Se quedan cerca de la costa y nosotros trabajamos mar adentro, en mar agitado, en cualquier tiempo. No pueden seguirnos. ?Por que estoy contando todo esto? ?Se acordara, miss Ethel? ?Una chica bonita? ?Eh? ?Cual es la diferencia? Me acuerdo de aquel viaje que cogimos una gran pesca de esponja. Cuando volvimos a Tarpon Spring, un viaje de tres dias hasta alli, la gente viene al puerto, se asombra con tanta esponja que traemos, como cuentas en cada cabo que podemos atar al bote. ?Y el olor! La esponja es como usted y como yo: cuando muere, huele mal. Mi tripulacion sacaba las tripas de esas esponjas, bum, bum, bum, en cubierta. Pero yo no. El buceador numero uno saca las esponjas, pero la limpieza, eso es para la tripulacion. Yo me meto en mi auto… en esos dias tenia un bonito auto, «Oldsmobile Ochenta y Ocho». Voy a casa de mi amiga; irlandesa, pero muy simpatica. Ella me espera. «?Como sabia que yo habia regresado?», le pregunte. «Te he olido – me respondio -. ?Nadie apesta toda la ciudad como tu, Avaliotis! Vamos, primero toma un bano.»

– ?Que hicisteis entonces, papa, tu y tu amiga irlandesa?

– De esas cosas no se habla frente a una jovencita. Pero si te dire algo, chico: cuando llego el momento del matrimonio, fui a procurarme una chica griega adecuada. Encontre a tu madre en el distrito de Astoria, en Nueva York.

– Pero, papa, tu has dicho que todo esto sucedio con la chica irlandesa cuando yo tenia tres anos.

– Error -dijo Costa. Y de pronto parecio formidable-. Cuando me case con tu madre, muchacho, no hubo mas negocios sucios con otra mujer. Jovencita, llevo treinta anos de casado. Nunca he tocado otra mujer.

Costa miraba a Ethel fijamente a los ojos, como desafiandola.

– Le creo -dijo ella-. Ahora, ?puedo hacerle una pregunta?

– Lo que quiera, jovencita.

– ?No se hubiera sentido usted mas feliz si Teddy se hubiera casado con una chica de su propia gente?

– ?Usted me pregunta eso a mi?

– Es una pregunta natural.

Ethel miro a Teddy. El le tomo la mano.

– Si -respondio Costa-, seria mas feliz.

– Bueno, pues yo no -replico Teddy-. ?Que te parece eso, papa?

– No pude evitarlo -dijo Costa-. Ella me ha hecho la pregunta.

– Gracias por decir eso -dijo Ethel a Costa-. Tengo dolor de cabeza de verdad. Me gustaria ir a casa.

Acompanaron al viejo hasta la posada y Costa subio a su habitacion y rezo.

– Veo que ella no bebe -dijo a Aquel que el esperaba estuviera escuchandolo-. Quiza porque yo estoy vigilando, ?verdad? No es una chica limpia, ella misma lo ha dicho. Pero encontrar una tilica norteamericana limpia… ?vivire lo suficiente para encontrarla? Lo que veo es esto: Teddy la ama. Cuando ella habla, que no es mucho, el sonrie como un hombre embobado. No obstante, creo que ella es mas lista de lo que parece. Pero ahora ya no entiendo a las mujeres jovenes. Ese es mi problema. No me queda mucho tiempo para vivir, y Teddy tiene veintitres anos, asi que si ahora digo no, es cosa de meditarlo muy cuidadosamente, ?verdad?

Para remachar su argumentacion, rezo en griego, en frases mas formales.

Despues, habiendo hecho cuanto podia hacer para solucionar el problema, se quedo dormido.

2

No hablaron. La mano de Ethel estaba en la portezuela. Teddy situo el coche junto al bordillo de la acera de la casa de Ethel y dio un tiron del freno de emergencia, como si intentara arrancarlo del suelo. Ella abrio la puerta.

– ?Espera un minuto! -exclamo el-. Dime por que me miras de ese modo.

Teddy estaba dirigiendose a la parte posterior de la cabeza de Ethel.

– Toda la noche. Tan enfadada conmigo por lo visto.

Ella siguio sin responder.

De las diferentes partes de la casa en donde ella vivia llegaban ruidos de musica y repentinas risas.

– ?Es mejor que digas algo ahora, y rapidamente!

– ?Por que no haces lo que el quiere, y te casas con una de vuestras…?

– ?Por que no te vas a la porra! Cierra la puerta. -Se inclino y dio un portazo.- ?Que es lo que te pasa ahora, por ejemplo? ?Ahora mismo?

– Nunca te habia visto -dijo Ethel- del modo que te mostrabas ante el.

– ?Que querias que hiciera cuando me golpeo… darle un punetazo?

– Toda la noche estuviste fingiendo con el, y dandole apoyo, y cuando yo necesite ayuda me dejaste ahi sola.

– Le caiste bien, ?no es asi? Lleve el asunto del unico modo posible con el. ?Crees que es un hombre facil? Intenta alguna vez hacerle cambiar de opinion sobre algo que esta perfectamente claro, como si esta o no esta lloviendo. Si no hubiera suavizado las cosas un par de veces esta tarde, seguirias todavia en tu aseada habitacion pintandote las unas y pensando cuando se rendiria el viejo y accederia a verte. Hago lo que he de hacer para conseguir los resultados que deseo. ?Que hay de malo en ello?

Ethel volvio la cabeza y lo considero como si fuese un extrano.

– Y ahora, ?que es lo que quieres con esa maldita mirada de superioridad? -dijo Teddy-. Me he pasado la vida manejando a ese hombre, asi que no me des lecciones en ese arte. Suave como el vison contigo, claro. «?Miss Ethel! Bonita chica.» Toda esa comedia. Pero contradicele alguna vez, a ver si te atreves, y preparate a salir corriendo.

– ?Por que no hablar honestamente con el?

– Porque tiene la cabeza dura. Mi madre lo lleva igual que yo. Los dos lo hemos visto en pleno furor. Y hay algo mas, que tu no comprenderias porque naciste rica. Cuando yo estaba en esa Universidad juvenil, el consiguio el dinero necesario, hasta el ultimo centavo, de una misera tienda de cebos y cerveza. Y yo voy a pagarle con aquello que el aprecia mas, ?respeto! Por eso le he pagado el billete hasta aqui. ?Crees que lo necesito para que me diga que es lo que debo hacer?

Ethel seguia mirandolo friamente.

– ?Que demonios debo hacer contigo… estar dandote pruebas todo el tiempo? -Teddy ardia en colera.- ?Es asi como vamos a vivir? Si es asi, ?que buen provecho te haga! Anda, ve a tu casa. No quiero molestarme mas contigo.

Girando la llave de encendido, piso el acelerador. El motor rugio. Ella corrio.

La casa donde Ethel vivia estaba al borde de un cerro y habia sido una gran casa cuando se construyo hacia cincuenta anos. Las torres gemelas a cada extremo de la fachada habian proporcionado una impresionante vista del puerto. Ahora estaba frente a una hilera de bloques construidos en las laderas de la colina. Esa era la perspectiva que Ethel disfrutaba.

Compartia una pequena habitacion de la torre con una chica a la que casi nunca veia. Esa joven enfermera, prometida a un abogado, solo utilizaba la casa para lavarse el cabello, cambiar de vestido y recibir la correspondencia de sus padres. La mayor parte del tiempo Ethel disponia de la habitacion para ella sola, como ocurria esa noche.

Ethel no podia dormir.

La otra cama estaba cubierta con los desechos del rapido cambio de vestidos de su companera de cuarto; unos panties usados, varios cinturones que se habia probado y decidido no llevar, un espejo y varios frasquitos de sombra de ojos en tonos ligeramente diferentes, un perfilador de ojos con la punta rota, una pequena botella de plastico con desmaquillador, una bolsita de torundas de algodon para esparcir el liquido, dos toallas, una de ellas sucia de maquillaje, un secador de pelo, el tubo semejante a un pedazo de intestino blanco, y una copia del Photoplay que la chica habia estado leyendo mientras se secaba el cabello. Todo habia sido usado con prisa, y se habia dejado alli en donde habia caido.

Por alguna razon, el desorden, al que Ethel ya estaba acostumbrada, aquella noche la deprimio, quiza porque sugeria la ansiedad de su companera por encontrarse con su amante.

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