habia dejado el antiguo inquilino, se fue a ver otra pelicula, volvio a casa y espero a que el miembro trabajador de la familia regresara a casa.
La llevo a cenar.
– Solo me quedan dos noches, y despues tendre que regresar en avion al Oeste. ?Que vas a hacer si papa pone el grito en el cielo?
– Me escondere -dijo Ethel-. Francamente, Teddy, hubiera preferido que se lo dijeras tu: era lo mas adecuado. Quiero decir, muestrate duro con el. ?No hay un limite hasta donde podamos llegar en lo que el considera adecuado? Yo no voy a conducir casi doscientos kilometros cada dia, eso es bien seguro.
– ?Sabes que el espera que en cualquier momento te quedes encinta?
– Para decirte la verdad, ya he dejado de confiar en eso. Pero si quedo, con tanta mayor razon.
La tercera noche, Teddy la sorprendio, al anunciar que el prepararia la cena. Hamburguesas y cebolla sacadas del congelador. Ethel le dijo que pediria a uno de los negros que trabajaban en la darsena que la acompanara a casa en auto para que Teddy pudiera quedarse junto a su hornillo encendido. Ethel se sintio lisonjeada por ello.
Cuando Teddy oyo que se acercaba un auto, miro por la ventana y vio que era Petros el que la habia traido a casa. Los dos permanecieron sentados en el coche durante unos diez minutos mientras Teddy vigilaba y esperaba.
– ?De que demonios estabais los dos hablando mientras mi cena se estropeaba? -gruno, solo medio en broma-. Ya son las siete.
– Petros me estaba diciendo lo que pensaba de ti.
– ?Y que dijo?
– Dice que le gustas, pero que ningun muchacho griego deberia casarse con una muchacha americana. Vuestras madres, dice el, os han criado de cierto modo y esperais que una mujer reemplace a la madre, en todos los aspectos, hasta lavar vuestros calzoncillos a mano y lavaros las orejas por la manana. Estaba muy interesado en el tema.
– Estoy seguro de ello. A proposito, ?sabes que te dio el trabajo porque queria follar contigo?
– ?Oh, Teddy!
– Me lo dijo. Sin cumplidos.
– Teddy, todo el mundo ha deseado siempre eso. Es algo que yo no puedo impedir.
– Pero tu lo sabias cuando aceptaste el trabajo.
– No seas asi, Teddy.
– Solo respondeme y me callo. ?Es Petros tu paso siguiente?
– ?A que?
– A lo que sea que estes tramando.
– Teddy, he estado trabajando duramente todo el dia y estoy muy cansada.
– Muy bien.
– Y maldita sea, eres tu quien estuvo con otra, ?lo recuerdas? No yo.
Ethel le felicito por la cena y le dijo que deberia cocinar mas a menudo. Entonces, precisamente a las ocho y cincuenta y cuatro, se quedo dormida mientras veia la television.
Teddy se fijo en la hora exacta. Habia estado esperandola todo el dia y habian estado juntos exactamente una hora y cincuenta y cuatro minutos.
Al cuarto dia, cuando Teddy fue a buscarla, habia dos hombres vestidos con traje de calle y hablando con Ethel en un rincon de la oficina de Petros.
Petros estaba observandolo desde su escritorio.
– ?Que pasa? -murmuro Teddy.
Petros junto los labios, los avanzo y se encogio de hombros.
Teddy no podia oir de lo que hablaban. Vio que Ethel asentia con la cabeza, una y otra vez.
– Soy su esposo -dijo Teddy, acercandose-. Suboficial de Tercera Clase… -se toco la manga- Ted Avaliotis.
– Lo sentimos. -El mas alto de los dos hombres mostro un carnet para identificarse.- Tenemos orden de llevarnos a su esposa.
– ?Llevarla donde?
– A Orlando. A los investigadores navales de la base de alli.
La reaccion de Teddy fue de alivio; Ethel iba a ser controlada. Le habian quitado el problema de las manos.
Ethel le sonrio.
– No te preocupes por esto -le dijo-. Estaba esperandolo. Eh, patron, ?por que no damos un poco de cafe a estos hombres?
– Claro -dijo Petros-. ?Cafe? ?Algo? Tengo un buen whisky.
– No, gracias -dijo el hombre alto, y entonces, volviendose a Ethel-. No me gusta darle prisa mistress Avaliotis… ?es asi como usted lo pronuncia?
– Hemos estado en pie toda la noche -dijo el otro hombre. Parecia malhumorado.
– ?Por que demonios entonces tanta prisa ahora? -pregunto Petros.
– Peetie, esto no es asunto tuyo -dijo Ethel-, asi que calle.
– Unos minutos, por el amor de Dios. Todos que tomen un cafe.
El hombre alto dio las gracias cortesmente a Petros y la pareja salio de la oficina indicando a Ethel que los siguiera.
– Esperad un minuto -grito Teddy. Los hombres se detuvieron. Teddy tomo a Ethel de la mano y la llevo hasta los agentes -. Quiero que digais a mi esposa que yo no os he dado su direccion.
– No tienen por que hacer eso -dijo Ethel.
– Conseguimos la direccion del modo acostumbrado -dijo el agente alto-, estaba en nuestra lista de arrestos de ayer por la manana.
– Voy a buscar el bolso -dijo Ethel. Y corrio a la oficina de Petros.
Teddy vio que ella no le habia creido e iba a entrar tras su esposa cuando oyo hablar a Petros.
– ?Vas a regresar? ?A Florida?
– i tengo suerte.
– Aqui trabajo esperando -aseguro Petros.
– No tienes por que hacer eso -respondio Ethel.
– Yo no tengo por que hacer nada -dijo Petros-. Aqui trabajo esperando.
Entonces Ethel salio. Se cogio del brazo de Teddy y, caminando muy cerca de el, le susurro:
– No te preocupes. No te culpo.
– Pero yo no lo hice -le dijo Teddy-. Realmente, no fui yo.
– Muy bien -dijo ella-. Tu no lo hiciste. Pero, quiero decir… ?de que otro modo podrias dirigir una darsena?
– Por favor, ?podemos ponernos en marcha? -grito el agente alto. Estaba de pie, apoyado en un arbol, fumando un cigarrillo bajo su sombra. El otro hombre, menos preocupado en causar buena impresion, estaba apoyado en la capota de su auto; parecia dormitar; tirado en la parte posterior, dormido, habia un hombre con esposas.
– Me gustaria despedirme de mis suegros -dijo Ethel.
El agente alto miro el reloj.
– ?Donde viven? -pregunto.
– En Mangrove Still, a unos tres kilometros al norte de Tarpon Springs -dijo Ethel.
– Se donde esta -dijo el agente indiferente, entrando y colocandose al volante-. Esta algo lejos de nuestro camino. Pero, ?que importa? Vayamos, ?eh? ?Que dice usted, senorita?
– ?Vendra usted a Orlando con nosotros? -le pregunto el agente alto a Teddy.
– No puede -respondio Ethel-. Tiene que estar de vuelta en San Diego por la manana.
– Manana entro de servicio -dijo Teddy-. Pero tambien quiero despedirme de mi familia. Podeis seguirme hasta alli.
