Desde abajo subia el ruido de diferentes musicas desde diferentes habitaciones, un sonido que altero mas todavia los nervios de Ethel.
Se cubrio las orejas con las puntas de los dedos y se metio debajo de los cobertores.
Seguia sin poder dormir.
Finalmente llamo por telefono a Teddy.
– Hola -le dijo.
– Iba justamente a llamarte -respondio Teddy.
– No puedo dormir cuando nos enfadamos.
– Tampoco puedo yo.
– Estaba pensando en lo que ha sucedido esta noche.
– Papa fue rudo.
– Me gusta, pero me asusta.
– Se necesita desfachatez para hacerte esas preguntas.
– El queria saber si yo era virgen. Es una curiosidad natural.
– Unicamente para gente anticuada como el.
– No. Son muchas las personas que lo piensan pero no lo preguntan. Todavia es importante para la gente. ?Te hace sentir mal que yo estuviera con otros antes de estar contigo?
– No pienso en ello.
– Si, si piensas en ello, Teddy.
– Antes solia hacerlo.
– No, ahora todavia. Yo creo que eso te hace sentir mal ahora. Yo tambien aborrezco la idea de que tu hayas estado con tu pequena oportunista griega. Ahora te he llamado porque… queria que supieras que despues que he vuelto y no podia dormir y he estado pensando en ti y en mi, y… lo que queria decirte es que te quiero mucho, en este mismo momento.
– Esto es todo lo que me interesa -dijo Teddy.
– Te quiero, te quiero. ?Y sabes que? El dolor de cabeza se me ha pasado.
– Ahora ya podre dormir.
– No, no duermas. Porque, oye Teddy, escuchame. Cuando nos casemos yo hare todo lo que tu quieras que haga. Voy a obedecerte en todo.
Teddy se echo a reir.
– ?Obedecerme! Esto si que no lo creo.
– Quiero que me pegues si te desobedezco. Asi es exactamente como siento, Teddy. Eres tan bobo. Estoy tratando de decirte que me ha desaparecido el dolor de cabeza y que yo… Realmente, Teddy, ?te cuesta mucho entender!
– Oh. ?Llego en un momento!
En la casa se habia organizado una fiesta con drogas; de modo que Ethel espero a Teddy a un lado de la carretera. Ella le indico donde podian ir; al final de una calle oscura habia una haya cuyas ramas descendian a pocos centimetros del suelo. Cuando entraron con el auto debajo, otro vehiculo estaba saliendo.
Ethel habia traido consigo un pequeno cojin que su madre le habia regalado. Hicieron el amor en el asiento de delante, habilidad posible para los jovenes.
Se elevaron en vuelo. Ethel olvido que habia un mundo.
Cuando regresaron a la tierra, aterrizaron juntos, agotados, felices y sin nada importante que decir.
Ethel hablo consigo misma en voz alta:
– Nosotros conseguiremos que de resultado -dijo con toda la confianza en lo imposible que se tiene despues de haber hecho el amor-. Teddy…
– ?Que?
– Yo creo que el tambien estaba nervioso.
– Ya te lo dije; por eso se emborracho tan aprisa.
– Oh pobrecillo… querido viejecito.
– Esta asustado por si tu padre y tu madre lo encuentran demasiado tosco o poco educado, creen que es lo que el llama un
– No me importa lo que diga mi padre, tu lo sabes bien.
– Esa no es la cuestion. A Costa Avaliotis le preocupa.
– A lo mejor simpatizaran. Quiza.
Sin embargo, Ethel no lo creia posible. Su padre, el doctor Ed Laffey era cirujano, un inflexible profesional. Su madre era una invalida para quien parecia no existir curacion. El doctor Laffey llevaba su casa como un hospital con un solo paciente.
– Tengo una idea -dijo Ethel-.Manana nos montamos en un avion, los tres, y volamos a Tucson. Tal como dijo tu padre, todos hemos de conocernos. Tendremos el resultado final una hora despues que ellos se hayan conocido.
– Entonces que se joroben; nosotros haremos lo que queramos.
– Oh, Teddy -exclamo Ethel, reviviendo su extasis.
– Pero creo que le eres simpatica. Quiero que sea asi. Quiero que el sea feliz.
– Ganare su carino.
– Esa es la idea. Ya es demasiado viejo para un revolcon pero si puede apechugar con mucho mimo.
– Le dare todo el que quiera. Y a ti tambien.
– Ven aqui.
– Teddy, te quiero tanto…
– Y callate.
– Teddy, recuerda, no llevo eso dentro…
Cuando Ethel era feliz, todo lo demas desaparecia.
Se paso el resto de la noche sonando con su amante. Era un sueno infantil, realmente, y sucedia asi: si ella y Teddy hicieran el amor bajo la mirada de su padre -esa era su fantasia- Costa sabria lo feliz que ella hacia a su hijo. Ethel vio entonces que la cosa sucedia realmente de ese modo, y Costa se mostraba muy grave en las circunstancias, comentando: «modo conveniente» o «estilo adecuado» o algo muy fuerte que la hacia reir, y…
El telefono la desperto.
– Todo convenido -dijo una voz.
– ?Quien? ?Como? ?Teddy? ?Eres tu?
– ?A quien esperabas?
– Estaba dormida. Espera un minuto.
Se metio debajo de los cobertores con el telefono y doblando las rodillas hasta la barbilla se acurruco con el en la oscuridad.
– ?Convenido con quien? ?Con el? Estupendo.
– Con una condicion: que tu vas primero y el y yo iremos tres dias mas tarde.
– Oh, no.
– Se lo dije. Eh, papa, ella no va a tardar tres dias en preparar a sus padres. «Ya veras como yo tengo razon», me respondio. Esta sufriendo una resaca y esto lo hace mas testarudo.
Ethel ya estaba despierta.
– No quiero pasar tres dias con mi padre -dijo-. No quiero pasar tres dias en esa casa con mi madre. No quiero pasar tres dias sola en Tucson.
– Bueno, pues tendras que hacerlo.
– ?Por que?
– Porque yo lo dispongo asi. Obedeceme y calla. Porque el lo quiere asi. «Modo conveniente», dice el. «Mi padre…» y no se que mas. A proposito, le gustas. «Una persona de alto nivel», dijo. Asi es como habla mi padre, como si tu estuvieras presentandote para alcaldesa. «Excelente persona.» ?Jo, jo! Levantate. Tengo tu billete para
