezuela, bueno, no soy una boba con respecto a ninos. ?Pero este! Miralo como sonrie otra vez. Como si tuviera un
