el avion de las once y veinte.
– ?Me llevaras al aeropuerto?
– He de atender mi clase.
– Esa maldita clase. Deja que otro se haga cargo.
– No quiero que otro se encargue. Especialmente si voy a dejarlo tres dias despues. Apresurate ahora. Vistete.
Antes de salir de la cama Ethel consiguio que Teddy accediera a llevarla hasta el autobus del aeropuerto. Media hora mas tarde Teddy estaba bajo su torre, llamandola.
– Bajo ahora mismo -grito Ethel a traves de la persiana de la ventana.
Pero no bajo en seguida. A pesar del hecho de que el viejo producia un estremecimiento de temor en ella cada vez que el la miraba, lo que segun ella era agradable, y quizas era asi, Ethel se sintio aliviada al no tener que verlo aquel dia. Le inspiro un deseo perverso. Decidio ponerse el vestido que a el le gustaria menos entre los que ella poseia. Su eleccion, despues de mucho considerar, recayo en un vestido blanco de seda tan ligera que flotaba cuando ella se volvia. Lo complemento con un chal amarillo que daba realce a su cabello. Las chicas la detuvieron abajo para decirle cuan intolerablemente
– Otra vez con retraso -le dijo Teddy cuando finalmente Ethel cruzo la puerta y corrio por el paseo hasta donde el se habia detenido. Entonces se dio cuenta del vestido-. ?Algun novio en Tucson o algo parecido? - pregunto-. ?Algun valenton que va a esperarte al aeropuerto?
– ?Por que dices eso?
Ethel entro en el auto y tiro del borde del vestido, recatadamente, cubriendose las rodillas.
– ?Tu vestido!
– ?Que pasa con mi vestido?
– Nada para un extrano. Puedo ver tus pechos.
– Crei que te gustaban.
– ?Que clase de respuesta es esa?
– Ahora no vamos a ver a tu padre, asi que…
– Mi padre esta en este momento frente a la posada esperando para despedirse de ti. Hubieras debido ponerte otra vez tu vestidito azul.
– ?Y que hubiera dicho tu padre de esas pequenas manchas blancas que dejaste anoche en mi vestido?
Teddy tuvo que reir.
La reaccion de Costa ante el vestido de Ethel fue menos discreta.
– Que clase de vestido es ese, por el amor de Dios.
– Solo un vestido ligero… En Tucson se esta casi a cien grados. [4] Llame a mi padre por telefono y esta deseando conocerlo.
– Puedo verlo todo.
– Ah, ?el vestido? Las chicas ahora se visten de esta manera -dijo Ethel con voz mimosa.
– ?Que clase de chicas?
– Chicas como las de la casa en que vivo. -?Van a casarse esas chicas?
– La mayoria de ellas asi lo esperan.
– Pues que esperen. Nada que hacer aqui, lo garantizo.
Hablo entonces a su hijo, energicamente, en griego. A lo que Teddy replico:
– No podernos, papa. Ya tenemos el tiempo muy justo para llegar al autobus.
– Lo siento -dijo Ethel cuando se dirigian a la autopista-. Si hubiera sabido que ibamos a vernos con el… ?Que es lo que te dijo en griego?
– Me dijo que te llevara a casa y te hiciera cambiar el vestido.
– ?Que
– ?Asi es! Y que si yo no conseguia hacer de ti una mujer al estilo griego con toda rapidez, seria el mismo quien lo hiciera.
– No quiero irme… no quiero irme… no quiero dejarte -repetia Ethel una y otra vez durante todo el camino a la ciudad.
– Tres dias -dijo Teddy.
– En tres dias pueden suceder muchas cosas. En tres dias puedes olvidarme. ?Que vas a hacer? Dimelo. Cada dia, ?que haras?
– Mi padre. Cada dia. El hablara, yo escuchare.
Dieron la vuelta a una esquina y llegaron a la estacion de autobuses.
– Nunca mas quiero estar sola -dijo Ethel-. Me asusta dejarte, Teddy. -Se apoyo firmemente contra el y murmuro: – Teddy, realmente, ?por que no me llevas todo el camino hasta el aeropuerto? Iremos a la parte de atras, a ese aparcamiento en donde estuvimos aquella vez… ?te acuerdas de aquellos autobuses escolares estropeados? Entonces me sentire mejor.
– Me habias dicho que no te gustaban los trabajos rapidos.
– Prefiero eso a nada.
– ?Que hora es?
– Vamos. Vayamos. Podemos hacerlo. No seas tan meticuloso.
– Mira, ahi esta tu autobus cargando gente. -La empujo suavemente alejandola del volante, se sentia tan halagado, y dirigio el auto hacia el bordillo.- Vamos, nena, cogelo. ?Solo seran tres dias! Y llamame. Cada dia. Estare esperando que me llames.
En el trayecto del autobus hacia el aeropuerto, Ethel penso que los tres dias siguientes que ella no queria pasar sin Teddy serian durante mucho tiempo los ultimos tres dias que estaria sin el.
Se sintio sola y sin proteccion. Y en el tipo de peligro que en otros tiempos habia gozado.
En Tucson fue la ultima en salir del avion y no se apresuro con el resto para recoger su maleta. Camino lentamente hasta el ardiente sol y permanecio de pie, expuesta a su fortaleza. Tomo una decision y se dirigio al mostrador de «Avis» para alquilar un auto.
Ethel no pensaba ir a su casa.
Rodo lentamente en la direccion opuesta, hacia las montanas del norte. Al pie de las primeras colinas habia una ultima calle larga que acababa en pleno desierto. Ethel se detuvo alli en donde terminaba, frente a una pequena cabana blanca. Parecia abandonada.
En la guantera del auto alquilado Ethel encontro un papel de multa por aparcamiento que el anterior ocupante no habia atendido. Escribio en el papel: «Erriie, ven por favor esta noche en nuestro sitio Tex-Mex. Necesito hablar contigo.» Y firmo: «Kit.»
Salio del auto y se encamino hacia el deteriorado edificio. A un lado de la cabana habia un viejo jeep «Scout» que no parecia funcionar. La puerta de la cocina no estaba cerrada con llave. Cuando se iba a trabajar, Ernie dejaba abierta la puerta de su casa. Aunque siempre lo hacia.
El exterior de la construccion estaba en mal estado; casi toda la pintura habia sido arrancada por la arena que el viento arrastraba. Pero en su interior era mas bien alegre. Todas las paredes estaban cubiertas con recortes y fotografias de periodicos y revistas, todos con algun significado especial y particular puesto de relieve por los garabatos que Ernie habia anadido en los margenes y rincones. Iban de lo mas serio a lo mas trivial, lo trivial considerado seriamente, y lo serio ridiculizado. Un
Ernie era hijo de un rico magnate en el negocio de Seguros y de bienes inmuebles.
El fregadero estaba lleno de cacerolas y sartenes sucias. La mesa habia quedado puesta desde la cena anterior. Ethel observo que la noche anterior alli habian cenado dos personas.
Descubrio que la tetera para calentar el agua estaba caliente y al mirar al otro cuarto -solo habia uno- por la puerta abierta, vio a Ernie. Estaba dormido, desnudo, boca abajo, sobre su colchon en el suelo exactamente igual como ella lo habia visto cinco meses atras.
