La musica alcanzo un tono tan alto que hizo la conversacion imposible y Costa tuvo tiempo para advertirse que no debia desviarse del cuidadoso juicio que habia venido aqui a formular. Podia constatar que Teddy estaba embobado con la chica, pero quedaban algunas preguntas que el tenia que hacer y algunas respuestas que debia oir.

Indico el ruidoso tocadiscos con un gesto perentorio, avisando a Ethel que si ella no hacia algo al respecto lo haria el.

Rapidamente Ethel acompano a los dos hombres hasta el rincon mas alejado del tocadiscos que la habitacion permitia. Habia una butaca para Costa. Ella y Teddy se sentaron en el suelo. Costa tenia las preguntas preparadas y no estaba dispuesto a perder el tiempo.

– Como conociste a Ethel, cuentamelo -pregunto con una sonrisa para demostrar su tolerancia.

– Nos conocimos en un baile -Ethel cogio la mano de Teddy.

– Que clase… ?Cierre esa condenada musica! -exclamo Costa.

Ethel se levanto de un salto y se apresuro hasta el otro extremo de la habitacion.

– ?Por que camina de ese modo? -susurro Costa a su hijo.

– ?De que modo? -pregunto Teddy.

– Como de puntillas y de esta manera -demostro Costa balanceando los hombros.

Teddy nunca se habia fijado en el modo de caminar de Ethel.

– ?Te gusta, papa? -murmuro.

Mientras hablaba con las chicas que estaban alrededor del tocadiscos, erguida e inmovil, Ethel parecia balancearse. Sus pies y tobillos, delicadamente torneados, sus largas piernas delgadas que se unian en las rodillas -un beso antes de partir- parecian un soporte inadecuado para el torso de una mujer madura, hasta voluptuosa. Tambien su cabeza, por su largo cuello, parecia en desequilibrio. Toda su persona sugeria un tulipan doblandose por la brisa.

– ?Que color tiene su cabello? -estaba preguntando el padre.

– Algunas veces me parece que es rojo -dijo Teddy-. Y despues, bajo otra luz es dorado. Sinceramente no lo se. Pero es bonito, ?no lo crees?

El tono de la musica se redujo a un nivel de compromiso y Ethel se reunio con sus hombres. Estaba ansiosa y tensa, pero sus ojos eran firmes, fragmentos de suave terciopelo azul, en contraste con su cabello y con sus mejillas enrojecidas.

– ?Que estabais diciendo sobre mi? -pregunto al regresar.

– Le gusta tu pelo -dijo Teddy.

– Muy bonito, muy bonito. Ahora, digame -dijo Costa-. ?Que clase de baile? ?Donde os conocisteis?

– ?Oh! -Ethel ofrecio su mejor sonrisa de gatita-. ?Donde fue, Teddy? -pregunto, sentandose en el suelo junto a el y colocando su mano en la de Teddy como antes.

Las venas de la mano de Ethel eran visibles como los nervios de una hoja.

– Ya sabes en donde, carino -respondio Teddy-. Fue en el baile de los reclutas, papa. Donde cenamos la noche pasada. La noche del diezmo… nos conocimos la noche del diezmo.

– Muy bonito -dijo Costa. Se volvio de nuevo hacia la muchacha en tela de juicio -. ?Por que no vive con sus padres? -pregunto-. ?Donde viven sus padres?

Ethel no respondio inmediatamente. Comenzaba a preguntarse que era lo que el viejo estaba intentando descubrir realmente. Fue Teddy el que respondio:

– Viven en Tucson, Arizona, papa.

– ?Y por que no vive tambien ella en Arizona? -pregunto Costa a su hijo-. Es un bello lugar. Vi una revista en el avion. -Se volvio hacia Ethel.- ?Quiza se peleo con su padre o con su madre?

– Nada de eso -dijo Ethel-. Vivo aqui adiestrandome para ser una enfermera.

– Y su padre, ?que dice? -Costa indico a su hijo.

– Todavia no ha conocido a Teddy. Dice que soy yo quien debo decidir.

– ?Es que no se preocupa de con quien usted…?

– Naturalmente que se preocupa, mister Ava… -Ethel titubeo en la pronunciacion y se detuvo:- Avaliotis.

– Despues de todo, papa – dijo Teddy-, yo voy a casarme con Ethel, no con su padre.

– Primeramente todos hemos de conocernos -dijo Costa a su hijo-. Esto es un asunto familiar.

– Por este motivo he estado tan ansiosa por conocerlo -dijo Ethel.

– La familia es importante para los griegos – Costa parecia que estaba rinendo a Teddy en este momento-. La sangre, ?lo entiendes, hijo? Continuar la tradicion de la familia. Sangre limpia, ?entiendes? -Miro intencionadamente a la chica.

– Teddy y yo deseamos mas que nada una familia -dijo ella.

Costa vio que le relucian los ojos al decirlo, y la creyo. Prosiguio con la siguiente consideracion.

– ?Ha tenido un novio antes? ?Otros novios?

Ethel dejo caer la cabeza como si de repente estuviera muy cansada. La levanto despues mirando a Teddy y sonrio levemente.

– Cuentale lo que me contaste a mi -dijo Teddy-. No tengas miedo.

– Si, lo tuve -dijo Ethel haciendo un visible esfuerzo-. Antes de conocer a Teddy yo tenia una especie de compromiso.

– ?Que quiere decir con eso de «una especie de…»? -pregunto Costa.

– Bueno, quiero decir… -Ethel se volvio hacia Teddy.- No se como explicarlo.

– Dile la verdad -le dijo Teddy.

Costa esperaba.

– Excusadme -dijo Ethel levantandose-. Tengo un ligero dolor de cabeza. He estado tan nerviosa todo el dia por conocerlo, mister Avaliotis. Subire en un momento y me tomare un par de «Bufferins».

Cuando Ethel hubo desaparecido escalera arriba, Costa dijo:

– Esta nerviosa.

– Quizas es mejor que lo dejes correr, papa -dijo Teddy-. Ya basta por ahora.

– Muy bien muchacho -dijo Costa-. Vamos a comer. -Miro al otro lado de la habitacion.- Esa condenada musica pone nervioso a todo el mundo.

Ethel regresaba en aquel momento y Teddy se dio cuenta de lo que su padre habia querido decir: ella andaba un poco de puntillas, alzando los talones, la expresion corporal de su esperanza de pasar inadvertida.

– ?Se encuentra mejor, miss Ethel? -pregunto Costa.

– Lo estare dentro de unos minutos -respondio ella.

– Demasiadas preguntas, lo se. Vamos, iremos a comer. Tengo apetito.

– No; quiero responder a su pregunta. -Ethel se arrodillo en el suelo, frente al viejo, y coloco las manos en las rodillas de Costa. Su rostro era como el de una nina confesando algo dificil.- Ya que me lo ha preguntado, ese otro muchacho y yo casi habiamos decidido llegar a un compromiso. Sucedio en Tucson. Entonces conoci a Teddy. Afortunadamente.

– ?Eso es todo? -pregunto Costa.

– Si, quiero decir… ?Que es lo que desea saber, mister Avaliotis?

– Casi comprometidos… ?Que significa?

– Teddy tambien estaba comprometido antes de que nos conocieramos. Usted ya sabe eso -dijo Ethel-. Y por lo que Teddy me cuenta, antes de eso Teddy tuvo sus experiencias.

– Mi padre ya sabe eso, Kit -dijo Teddy.

– Teddy es un hombre -dijo Costa a Ethel-. ?Que esperaba usted?

– Supongo que lo que estoy intentando contarle es que ninguno de los dos tiene lo que usted llamaria la pureza del lirio. ?Es eso lo que usted queria saber?

Costa bajo los ojos. Todos permanecieron silenciosos un momento. Ethel se sento sobre los talones y miro a Teddy. El chico observaba a su padre mientras este digeria la informacion que acababa de obtener.

Costa hablo a continuacion.

– Con el hombre, ?comprende?, esto es diferente. No se puede contener. Si lo hace, se pone enfermo.

Ethel miro a Teddy, con expresion de franca inocencia en el rostro.

– No lo sabia -dijo-. ?Es verdad eso, Teddy? ?Te pones enfermo si…?

– Acabo de decirselo, miss Ethel -interpuso Costa-. ?Si!

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