– Ya llegara el momento -dijo Costa-. La noche pasada rogue a Dios para que me ayudara a entender la situacion. Hoy rezare otra vez. Pero primero quiero hablar contigo. Todavia no hemos hablado.

– Muy bien -dijo Teddy. Senalo una cabina telefonica-. Dispensame.

Ella no estaba en casa.

– Me ha encargado te dijera que regresaria dentro de veinte minutos -le dijo a Teddy la companera de su cuarto. Y anadio-: Parece un poco preocupada.

– Esta muy preocupada -dijo Teddy a su padre-. Se ha puesto a llorar al telefono.

– ?Por que?, hijo mio… ?Cual es el problema?

– Ella no comprende por que no quieres conocerla. «?Es que algo no esta bien?», me preguntaba una y otra vez. Significa tanto para ella tu opinion…

– Bueno, en este caso, que demonios, la llevamos con nosotros esta noche.

– Demosle oportunidad de que se tranquilice un poco, y la llamare otra vez por telefono. ?Tomamos una taza de cafe?

– Cafe no. Te invito a un trago. En alguna parte por aqui cerca debe de haber un bar.

– ?Que es lo que quieres decir, en alguna parte? ?Esta es una Marina moderna, papa! Iremos al «Ship's Bell», aqui mismo en la base.

Estaba lleno de marineros que habian comenzado temprano a ingerir su cerveza. Su comandante en jefe habia dejado el servicio aquella manana, pero a sus hombres no parecia importarles y los pocos que comentaban el acontecimiento lo hacian sin ningun sentido de perdida, incluso con ciena frivolidad.

– ?Lo que este pais necesita es un rey judio! -oyeron que alguien decia cuando Teddy encontro una mesa en un rincon.

– Bien, papa -dijo Teddy despues de haber pedido las bebidas-. Quieres hablar, pues hablemos.

– ?Es una chica limpia? -fue la primera pregunta que Costa le hizo.

– Con una simple mirada tendras tu respuesta -dijo Teddy.

Costa se sintio mejor cuando Teddy le conto que ella era estudiante de enfermeria y su padre medico. Creyendo que causaria buena impresion, Teddy elogio la inteligencia de su enamorada.

– ?Sabe cocinar? -pregunto Costa.

– Va a aprender mas que de prisa -dijo Teddy-. La hago llevar un librito de notas con recetas etnicas. Las recorta de las revistas.

– Yo no soy un tipo de griego anticuado -dijo Costa-. Si estuviera mi padre en mi lugar tu ya no presentarias ningun problema. El te diria directamente: «Una chica norteamericana, para el placer; una chica griega, para formar familia.» Tu abuelo, vino a este pais totalmente solo. Cuando tuvo dinero y una embarcacion propia, supo que habia llegado el momento de buscar esposa.

– Lo se, papa, lo se.

– Regreso a Kalymnos, escogio a tu abuela. Creia en la sangre. Y yo tambien. Pero menos. Para tu madre yo solo fui hasta Asteria, Queens. Por ello la noche pasada rogue a Dios que me ayudara a comprender tu problema. Sin plegaria, y mi creencia en ella, no hubiera venido aqui. En conferencia telefonica es facil decir que no. Y ahora, cuando te pregunto ?sabe cocinar?, tu tendras una idea, espero, de que yo soy un padre con el que puedes hablar, ?verdad?

– Se todo eso, papa. Mira, quizas es mejor que te afeites antes de que vayamos a buscarla.

– Otra cosa mas, Teddy, y despues nos vamos. Ve, que te den la cuenta.

– ?Que cosa mas?

– Quiero que mi nieto tenga mi nombre. ?Es posible eso?

– Solo dime cuando quieres la entrega -dijo Teddy.

– Eres mi unico hijo. Yo nunca lo olvido. Espero que tu tampoco.

– ?Como podria olvidarlo, papa, mientras tu estes por ahi? ?Te parece bien que ahora la llame y le diga que la recogeremos para ir a cenar?

– ?Por que no? -aprobo Costa-. ?Por que crees que he venido hasta aqui? No tengo mucho tiempo. Tu madre, pobrecilla, esta totalmente sola en la tienda.

Teddy tuvo que esperar que su novia viniera al telefono. En el muro, junto a la cabina, habia un antiguo poster de una bonita joven. Junto a ella la frase: «Eh… quisiera ser un hombre. Me enrolaria en la Marina.»

– Lo he puesto de muy buen humor -dijo Teddy a su novia-. ?Sabes? Tambien el esta un poco nervioso… ?Por que? Por conocerte… ?De verdad! Dime que vas a ponerte.

Ella le comunico las posibilidades.

– Lleva el azul -dijo Teddy- con manga larga.

A la caida de la tarde, los dos Avaliotis se dirigieron en auto hacia el distrito suburbano en donde ella vivia en una gran casa con seis chicas mas. El salon, de viejo estilo, casi no tenia mobiliario. Por el piso habia esparcidos grandes cojines y almohadones y las chicas y sus amigos estaban recostados en ellos.

A Costa no le gusto el aspecto de ese lugar, ni los que en el estaban. Ninguna de las chicas se levanto para ofrecerle un cafe o un vaso de agua fria. El tocadiscos de alta fidelidad dejo caer otro disco en el eje, tan estruendoso como el anterior.

– La mayoria son enfermeras -dijo Teddy.

Costa, a pesar de ello, no se impresiono.

Ella aparecio entonces, bajando la escalera, vestida de azul y llevando sus mejores pendientes de turquesa que hacian juego con sus ojos. Su cabello, recien lavado, era de una belleza poco comun, y de tono dorado.

Un tanto a favor de ella. A Costa el azul le inspiraba confianza. Era el color celestial, el color de la Helade, el color de la pureza femenina, el color que usan los bebes del sexo masculino.

Ella beso a Teddy, y despues, ruborizandose, le estrecho la mano a Costa. La mano de ella era fragil, de pequena estructura osea.

Un punto en contra de la chica: algo de su figura inquieto a Costa. Sus piernas eran demasiado delgadas del principio al final. Una griega conveniente candidata para esposa deberia ser ancha de caderas incluso antes de quedar embarazada, pero su pecho deberia ser abundante -como era el de esta chica, sin duda- solo despues.

Costa miro entonces el rostro de ella. Le recordo… no sabria que: quizas algunas pequenas criaturas del mar que habia visto, seres transparentes y sin proteccion, cuyo modo de vida era navegar con la corriente, cualquiera que fuese su direccion.

– Papa -dijo Teddy- esta es Kitten. [3]

– Ethel -dijo ella.

– No le gusta su apodo -rio Teddy-. Unicamente lo ha tenido durante… ?cuantos anos? ?Diez?

– Estoy muy contenta por conocerlo -dijo ella al anciano-. Finalmente.

Se ruborizo de nuevo, como si se hubiese mostrado demasiado atrevida, o quiza porque Costa estaba observandola con tanta gravedad. En su sonrojo se volvio hacia Teddy, y de nuevo hacia Costa.

– Tambien yo estoy contento, senorita -le dijo Costa-. ?Como puedo llamarla?

– Me llamo Ethel. Ethel Laffey.

– Pues Ethel.

– Tampoco me gusta Ethel. Fue idea de mi madre. Nunca supe el porque.

– Bueno -dijo Costa-, ?cual de ellos…?

– ?Te disgusta menos? -pregunto Teddy riendose.

– Kit, creo -dijo Ethel-. Asi me llaman todos, Kit. Desde el instituto. O Ethel. Me da lo mismo -concluyo sacudiendo la cabeza y haciendo unos ruiditos de autodesaprobacion-. ?Que tonteria! -anadio-. ?Que tonta! Lo que quiero decir es que me llame usted como quiera porque estoy muy contenta de conocerlo, mister Avaliotis.

Costa sonrio a su hijo.

– ?La has ensenado muy bien a pronunciar mi nombre!

– Ha estado practicando -dijo Teddy.

– ?Lo pronuncio bien? -pregunto Ethel-. ?Avaliotis?

– Muy bien -la premio el viejo.

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