Cualquiera que fuese en aquel momento el pensamiento de Costa, mientras observaba el mobiliario, la cama y la maleta en el suelo, ella podia ver que ese pensamiento era mucho mas importante que lo que el estaba diciendo.

– Aquella mesita -dijo Costa-, la llevaremos a casa con nosotros. Me gusta esa pequena mesa redonda.

– La he prometido a mi casera -dijo Ethel.

– Bueno, pues que demonios, dasela a ella, daselo todo. Tambien la cama. No necesitamos nada de aqui.

Estuvo mirando la cama durante un largo rato en silencio.

– Tu no tienes problema de asustarte de nadie -le dijo-. ?Lo entiendes? Yo estoy aqui.

Movia los ojos como si fuesen colibries, de aqui para alla, suspensos en el aire, lanzandose despues a otro lugar, recogiendo consecuencias, sospechas, dudas.

– Solo temo a una persona -dijo Ethel.

– No te preocupes, yo arreglo a ese individuo, garantizado.

– No es Petros. Eres tu.

Ethel se levanto y se acerco adonde Costa estaba sentado, y se arrodillo frente a el. Costa persistia en no mirarla, de modo que Ethel le cogio la cabeza entre las manos y suavemente la giro en direccion de ella. Pero Costa seguia con la mirada desviada.

– Costa, querido -dijo Ethel-, mirame. Por favor.

– ?Donde lo hicisteis? -pregunto Costa.

– ?Hacer, el que?

– Con Petros, ?aqui?

– No.

– ?Entonces?

– Costa, ?que diferencia hay en donde? Petros tiene un apartamento.

Costa se llevo de nuevo las palmas de las manos a los ojos apretando con suavidad. Estaba palido y tenso y necesitaba de un alivio y no de lo que Ethel iba a decirle.

– Costa -dijo ella-, tengo que decirte algo.

– ?Tambien en la barca? ?En su embarcacion?

– ?Que puede importar eso, Costa?

– Si no tiene importancia, ?por que no me lo dices?

– No quiero hacerte dano.

– ?Ahora te preocupas de eso?

– Siempre me preocupe. Por eso tuve tanto cuidado.

– La misma cama. ?Dormiste en…?

– Costa, no me hagas mas preguntas de esas, por favor.

– ?Te obligo a hacer cosas malas?

– Solo lo corriente.

– ?Y que es eso, lo corriente?

– No pienso hablar mas de esto, de modo que, no sigas, Costa.

Costa agacho la cabeza.

– Ahora escuchame -dijo Ethel-. Por favor, escuchame.

Costa movia la cabeza como un muchachito al que hubieran hecho dano.

Como medida desesperada, deseando que Costa se recuperara, Ethel le beso en la frente reteniendo fuertemente su cabeza para que no pudiera alejarse.

– Ya se que tienes dolor de cabeza -le dijo.

Le beso dulcemente en los ojos, donde le dolia a Costa.

Costa giro la cabeza tan pronto como Ethel le solto.

– Dime la verdad -dijo el viejo-, ?te forzo?

– Oh, no, Dios mio, nada de eso.

– Entonces, ?como es que fuiste a el?

– Por mi propia voluntad. Decidi estar con el. Y despues decidi que no.

– Pero el te obligo a hacer cosas malas.

– ?No! Petros no es un hombre malo.

– Conozco esos animales, como lo hacen.

– Como todos los otros; no hay diferencia.

– ?Como todos los otros?

– Si. Todos son lo mismo. -Ethel hablaba con voz frenetica.- ?Por que me preguntas todo eso?

– Porque quiero la verdad. No debes decirme mas mentiras.

– Yo no te miento.

– Has mentido. Muchas veces. Nunca me contaste de todo eso antes. Cada dia, tu esperando que yo me fuese al Norte, ?eh? Y entonces te ibas con el. Cada noche. En la barca. Aqui. Delante del golfo. ?Crees que no lo se todo?

– Bueno, esta bien, es verdad.

– Cada dia tu averguenzas a mi familia, ?verdad?

– Verdad.

– Asi que ahora has de pagar por las cosas malas que has hecho. A mi hijo y a mi familia. La gente de aqui debe ver que estas avergonzada.

– ?Pero es que no me has estado escuchando!

– Te he oido bastante. Ahora escucha tu. Tu has ensuciado mi familia. Tu debes limpiar la verguenza que nos has causado. Cuando confieses tu pecado. Dios te…

Su parlamento se interrumpio al captar su atencion la fotografia que habia encima de la cama, aquella que habia sido tomada hacia muchos anos a bordo del Eleni. Alli estaba Teddy, un guapo muchacho de doce anos, con la mano en el timon, y a su lado Costa, rodeando con su brazo los hombros del chico.

– ?Ves esa fotografia de alli? -senalo Costa-. El Eleni. Mi barca. Dos semanas antes de venderla. Entonces llego la marea roja. Todas las esponjas enfermas. No habia pan en la mesa. Asi que como siempre, hable con mi padre. Imagino -se toco la frente con la punta del dedo- que comprendes lo que el dijo. Me dijo que la marea roja se quedaria diez anos. Mucho tiempo sin trabajar, dije yo. Asi que vende la barca, dijo el viejo Theophilactos, abre tienda para anzuelos, botes, etcetera, una tienda pequena. Con eso podras vivir. Okey. Eso es lo que yo hice. Ahora, sobre ti, lo mismo. Imagina lo que el diria. ?Cual es la costumbre de mi gente en la isla? Para estas cosas no soy americano. Ciudadano, si. Pero en estas situaciones soy todavia del otro lado. Para nosotros hay tres cosas posibles cuando la esposa hace lo que tu has hecho. ?Me escuchas?

– Si.

– Primera posibilidad. El cabeza de familia mata a la mujer. Se ha hecho mucho tiempo. Ahora menos. No es para mi. Unicamente un animal mata a otro. Asi que, numero dos. Se envia la mujer con su familia. Tu no tienes familia. La madre, una mujer distinguida, muerta. El padre nada te ha ensenado. Un caso perdido. Asi que, numero tres.

– ?En que consiste?

– Decirle a Teddy que te tome otra vez.

– Teddy no quiere que yo vuelva con el.

– Teddy hara lo que yo le diga. Lo mejor para la familia.

– Costa, el no quiere que yo vuelva nunca mas con el.

– Ya arreglare yo a Teddy para eso. Le dire que eres buena chica. Haces cosas malas, pero eres buena chica. Quiza.

– Teddy tiene otra mujer.

– Porque, furioso contigo. Yo haria lo mismo.

– Por favor, por favor, no pienses de esa manera.

– Nosotros somos todo lo que tu tienes, condenada boba. ?No sabes eso? ?Quien hay en todo el maldito mundo a quien importas un bledo sino yo?

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