– Vayamos a cenar -dijo Teddy.
Pero nadie se levanto. Hubo un silencio mientras cada uno de los tres intentaba comprender que habia sucedido.
Costa rompio la tension.
– ?Conoce usted el nombre de mi chico? -pregunto.
– ?Quiere decir… Teddy?
– Su autentico nombre. ?Nombre griego?
– Theophilactos.
– ?Que significa?
– Guarda de Dios. ?No es eso lo que me dijiste, Teddy?
– ?Error! ?Que clase de proteccion necesita Dios? Significa
– No siempre, papa -dijo Teddy.
– No quiero oir hablar de la otra -dijo Costa.
Todos sonrieron. Costa lo habia soltado como un chiste.
– Vamos, vamos a comer. -Costa se levanto.- Hay un lugar aqui, me ha dicho un pajarito, donde tienen caracoles marinos frescos. Me gustan los caracoles. ?Y a usted, miss Ethel?
– Si me gustan. Pero, con toda franqueza, no me siento demasiado bien. Creo que seria mejor que me tomara una sopa y me fuera a la cama.
– No, no, no -dijo Costa-. No habra mas preguntas, ?palabra! Vamos, jovencita. No soy tan malo. Anticuado, seguro, algunas veces condenadamente estupido, pero hay algo seguro… mi familia lo es todo para mi, ?comprende? Solo tengo un hijo, este muchacho de aqui.
– Ya basta, papa -interrumpio Teddy.
– Y quiero un nieto con mi nombre antes de morir.
– Papa, quieres callar un poco, por favor.
Subitamente. Costa dio un golpe en mitad de la espalda de Teddy con la mano abierta, y sus brazos fuertes siguieron la direccion del antebrazo con la fuerza adquirida por la mucha experiencia.
Teddy, perdiendo el equilibrio, lo acepto con una sonrisa.
– Un tipo fuerte -dijo a Ethel.
Ethel penso, ?estaria Costa enojado con Teddy, o con ella?
Cuando entraron en el auto de Teddy, Costa ya se habia tranquilizado.
– El chico tiene razon -dijo mientras la ayudaba a instalarse en el asiento frontal y se deslizaba junto a ella-. Se acabaron hoy las preguntas. Desde ahora, hoy solo habra diversion.
Antes de cenar, Costa tomo un par de tragos, y con el plato principal se tomo un doble, y en lugar de tarta de lima pidio conac que comparo desfavorablemente con el «Metaxa». Pero lo mantuvo excitado y pronto comenzo a envanecerse.
– En aquellos dias -dijo a Ethel que habia permanecido silenciosa durante toda la cena- eran griegos contra
– Los griegos naturalmente -dijo Teddy a Ethel.
– Exacto -dijo Costa-. ?Que sucede jovencita? No dice palabra.
– Ella es asi algunas veces, papa.
Costa cogio la mejilla de Ethel entre los nudillos de sus dedos indice y del medio, y la zarandeo.
– Una chica condenadamente bonita -dijo -, sobre todo despues de un par de tragos.
Ethel retiro su mejilla.
– Tiene dolor de cabeza, papa -dijo Teddy.
– No importa, no importa, no es nada. ?Que estaba diciendo? Ah, los
– ?Como podria ella saber eso, papa?
– Patanes. Estupidos. Como asnos.
– Papa, los de la mesa de al lado estan escuchando.
– Muy bien, hablare bajito -murmuro-. Pues, una noche en Port Everglade… Ethel, ?me oye bien?
– Oh, si.
– Teddy era un bebe todavia, tres anos. Nunca ha oido esta historia.
– La he oido diez veces, papa.
– Pues la escuchas diez veces mas -dijo Costa-. Y estate quieto cuando habla tu padre. Tambien el maldito camarero melenudo que traiga aqui otro infame conac.
Teddy busco al camarero.
– Nosotros sentados, Ethel, ?escucha!, en ese bar
Ethel desvio su mirada.
– Teddy, tu padre quiere otro conac -dijo.
Costa termino el que tenia.
– Escuchad, pues -dijo-. Estabamos en ese bar
Ethel sonrio. Entonces, como si hubiera entendido justamente en aquel momento lo que habia contado Costa, rio un largo rato con vehemencia, como un nino.
Animado, Costa inicio ruidosamente una cancion griega.
– ?Que le ha parecido Ethel? -pregunto al terminarla.
La pareja de media edad de la mesa de al lado se levanto y abandono el lugar.
– ?Papa! -le indico Teddy.
– No sera demasiado atrevida, creo. ?No es asi, Ethel?
– Bueno, no entiendo las palabras, de modo que…
– Mal traducido -explico Teddy- dice: «Yo soy un tipo formidable y mi fuerza probare. Tomare un trago mas de lo que debiera. No me importa lo que diga mi mujer.»
– Es mejor en griego -dijo Costa.
– Tambien la he oido cantar mucho mejor -respondio Teddy.
– No seas insolente frente a tu padre, chico -dijo Costa. Le habian traido ya su conac y agarro al camarero por el brazo, reteniendolo-. Tome un trago, jovencita. Vamos. Le doy permiso.
– Papa, le duele la cabeza.
– Deja que ella hable, Teddy, por el amor de Dios. De repente, no habla.
Ethel sonrio debilmente.
– Papa, cuando se tiene dolor de cabeza, duele si se habla. Ademas estas…
– Hablo suficientemente por todos, ?verdad?
– Asi es. Deja que el camarero se vaya, papa. Estas sujetandolo.
– Muy bien, senor camarero, vayase. -El camarero se alejo.- Cabello largo, Ethel, ?lo vio usted? No me gusta el camarero de cabello largo; tampoco la mujer camarero. No es bueno. Cuando se inclinan, quien sabe que clase de microbios, etcetera, etcetera, caen sobre la comida. Me gusta el camarero negro. Cabello corto, ?verdad? Si. A ver que contaba. Los
