Decidieron concederse un final de semana en la playa proxima de Ponte Vedra. Encontraron una bonita habitacion con ventana que daba al agua. El motel, construido con argamasa coquina [24], relucia con su color rosado bajo el sol de la tarde. Cogidos de la mano, caminaron por la playa al atardecer. Despues se fueron a la cama.
Ethel paso aquella noche lavando su ropa interior y las medias, y lavando tambien su cabello, recogiendo sus cosas en la enorme maleta de antiguo modelo que Emma habia dejado. Eran mas de las once cuando termino. Decidio ir a la darsena. Si el
Bajando la amplia rampa de entrada, sintio la humedad y el frio que en la oscuridad desprendia el agua. Cuando llego a la esquina de la oficina vacia, vio que el
Ethel sabia que aquel era un mal momento. Vacilo, camino un poco, se paro, y siguio caminando hasta llegar al costado de la embarcacion. Oyo un murmullo. En una amplia tumbona de cubierta vio lo que parecia ser dos personas, cubiertas con una manta. Totalmente absortas, una con la otra, no habian notado la proximidad de Ethel.
Sus ojos adaptados ya a la oscuridad, Ethel distinguio dos formas humanas, pero una sola cabeza, la de un muchacho joven que no habia visto anteriormente. Alguna especie de juego amoroso se desarrollaba en cubierta; Ethel tenia una idea clara de lo que podia ser. Dio la vuelta y comenzo a alejarse.
– ?En, tu! -el muchacho la habia visto-. ?Tu! ?Que es lo que estas mirando?
La cabeza escondida salio a la vista. Era Robin Bolt.
Ahora que la habia visto, era tan imposible alejarse como quedarse alli. Ademas, si se marchaba al dia siguiente, esta podria ser su ultima oportunidad. El
Retrocedio y se acerco otra vez al barco.
– Mister Bolt -dijo Ethel-. Lo siento.
– ?Quien es? -pregunto Bolt a su companero.
– Una mujerzuela -dijo el muchacho-. ?La habias citado o algo parecido?
– No se quien es -dijo mister Bolt.
– Es Ethel, mister Bolt, Ethel Avaliotis, ?se acuerda?
Ethel pudo ver que ambos estaban muy borrachos, sin coordinacion en sus movimientos, y el muchacho cayo por el costado de la tumbona cuando trato de ponerse en pie. Al incorporarse no se ajusto la ropa.
– ?Vete de aqui, maldita
– Solo un par de cosas, mister Bolt -suplico Ethel.
– Vete, viejo cono de mierda -dijo el muchacho- a buscar tu pitanza a otra parte.
– ?Ethel? -pregunto mister Bolt, y su habla era confusa y arrastrada-. ?Si! ?Mistress, que? Algo. ?Es que no sabes hacer otra cosa que molestar a un hombre en su tiempo libre?
Viendo que Ethel no se movia, el muchacho cogio un taburete de mimbre y se lo arrojo.
– ?Que es lo que haces, Andy? -pregunto Bolt, riendose. Parecia deleitarse ante la extravagante exhibicion de celos del muchacho.
– Estoy echandola de aqui. ?Vete, vaca vieja!
Cogio la mesa de mimbre, la sostuvo sobre su cabeza, balanceandola, y corrio entonces hasta la barandilla y la lanzo contra Ethel. Pero su punteria era insegura y la mesa cayo al agua.
Bolt reia sin poder contenerse. El salvajismo del muchacho lo fascinaba.
Ethel siguio inmovil, esperando. Las mejillas le ardian. -Vamos, Andy -dijo Bolt-. Hace frio aqui fuera. -Tomo al muchacho de la mano y tiro de el hacia una puerta. – Andy, vamos he dicho, dejala sola. -Andy estaba buscando algo mas para arrojarlo a Ethel.- Es una buena chica. Vamonos ahora.
– Que se joda -dijo Andy mientras finalmente se cubria un poco-. Estaba alli mirandonos y no se cuanto rato haria.
– ?Y que? -dijo Bolt-. No es la primera vez que esto te ha sucedido. Vamos.
Y se fueron. Ethel no se alejo.
Estaba avergonzada de si misma, suplicando de ese modo, humillandose, para conseguir aquel trabajo nauseabundo. ?Es que su futuro dependia realmente de algunas palabras casuales, de una observacion lanzada al azar por Robin Bolt? ?Es que su vida dependia de aquel hilo?
Cogio el taburete de mimbre y lo arrojo contra la unica ventana de cubierta que estaba iluminada. Subio entonces corriendo a cubierta del
Desde dentro se oyeron gritos de indignacion.
Ethel salio de la embarcacion a todo correr, cruzando la pasarela, por el lado de la oficina y hasta la ancha rampa de entrada.
Estaba furiosa, no contra Bolt y su muchacho, sino contra ella misma.
Estaba rabiosa. ?Por que se habia valorado tan bajo?
Demonios del infierno, era una buena secretaria. ?Los hombres para los que habia trabajado en aquella compania mexicana de productos quimicos habian luchado entre ellos por obtener sus servicios!
No queria el maldito empleo de Bolt. No tenia por que comerciar con sus pechos como tampoco tenia por que comerciar con su trasero. Estaba capacitada.
Entro en su auto y cerro de un portazo.
?Era Arturo acaso mas listo que ella? Arturo era un chiquillo, ?un muchacho malcriado!
?Petros? ?Mas listo que ella? Y un cuerno. Mas astuto, quiza. Mas duro. Si… eso, si. Pero ella ya conseguiria hacerse mas sensible. Despues de haber dado vueltas todo el dia, y de recibir portazos en la nariz, ser despreciada y expulsada, maldita sea, tendria que ser mucho mas insensible, y con toda rapidez.
Puso toda la marcha.
Que revienten todos. ?Grandes y pequenos!
La ira le hizo correr rapidamente la sangre. Era vino en sus venas. Hizo marchar el auto con la misma rabia que ella sentia.
Se dirigio hacia la carretera principal y tomo una cierta direccion sin saber por que.
Aquella noche, despues de hacer el amor, Teddy le hablo a Betty del resentimiento que Ethel le producia y que el habia ahogado siempre.
– Siempre he vivido en tension desde que la conoci -dijo Teddy-. No puedo recordar ni una semana tranquila, ni un dia realmente tranquilo. Tal como es ahora, aqui, con el mar ahi fuera. Se esta tan bien y tranquilo aqui contigo, junto a mi, respirando suavemente. Esto es lo que yo he deseado siempre -Betty se incorporo ligeramente y lo beso con simpatia. – La vida con ella era una crisis constante, siempre en aumento, y de repente murrias, y arrebatos misteriosos y esas desapariciones sin pies ni cabeza. ?Cristo, todavia no he logrado saber como es realmente esa chica!
– Pero, honradamente, Teddy -dijo Betty-, alguna vez debiste de estar loco por ella. Es tan condenadamente bonita en esa fotografia.
– Una vez, si -admitio Teddy.
– ?Y tan
– Tambien de eso tuvo demasiado -dijo Teddy-. Sexo supercargado. Eso no es amor. Eso es una especie de cosa neurotica, que la corroia. No se puede satisfacer a una chica sin juicio. Yo quiero una vida normal. ?Ordenada! Como, por ejemplo, saber donde podia encontrarte hoy: en la lavanderia. ?Eso fue maravilloso!
Betty le dijo que esa era tambien la clase de vida que ella deseaba. Y ahora, ?le gustaria a Teddy tomar una agradable taza de te? Ella traeria las bolsitas de te y su pequeno calentador de serpentin.
– Es gracioso -comento Teddy mientras sorbia su te de menta-. Ahora que ya he roto con ella, ahora se como debiera manejarla.
