al lado del otro, mirando al techo. Teddy no pudo evitar el pensar en D. ?No habia comparacion! D. realmente lo queria. D. ponia un cojin debajo de su trasero. D. enrollaba las piernas en su espalda. D. arqueaba su espalda para alzar y ofrecerle su pubis. D. deseaba que eso durara infinitamente. D. tenia una venida espectacular. Teddy penso que estaria haciendo D. en ese momento y en donde estaria.

Con Ethel, aquella noche, habia sido un ejercicio mecanico.

Para empeorar las cosas, lo primero que Ethel dijo despues fue:

– Has estado con alguien, ?verdad?

Lo dijo sin mostrar el menor rencor.

– Yo no he estado con ninguna maldita persona mas -dijo Teddy -. ?Que te hace pensar eso?

Pero sabia que estaba denunciandose. Sudaba.

– ?No crees que aqui dentro hace un horrible calor? -pregunto.

– Para mi esta bien -respondio Ethel.

Alzo la cabeza y le dedico una sonrisa limon. A Ethel no se la enganaba facilmente.

Teddy deseo poder controlar ese condenado modo de denunciarse. Ya siendo un muchacho, cuando habia hecho correr los dedos por el mostrador de la tienda, camino de casa iba sudando copiosamente, con las barras de caramelo en los bolsillos.

En otra epoca, cuando se decian la verdad, se lo habria contado a Ethel en seguida.

Ethel no olvidaba nada.

– No me importa -le dijo-, si has estado con otra.

Teddy, para refrescar su cuerpo, se quito de encima la sabana que los cubria y despues, sin ser visto, creia el, seco las palmas y el dorso de sus manos.

– ?Por que no te importa? -pregunto.

?Se lo contaria? Ella no le presionaba. Si le contaba la verdad a lo mejor dejaria de sudar. Teddy se sentia como una maldita victima, en una posicion tan vergonzosamente debil. Sentia resentimiento porque ella tenia esa ventaja sobre el.

– Porque… no lo se -dijo ella-. No me importaria, eso es todo. No te culparia. Hemos estado separados tanto tiempo…

– ?Has estado tu con algun otro? -pregunto el.

– ?Te importaria si lo hubiera hecho?

– Si.

– ?Me culparias? Hemos estado separados mucho tiempo.

– Te culparia, si.

– Bueno, no he estado. Con nadie.

– ?Y por que no?

– No habia nadie que yo necesitara.

Teddy aprovecho la oportunidad, sintiendose mejor al hacerlo.

– Yo no necesitaba a la que…

Ethel lo interrumpio.

– No tienes por que explicarte -le dijo.

– Gracias -respondio Teddy.

Sucedio entonces algo desacostumbrado. Ethel se durmio. La primera. Siempre habia sucedido lo contrario: el se dormia inmediatamente despues del orgasmo.

Ethel respiraba sosegadamente; no tenia ninguna tension.

?Por que demonios no estaba en tension? ?Como podia aceptarlo todo con tanta calma? ?Indiferentemente?

Teddy no durmio bien, se levanto antes que Ethel y se fue a sus deberes, quedandose a estudiar en un rincon de la oficina del oficial de educacion.

Durante la tarde encontro una hora para Dolores. Su orgullo se lo exigia. Al dejarla, estuvo comparando sus gritos de placer, sus consiguientes murmullos de alabanza y gratitud con la eficiencia de Ethel introduciendole en el cuerpo de ella e incitandolo a terminar.

Cuando volvio a casa se encontro con que Ethel habia pasado el dia fregando y limpiando todo el apartamento. Teddy habia dejado que se instalaran el polvo y la suciedad. Hasta el piso estaba encerado, todos los platos bien lavados, las sartenes de cobre volvian a relucir, y los estantes de sus camisas y ropa interior estaban ordenados.

?Como hubiera podido quejarse?

Aquella noche sucedio lo mismo. No podia decirse que eso fuera hacer el amor. Ethel era agresiva, sin ser ardiente, cogiendole el miembro tan pronto estaba erecto, empujandole con la mano para que se colocara encima de ella, guiando el eje dentro de su cuerpo, abriendo sus labios para recibirlo y procurando que se unieran primorosamente.

Otra vez, resultaba algo anormal la manera en que ella se habia lubricado. Generalmente ella respondia en dos fases; asi habia sido siempre. Ethel tenia una puerta exterior y una puerta interior, solia decir Teddy; primero se abria una y despues la otra. Esta vez Ethel estaba nivelada e inmediatamente dispuesta, sin necesidad de estimulo. Teddy recorrio en seguida todo el camino hasta casa.

Ella lo incito entonces a traves del acto. Ethel no hizo ningun ruido, ya fuese de animo o de pasion, fingido o real. Cuando Teddy hubo terminado, se dio cuenta de que ella le habia sacado de nuevo tan de prisa como pudo. ?Mientras ella…?

Ella solo habia sido un espectador.

Teddy estuvo pensando en sus vidas anteriores. Ethel habia sido tan apasionada en otro tiempo…

?Podia haber sido solo fingimiento?

A la noche siguiente, Teddy descubrio un frasco de lubricante en la mesita al lado de su cama. De momento no comprendio lo que era ni el porque estaba alli.

– ?Usas tu eso?

– Si, lo uso.

– ?Por que?

– Porque tu entras antes de que yo este lista y me haces dano.

– ?Has usado siempre eso?

– No. Pero decidi que no me hicieras mas dano. ?Te importa?

– Claro que me importa.

– ?Quieres decir que prefieres hacerme dano?

– Tu sabes bien lo que yo quiero decir.

Teddy estaba furioso, con su orgullo herido. ?Un hombre que no podia llegar a excitar a su mujer hasta el punto que estuviera dispuesta a recibirlo con deseo! ?Eso no podia ocurrirle a el!

– Nunca te habias quejado antes -dijo.

– Bueno…, ?deseas hablar realmente de eso, de como solia ser antes y de como es ahora?

El dijo que si queria. Pero no hizo ninguna presion. A fin de cuentas, el tenia a Dolores, y, como ayer, en cualquier momento que quisiera la prueba del tipo de hombre que el era, todo lo que tenia que hacer era…

De modo que dijo que lo sentia si entraba demasiado aprisa en ella y Ethel dijo que no importaba, pero que cuando lo hacia, causaba dano. Y olvidaron la cuestion.

A la noche siguiente todo ocurrio exactamente, lubricacion perfecta, un viaje guiado, y una carrera precipitada hasta la meta.

Pero, ?como podria Teddy quejarse? ?Bajo las circunstancias? Despues de todo, el habia sido infiel. Hasta casi lo habia admitido.

Quizas Ethel leyo sus pensamientos, porque le dijo:

– No puedes culparme por mostrarme un poco estrecha, ?verdad? Despues de todo, tu estuviste con otra.

Teddy sudaba de nuevo. Repentina y copiosamente.

Se sintio aliviado cuando Ethel dejo de lado el tema.

– Estos son mis dias fertiles -dijo-. Estos cuatro dias. No quiero que nada vaya mal. Tu papa esta mostrandose impaciente.

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