Ethel, compuesta y tranquila, lo beso alegremente y entro en el auto sin la ayuda de el. Se sento en medio del asiento frontal, pero no se acerco en ningun momento. Camino de casa, dio un informe rutinario sobre la salud y disposicion de sus padres y del estado del tiempo en Florida. Caluroso. Ethel no se mostraba hostil. Solo reservada.
Teddy sospecho de ella. Ethel tenia unas fuentes de informacion instintivas; sus presentimientos no la enganaban. ?Habria adivinado alguna cosa?
Si se trataba unicamente de que estaba cansada, «que no tenia el humor», eso no importaba; usaria el resto.
Cuando entraron en el serrallo de patas cortas que llamaban su hogar, su unico comentario fue:
– ?Oh, fijate en todo eso!
?Habria olvidado Ethel que ella misma lo habia hecho?
Teddy habia traido a Dolores aqui en una ocasion.
– Vaya, pues si que preparo un bonito lugar tu mujer -habia dicho Dolores -. ?Por que demonios se lo permitiste?
– Estaba tan condenadamente nerviosa aquella semana… – comenzo a explicar Teddy.
– Vayamos a mi casa -respondio Dolores -. Esto me pone enferma.
Teddy oyo un rasgon. Ethel habia arrancado una hoja de su curriculum mimeografiado y habia ido a la cocina. Teddy la siguio y se detuvo en el umbral de la puerta. Hacia dos meses que se habia parado en ese mismo lugar y ella se le habia acercado poniendo su rodilla entre los muslos de el, tratando de llevarselo a la cama. Aquella noche ella tenia prisa. Ahora estaba haciendo una lista para la compra. Era una afrenta para el orgullo de Teddy.
– Ya se que todo esta hecho una porqueria -dijo Teddy-. Lo que yo necesitaba aqui era una mujer.
– Lo que necesitabas era una aspiradora -respondio Ethel.
Fueron en el auto al supermercado, que servia a cuatro bloques, veinticuatro horas al dia. Teddy observo que Ethel compraba cosas en cantidad limitada: media docena de bollitos, dos sufles de espinacas congelados, dos broculis cortados y congelados, ocho
Al parecer estaba comprando para un numero preciso de dias. ?Cuatro?
Cuando el le llamo la atencion sobre gente de la base que cruzaba por los corredores, ella se mostro indiferente.
– ?Ya sabes que te pueden coger aqui, igual que en Florida? -le dijo-. Ahora estas en todas las listas.
– No creo que sus computadores trabajen tan de prisa -respondio ella-. Aun me tienen en Florida. Cuando se pongan al corriente, yo ya me habre marchado.
Asi que, penso Teddy, cuatro dias.
Dolores. Hacia una semana que la conocia. Ella habia llenado el vacio. Una mujer no puede abandonar a su marido durante semanas sin que se exponga a eso. Ethel tenia la culpa. Asi que, Dolores.
Dolores le habia dado un nombre carinoso. Pacha. Dijo que el era un principe oriental. A ella le gustaban los hombres oscuros, crueles. Una vez el la golpeo cuando ella tenia el orgasmo. O pretendia tenerlo. ?Quien lo sabria de cierto en estos dias?
Pero Dolores era suficiente por si misma; era la secretaria numero uno del teniente-comandante Bower, el oficial al mando de la base. Su jefe la consideraba la perfecta secretaria, pues, ademas de todo lo demas, ella sabia los aniversarios de los hijos del teniente. Profesionalmente, era eficiente, discreta y controlada. En la cama era un demonio. El apodo que Teddy le daba era
Cuando el habia terminado, ella le colocaba el pene sobre el muslo y lo contemplaba. Dolores siempre ponia una toallita debajo de la almohada, una costumbre adquirida en su segundo matrimonio, pero preferia panuelos de papel para el trabajo intimo. Tenia debilidad por los panuelos de papel. Tiraba de uno, dos, tres y enjugaba el miembro de Teddy carinosamente, cogiendolo gentilmente en su mano ahuecada.
– Rosado como un bebe -solia decir- y tan blando ahora.
Se levantaba entonces, encendia un cigarrillo, chupaba profundamente y despues colocaba el cigarrillo en los labios de Teddy, dejaba que el sorbiera, le besaba, tragandose el humo de Teddy, y cogia otra vez el cigarrillo. Y asi sucesivamente. Juegos.
– Nadie, desde Livingstone, ha entrado tan profundamente en el oscuro interior -le habia dicho la noche anterior-. Espero que te retires a tiempo para ir al encuentro del avion de tu mujer.
Dolores sabia que el elogio de una mujer es el mejor afrodisiaco, de modo que Teddy no tardo mucho rato en volver a ello de nuevo.
– ?Te complazco? -pregunto ella.
– Me complaces como un demonio.
– Si deseas algo diferente, dimelo.
A pesar de toda esa eficaz adulacion, a Teddy no acababa de gustarle Dolores. Por ejemplo, ella le conto historias sobre otros hombres, sus fracasos y sus debilidades. Hay un viejo proverbio que dice: «Si hablan de los otros, hablaran tambien de ti.» De modo que Teddy no confiaba en Dolores.
Pero, ciertamente, ella llenaba el vacio.
Teddy observo que Ethel ahora parecia sentirse mucho mas a gusto en la cocina. La cena era deliciosa, y preparada con facilidad.
– Voy a tomar un bano -dijo ella despues que hubieron lavado los platos.
Teddy no lograba acordarse, ?solia ella tomar banos despues de la cena? ?No tenia la costumbre de banarse por las mananas? Nunca, anteriormente, habia tomado un bano cuando el la esperaba en la cama, y a buen seguro, ella nunca habia permanecido tanto tiempo en la banera. Teddy se estaba durmiendo. Podia hacerlo en cualquier instante. Le estaria bien empleado. Ninguna mujer deberia atreverse a hacer esperar a un griego tanto tiempo en la cama. ?Quien demonios se creeria ella que era? Teddy miro el reloj. Ethel habia estado en aquella banera casi media hora. ?Que estaria haciendo ahi? ?Que es lo que estaba pensando? Ahora salia. Desnuda. Se dirigio hasta su bolso, saco algo y volvio al cuarto de bano. Teddy oyo que cerraba con el pestillo. ?Cuando se habia encerrado ella anteriormente en el cuarto de bano? ?Habria dejado de tomar la pildora y utilizaba algo diferente? Paso mas tiempo. ?Oh, que se vaya a la mierda! El estaria dormido cuando ella finalmente le hiciera el honor de venir a la cama, y si no estaba dormido, lo fingiria. De ese modo su dignidad quedaria a salvo.
El dejo que ella creyera que tendria que despertarlo, actuo sonoliento, manteniendo los ojos cerrados mientras ella lo acariciaba. Teddy recordaba que ella solia decirle:
– No. Todavia no estoy a punto, espera un poco mas, nino mio. -Pero ahora era el Pacha el que conducia el espectaculo, y el decidiria quien estaba a pumo y cuando. Ahora la hacia esperar hasta que a el le viniera en gana. Se sentia bien haciendolo.
Ella solia decir:
– Me duele cuando entras de esa manera.
Pero el lo preferia de esa manera. Le proporcionaba el placer de la violacion. Lo que a el le gustaba realmente era una violacion parcial. Se complacia en forzar su entrada, poco a poco, y sentirla que ella se abria para el, mas y mas profundamente, cuando el estaba dentro de ella.
Ahora era cuando iba a permitirselo. Ahora el estaba dispuesto.
Y entonces vino la sorpresa. Ethel lo tomo en su mano y, como si fuese un instrumento, lo inserto con cuidado, rapida y netamente y ?oh sorpresa! Ella estaba perfectamente lubricada, hasta lo mas profundo. Y, entonces, otra novedad: ?que demonios estaba sucediendo? Normalmente, ella hacia todos los esfuerzos para prolongar la estancia de Teddy dentro del cuerpo de ella, jugando con el, quedandose quieta, distrayendo su mente, todo lo que los articulos de las revistas femeninas aconsejaban a una mujer para obtener la satisfaccion que tenia, segun descubrimiento reciente, derecho a lograr. Los esfuerzos que ahora hacia Ethel parecian encaminados a hacerle terminar tan pronto como fuese posible. Acabar con ello. Y asi fue. Estaban tendidos, uno
