– Si. Siempre seremos amigos. No importa lo que hagas.

– Gracias -dijo Ethel-. Realmente. Muchas gracias. Entonces, aliviada, con los ojos cerrados todavia, se tendio y rodeo a Ernie con sus brazos, como si lo estuviera haciendo en suenos y apoyo la cabeza en el hombro de el.

– Ahora te creo -le dijo -. Creo que no estas enfadado conmigo. Me siento mejor.

– Asi que no llores mas.

– De acuerdo.

Ernie no se acerco mas. Quedaron inmoviles.

– Ahora tengo alguien bueno de verdad -murmuro Ethel.

– Me alegro por ti.

– Mira, Ernie, yo necesito que alguien me diga como he de ser, lo que esta bien y lo que esta mal. Y el lo hace.

– Pues esta muy bien. No llores mas.

– Ahora lloro porque soy feliz. Por hablarte como lo hago. He echado de menos nuestras charlas, Ernie. Me preocupaba por ti. Como, por ejemplo, si ya habrias mandado arreglar este maldito colchon. ?Por que por lo menos no le das la vuelta? Vamos. Levantate.

Dieron la vuelta al colchon, poniendo la cabecera a los pies.

– Gracias -dijo Ernie-. Tiene mejor aspecto. Mas trabajo del que he hecho en una semana. -Se tendio otra vez.- Vamos, hablame de el. ?Como se llama?

– Teddy. Tapate un poco, ?quieres?

– Ven aqui conmigo y nos cubriremos los dos -dijo Ernie retirando la sabana y metiendose debajo -. Vamos, como soliamos hacer, para hablar solamente.

Ella se tendio conservando sus panties.

– Ahora habiame de Teddy.

Ethel le hablo de Costa, de su visita, y Ernie la escuchaba atentamente y sin interrumpirla, sin contradecir su interpretacion de los hechos ni corregirla en ningun juicio. Ernie sabia escuchar. Ella le conto como la habia interrogado Costa, el cambio del viejo cuando se emborracho, la cancion que canto y lo peligroso que parecia cuando se enfadaba y cuanto la habia asustado. Le hablo de su honradez y de que el reconocio la verdad cuando ella le pregunto si no hubiera deseado que Teddy se casara con una de su gente, y de los fuertes lazos familiares, que ella nunca habia conocido nada igual, que su propia familia no era nada.

– Y tu… ya sabes.

– Ya se -dijo Ernie-. Nada. Pero oye, has estado hablando solo del padre. Y el hijo, ?como es? ?Teddy?

– Oh, es un chico realmente bueno. Siempre me lo cuenta todo. Yo se en todo momento lo que esta pensando. Me grita cuando cree que me he equivocado. Nadie lo habia hecho antes… excepto mi padre. Pero me gusta que Teddy lo haga porque significa que se preocupa por lo que yo hago.

– ?Y yo no?

– Ernie, tu nunca te preocupaste. Tu nunca te enfadaste conmigo.

– Solias decirme que eso te gustaba.

– Me gustaba.

– Yo era tu ideal, solias decir. -Ernie se echo a reir al recordarlo.

– Lo eras. Pero todo ha de tener un significado, ?no es verdad Ernie?

– No.

– Mira. Navegamos con la corriente, adonde sea que nos lleve. Pero este maldito viejo griego, es feroz. Para el, todo ha de ser de cierta manera. Y yo lo necesito… No lo hagas, Ernie.

Ernie, avanzando la mano por la espalda de Ethel hasta la extremidad del hueso entre sus nalgas, la habia atraido hacia el, de modo que ella quedo apretada contra el, su vulva presionando el hueso de la cadera de Ernie.

– Me alegro por ti -dijo Ernie-. Finalmente has encontrado el tipo que te conviene, me parece a mi.

– Se que asi es. No hagas eso, Ernie.

– Quedate quieta.

– De acuerdo, pero no hagas eso.

Le producia un placer. ?Ernie era un hombre tan perfectamente tranquilo, tan pasivo! Su indiferencia… ?Oh Dios! Eso seguia excitandola. Era algo perfecto estar alli juntos, de aquel modo, hablando. Tal como ella lo recordaba, la cara descansando entre el hombro y la cabeza de el. Ethel observo otra vez que a pesar del calor, mas de noventa, Ernie parecia fresco. En el dia mas caluroso, Ernie tenia una brisa particular que soplaba sobre su cuerpo. Teddy sudaba cuando hacia el amor, especialmente antes; Ethel adivinaba siempre cuando lo deseaba porque se ponia sudoroso. Pero Ernie siempre estaba tan tranquilo y fresco.

– No, Ernie, por favor, no hagas eso.

– No lo hago. -Cogio la mano de ella que coloco en su pene. Estaba lacio.- ?Lo ves? Vamos, sigue, habiame del hijo.

Ethel quito la mano.

Susurrando, ya que el estaba tan cerca, le conto por que habia venido a Tucson.

– El y Teddy llegaran pasado manana -dijo-. El viejo me dijo que yo viniera primero y preparara a mis padres para su visita. No me preguntes que quiere decir con esto… preparar a mi familia, dijo el… ni lo que se supone que debo hacer. Pero lo que ese viejo ordena, ha de hacerse.

– ?Por que no estas en tu casa ahora, haciendo lo que sea que debas hacer?

– Tenia que verte. Me sentia tan avergonzada por alejarme de ti de aquella manera. Sabes, no entiendo como soy, Ernie. Como ahora, todavia siento algo hacia ti. Mis sentimientos no estan ahogados como deberian estar. Pero algo si se con certeza… amo de verdad a Teddy. De verdad.

Ethel le apreto con fuerza para que el la creyera.

– No es un capricho pasajero, Ernie. Estoy enamorada. ?Lo comprendes?

– Si. Lo comprendo. Quitate esto.

– Ernie. No.

– Vamos. No me gusta estar desnudo y que tu no lo estes.

– No lo hare, Ernie. Me vestire y me ire a casa si sigues por ese camino.

Diez minutos despues ella se saco los panties sin que el se lo pidiera.

Lo tomo en su boca, y tiro suavemente de el, del modo que solia hacerlo, mientras el permanecia echado con los brazos doblados por detras de la cabeza.

No consiguio una ereccion.

– Estas enfadado conmigo, de acuerdo -dijo Ethel, levantando la cabeza del organo viril que estaba alargado pero flojo y metiendolo de nuevo en su boca.

Siempre habia existido aquella cuestion, recordo Ethel, de si ella podria o no podria excitarlo. Ernie era el unico muchacho que ella habia conocido con el que le correspondia a ella ser el agresor. Siempre habia tenido que ir detras de Ernie, esperando ansiosamente que, tarde o temprano, el responderia.

– Tienes buen aspecto -dijo Ernie, mirandola desde arriba.

Ella alzo la cabeza.

– ?Realmente lo crees?

– Si -respondio el.

Ella volvio a la carga.

– Esto significa que el debe ser bueno para ti.

Ethel asintio.

Aun cuando finalmente consiguio excitarse, Ernie no cambio de postura. Lo que mas le complacia era esperar, mientras quienquiera que fuese que estuviera con el, se acaloraba y apasionaba hasta estar fuera de control. Ernie gozaba reteniendose, observando como su pareja se afanaba, presionando, en tension, esperando que el se excitara, inquietandose por si lo conseguiria, pensando si algo de lo que ella estaba haciendo no era adecuado… Y, finalmente, ?que emocion cuando a el se le endurecia!

Y ahora sucedio.

Ella lo cogio y lo puso dentro de su cuerpo.

– No llevo nada ahi dentro, Ernie -le dijo.

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