Sacandose las sandalias se acerco de puntillas evitando los envases vacios de cerveza y se sento al borde del colchon, esperando inmovil.
Conto siete gatos en la habitacion… tres mas desde su epoca.
Ernie tenia los musculos suaves y redondos de lo que no era: un campeon de natacion. No hacia ejercicio, pero nunca aumentaba de peso. Su piel era de un moreno dorado y su cabello mas claro, pajizo. La imagen de un apolo moderno. Un joven con quien la naturaleza se habia mostrado tan prodiga que nunca se vio impulsado a ponerse a prueba.
La sabana habia quedado hacia atras junto a su cabeza y Ethel vio la quemadura que Ernie habia hecho meses atras en el colchon con un cigarrillo abandonado. No se habia molestado ni en dar la vuelta al colchon.
Un viejo despertador estaba en marcha: las dos cincuenta y dos. Ernie, recordo Ethel, habia tenido un trabajo, una especie de hombre para todo en la Granja Experimental del Estado. Pero con frecuencia no se molestaba en acudir al trabajo y la gente de la Granja no hacia caso de su obstinacion. Ernie trabajaba cuando necesitaba dinero.
La zona alrededor del colchon era familiar para Ethel. Seguian ahi los mismos libros, apilados, y revistas y periodicos por todas partes. Habia una nueva coleccion: unos pequenos cactus extranos en botes de cafe y tambien piedras partidas por la mitad para revelar sus sorprendentes dibujos interiores.
– Has vuelto. -Un murmullo.
Ethel no se habia movido. Tampoco Ernie.
– Si.
– ?Has traido la cerveza?
– ?Que?
– Ibas a buscar seis
Ethel se acordo. Cinco meses atras habia salido para un recado de veinte minutos y no regreso.
Ernie se volvio lentamente y vio quien estaba alli.
– Oh, si eres tu,
– No he traido cerveza.
Ernie le hizo un regalo, su gentil sonrisa. Tenia aquello que ella recordaba, un unico hoyuelo.
– ?Muy enfadado conmigo? -pregunto Ethel.
– Hacemos lo que hemos de hacer, nena.
– ?Te llego mi carta?
– Llego, pero todavia no ?a he leido.
– ?En tres meses? No era una carta tan larga, Ernie.
– Comprendi en seguida lo que sucedia. No necesitabas una carta larga.
– ?Asi que estas enfadado conmigo?
– ?Que es lo que decias que ibas a hacer?
– Casarme.
– ?Oh, Dios mio!
– ?Que quieres decir con eso?
– ?Sabe el en donde
– No eres muy amable al decir eso, Ernie.
– Simplemente la realidad. ?Quieres mirar si me encuentras un cigarrillo en alguna parte?
Ethel se levanto y comenzo a mirar a su alrededor.
– Se lo he contado todo -dijo.
– Si lo hiciste, has ido demasiado lejos. Mira en mis calzones.
Sus pantalones estaban en el suelo alli en donde los habia dejado caer Ernie.
– Casi todo. Aqui. Solo queda uno.
– Ahora una cerilla. Cuando vayas al almacen traeme un carton de «Kool». Y cerveza tambien, seis latas y quizas algunos «Fritos» y tambien la revista
– ?Que te hace pensar que voy a ir al almacen?
– Todos lo hacen, antes o despues.
Ethel habia encontrado una cerilla y estaba encendiendo el cigarrillo de Ernie.
– ?Como es que no estas en tu trabajo?
– La noche pasada estaba leyendo este libro, me intereso mucho y queria terminarlo.
– Veo que ayer estuviste aqui con una amiga.
– Ella preparo la cena. Entonces le dije que se fuera.
– El mismo Ernie de siempre. ?Quieres que arregle esto un poco?
– Si tienes ganas. No lo hagas por mi. Deja que te mire.
Lo hizo, a traves del humo del «Kool», y sonrio carinosamente.
– Tienes buen aspecto -dijo.
– Estoy bien.
– De hecho, estoy contento de verte.
– Estuve a punto de no venir. Temia que estuvieras mosqueado conmigo.
– ?Por que?
– Por desaparecer como lo hice. ?Lo estas? -Teddy, penso Ethel, hubiera armado una escandalera.- No voy a culparte por ello, asi que dime la verdad.
– No hace falta que pasemos otra vez por esa mierda, ?no crees?
– Lo quiero, Ernie. Deseo que me perdones.
– Ya lo he hecho. Ademas, ya lo esperaba.
– ?Esperabas que?
– Que en el ultimo minuto lo pensaras mejor y te fueras. Me senti muy aliviado. Yo mismo estuve a punto de echarme atras.
– ?De verdad, Ernie? ?O lo haces para que yo me sienta mejor?
– Despues que te fuiste, me acerque a ver este lugar que habias encontrado. Me gusta mas esto de aqui. Tiene un aspecto infernal, pero… bueno, imagina todo el esfuerzo para trasladar todo este arte y esta sabiduria que he pegado por las paredes. ?Seria como trasladar la Capilla Sixtina! -Miro con satisfaccion las paredes de su cuarto. – Tengo algunas cosas nuevas realmente bellas. Da una vuelta alrededor y… ?Estas llorando? Por el amor de Dios,
– Estoy avergonzada de mi misma -dijo Ethel- por desaparecer de aquella manera, sin una palabra.
– ?Avergonzada! Es la emocion mas inutil que existe. La verguenza y la culpabilidad… no se lo que es peor. ?Ves lo que dice ahi? -Senalo un lugar en el muro.- Ingrid no-se-cuantos, la estrella de cine, lo dijo: «El secreto de la felicidad es una buena salud y una memoria corta.» Arrancalo y llevatelo. Hiciste lo que debias. No era una buena idea que vivieramos juntos. Si tu pagases el alquiler, que tendrias que hacerlo ciertamente, yo me hubiera sentido obligado. Hubiera terminado odiandote. ?La tension de la fidelidad! ?Y mis gatos! Aqui son libres. ?Que hubiera hecho yo alli… estar limpiando lo que ensuciaban? No, estamos mejor aqui, en la ultima casa de una calle abandonada, con los coyotes, las serpientes y los buhos alimentandose con los perritos de la pradera, los ratones del campo y la codorniz, un equilibrio ecologico perfecto… Kit, acaba ya, no llores mas.
– Me siento terriblemente, Ernie. Pero no lo ves, somos demasiado parecidos. Te lo escribi, explicandolo.
– Sinceramente, no acabe de leer tu carta.
– No te preocupas por nada, chiquillo. Ernie suspiro.
– ?Que significa eso?
– Me parece oir la voz de mi padre -dijo-. Asi es como el solia hablar y por eso me fui de casa.
– Bueno, pues es verdad. No hay nada que te interese.
– Asi es. Pero me alegro por ti. Realmente me gustas. -Le acaricio la cara, suavemente, como solia hacer antano.- Eso no ha cambiado. En eso puedes confiar.
Ethel cerro los ojos y permanecio silenciosa.
– No te guardo rencor -dijo-. Siempre sere tu amigo.
– ?De verdad? ?Lo prometes?
