– Te prometo -dijo- que el dia que salga, yo…

Azorado, Costa desvio la cabeza. -Bueno, bueno… -dijo.

– El dia que salga tirare esto.

– Si te molestan, dejalos. Ven aqui. ?Como demonios te encontrarian aqui? ?Que crees?

– Esto es lo que yo estaba pensando -respondio Ethel.

– Asi que, ?terminado? -dijo Costa.

– De acuerdo, papa.

En cuanto a el se referia, con ello se cerraba la cuestion. Saco una escobilla del bolsillo de atras y barrio la lapida de piedra gris.

– Ve, trae agua -ordeno, senalando el estanque-. Ten cuidado, serpientes.

Encontro un viejo bote de cafe colgado de un clavo en un arbol. No vio serpientes, pero si peces, grandes peces, que lompian la superficie del agua.

– Mujoles -le dijo Costa cuando ella regreso-. Yo no como ese pescado. Para negros.

Saco un panuelo de su bolsillo de atras, lo empapo en el agua y lavo cuidadosamente el cristal que protegia la fotografia. Al nacerlo le hablo del linaje que ella debia continuar.

– La gente griega, en lo que llaman Grecia ahi abajo, muy mezclada, quien sabe como, albaneses, rumanos, bulgaros, egipcios, hasta turcos. ?Dios sabe que clase de barbaros! Servios tambien, sirios, yugoslavos, italianos, toda clase de basura, ?sabes? Pero en Kalymnos, en la isla donde yo naci, proxima a Turquia no importa quien vaya alli, soldados, marinero, mercader, no nos mezclamos con nadie. ?Ahora tu!

Detuvo su tarea y la miro, midiendola. Ella sintio un escalofrio.

– Tu. La primera vez nueva sangre. Te vigilo bien, recuerda, antes de decir de acuerdo. Mi padre, te garantizo totalmente, no hubiera dado el permiso. Diria no. En seguida. Una mirada, ?no! Miralo.

Ethel miro la fotografia y supo que Costa decia la verdad. Iba mas alla de la imaginacion el pensar que el viejo Theophilactos la hubiera aceptado.

– Yo veo lo que eres -dijo Costa.

– Si. Ya entiendo.

– La primera de fuera.

– Si, ya entiendo.

Ethel permanecio sentada, cabizbaja y silenciosa, mientras Costa lavaba la piedra. Ahora tenia una familia, una familia superviviente de guerras e invasiones, de conquistas y esclavitud, de hambres y otras plagas. La familia sobreviviria aunque ella fallase. Pero ella no fallaria. Junto a esa tumba, Ethel acepto el papel que le habia correspondido.

Se lo dijeron a Teddy durante la cena.

Teddy se puso furioso.

– No puedes hacer eso -dijo.

– ?Por que, carino? -pregunto Ethel.

– Porque firmaste un contrato, diste tu palabra a la Marina. No es algo que puedas abandonar de esa manera. Ademas, ellos vendrian a buscarte.

– ?Y como sabran donde estoy?

– Me lo preguntaran a mi.

Costa hablo entonces.

– Tu no lo digas -dijo.

Teddy se volvio hacia su padre.

– Ya sabia que esto era idea tuya -dijo.

Costa repitio.

– Diles que no sabes nada.

– No puedo hacer eso.

– De acuerdo entonces.

– De acuerdo, ?el que?

– Deja que vengan a buscarla.

– Si, ya sabia yo que eras tu, papa. Desde el primer momento que la viste, me has hecho la vida imposible. ?Como podia yo tratarla del modo que tu lo has hecho, llevandola por toda la ciudad, y todo el mundo besandole el trasero…?

Inesperadamente, Noola intervino.

– Tiene razon, Costa. La has mimado. Todos haciendole regalos, como si fuese un honor el conocerla, y ese viejo bobo de Aleko Iliadis, haciendole de chofer particular con su arruinado «Chevy» y diciendome que lavara la ropa interior de la chica.

– ?Como podia yo esperar que regresara a la base, en donde la vida es disciplinada y honesta? -pregunto Teddy-. Bueno, ya no lo espero. Pero te dire algo, cuando la Marina venga en su caza, que como hay Dios va a venir… -Teddy se volvio hacia Ethel- yo no voy a mentir y mentir y mentir por ti, no lo hare otra vez. Estas haciendo algo que no esta bien y yo estoy en contra y no quiero tomar parte.

Comieron silenciosamente. De vez en cuando Teddy miraba de Ethel a su padre, y ellos se dieron cuenta de lo enfadado que estaba y la amargura que tenia, y de que era permanente.

Cuando Noola se levanto para quitar la mesa, beso a su hijo.

Costa no tenia nada que decir. Como de costumbre, se sento frente al aparato de television y estuvo mirando un western. Tenia lo que deseaba y no dudaba de que todo estaba bien.

Mas tarde, cuando estuvieron solos en su dormitorio, Ethel intento hacer las paces con su marido. Pero el la rechazo.

Permanecieron tumbados en la oscuridad, uno al lado del otro, sin hablar.

– No quiero que hagas eso -dijo Teddy finalmente -. Lo que estas haciendo.

Ethel no respondio.

– ?Estas dormida?

– No -dijo ella-, ya te he oido. Este fue todo su comentario.

Algo mas tarde, Ethel lo oyo reir, una especie de risa sarcastica, y le pregunto:

– ?Que es eso tan divertido?

– Algo que me dijiste hace tiempo.

– ?Y que era?

– «Quiero obedecerte.» ?Te acuerdas que lo dijiste? «Quiero que me pegues -dijiste-, que me sacudas cuando no haga lo que tu me digas.» ?Te acuerdas?

– Bueno, pues aqui tienes tu oportunidad -dijo Ethel-. Adelante.

Teddy no se movio.

– Ahora ya es demasiado tarde -dijo el-. Quizas ayer, pero despues…

– A lo mejor es que no te importa demasiado -dijo Ethel.

– Tambien podria ser eso.

– Teddy -le dijo ella, volviendose hacia el-, lo que estoy haciendo… lo hago por ti.

– ?Por mi!

– Por tu familia. De modo que me parece que no deberias enfadarte conmigo.

Pero Teddy estaba muy enfadado. Durante los cuatro dias que permanecio en Florida no le hizo el amor.

Al finalizar la semana, regreso solo a San Diego.

Al dia siguiente de haberse marchado, Ethel entrego la pequena cajita color azul a su padre.

Costa la guardo todo un dia, examinandola en secreto. Al dia siguiente paso cerca de una quema de basura detras de la hilera de tiendas del muelle de Tarpon Springs y arrojo la cajita a las llamas.

13

Вы читаете Actos De Amor
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату