– El capitan Cambere esta jugando al tenis, senor.

– Bueno, ya veis como va -dijo Bower-. No estamos precisamente en una base de batalla, ?eh?

Presiono el boton de hablar.

– Envia alguien a la pista de tenis y que tu amiguito venga al telefono inmediatamente. -Solto el boton. – Les dije que no instalaran pistas de tenis en la base -explico.

Miro entonces por la ventana y suspiro.

– Si, me temo que habra que hacer demostracion de alguna especie de fuerza. Avaliotis, estoy hablando contigo. Tu esposa, es amable, o asi lo parece; ingenua, o eso parece; a lo mejor solo es simplemente tonta. No puedo estar seguro, ?puedes tu? Pero tenemos un hecho muy claro. Es una desertora. No se de que podria servir encerrarla pero… ?La convertiria eso en un buen miembro de la Marina? Avaliotis, ?respondeme!

– Ella seguiria siendo como es -dijo Teddy-, a pesar de lo que le hicieran.

– Bueno, ?que es lo que podemos hacer, Avaliotis? No quiero ponerte en un compromiso, pero tu eres su marido y, en cierto modo, tu tienes que asumir la responsabilidad…

– No, senor -dijo Ethel-, el no es responsable. No es responsable de ninguna de mis acciones. Yo soy enteramente responsable de cada una y de todas las tonterias que cometa.

Dolores saco la cabeza por la puerta.

– El capitan Cambere en la cinco siete cinco -dijo.

– ?Donde demonios estaba usted? No me mienta porque lo se. Todavia no se ha liberado del servicio, ?no es asi? ?Otra semana? Bueno, pues saquemosle jugo al dinero que nos cuesta. Le mando una mujer blanca, la Seanian Apprentice Avaliotis. ?Que? Me importa un bledo su jugada final de desempate. ?Que? ?Desercion! De esto se trata. ?Y ahora no se limite a escribir el nombre de la mujer a la cabecera de ese informe identico que ha estado mandandome las ultimas diez veces! «Esta persona no es apta para la Marina EE.UU. y etcetera… firmado, Capitan no-se-que-nombre Cambere.» Quiero un informe genuino de la personalidad de esta mujer. Porque no puedo entenderla. ?Cuando? Ahora. Mire frente a su puerta: ella esta alli.

El capitan Cambere llevaba su atuendo de tenis y una toalla alrededor del pescuezo, sudaba todavia y estaba de mal humor. No se levanto cuando hicieron entrar a Ethel.

– ?Es que su caso es de especial urgencia? -pregunto.

– No, que yo sepa -respondio Ethel.

– ?Y eso que significa, si es tan amable?

– Su jefe parece tener prisa.

– Francamente, no me importa. Voy a quedarme quieto, sentado hasta que deje de sudar. Coja una revista; ahi en el rincon encontrara algunas.

Se saco las zapatillas de tenis e hizo rodar su sillon de modo que diera la espalda a Ethel y puso los pies calzados con los gruesos calcetines blancos en el antepecho de la ventana deslizando la palma de su mano por encima el suave vello que le cubria la pantorrilla. Seguidamente encendio un cigarro largo y delgado, dejando correr la llamita de la cerilla por toda la longitud antes de aplicarlo al extremo. Se comportaba como si Ethel no estuviera en aquella habitacion.

Tras unos momentos de silencio y humo, dio la vuelta a su sillon y pulso el boton que abria el intercomunicador.

– Di a Bobby Frost -le dijo a la chica de la otra habitacion- que regresare dentro de diez minutos y… ?Que? ?Donde esta? Marian, ?querras pensar un poco antes de hacer una pregunta? Esta en la pista de tenis, la que yo acabo de dejar y lo que quiero que le digas es que con toda seguridad yo voy a jugar el tercer set si el se queda ahi hasta que yo regrese, que sera dentro de diez minutos. ?Lo has entendido ahora? ?En la pista de tenis?

Cuando alzo la cabeza se dio cuenta de que Ethel estaba observandolo.

– ?Juega usted al tenis? -pregunto.

– Yo no practico ningun juego.

– Entonces no puede usted tener ni la mas minima idea, ?no es asi?, de lo que significa conseguir poner a un oponente en un aprieto, especialmente un hombre que se ha estado intentando vencer durante meses, y verse obligado, en aquel momento, a salir de la pista abandonando una victoria que ya se estaba paladeando.

– Y lo que es peor todavia -dijo Ethel-, que la razon sea examinar a una pequena idiota a quien se le ha ocurrido desertar de la Marina de los Estados Unidos.

– ?Que!

– No le culpo por estar enfadado.

El capitan Cambere no supo distinguir si Ethel estaba burlandose.

Hasta que anadio:

– Usted es un grosero.

– Si, puedo ser grosero. Y, en concreto, ?porque me lo llama?

– ?En concreto! Por todo lo que ha hecho usted desde que he entrado. Ni tan siquiera se ha quitado usted la gorra.

El capitan bajo la visera de su gorra, cogio un bloque de papel oficial amarillo y un lapiz, y miro entonces a Ethel larga y duramente.

– Quiza podamos acabar pronto -le dijo-. ?Quiere usted seguir en la Marina o no quiere usted?

– ?Depende de mi?

– ?Lleva siempre un perfume tan intenso?

– ?No le gusta a usted?

– ?Por que cree que a mi no me gusta?

– Me ha hecho usted tres preguntas -dijo Ethel-. ?Cual de ellas quiere que responda?

– Veo que esta usted casada -dijo el capitan.

Ethel se miro el dedo anular, haciendo un gesto con la mano exponiendola a la luz de la ventana, como lo haria una modelo exhibiendo una joya.

– Si -dijo Ethel, al estilo de un anuncio de television-, soy una mujer y estoy casada.

– ?Felizmente? -pregunto el capitan, tomando notas.

– ?Y quien esta seguro de eso? ?Esta usted casado?

– No. ?Por que se enrolo en la Marina?

– Escribio otra nota.

– Pense que resolveria mis problemas.

– ?No fue asi?

– ?Que estaria yo haciendo aqui si hubiera sido asi?

– ?Y que es lo que siente usted ahora… ademas de resentimiento hacia mi? ?Que es lo que piensa de todo esto?

– ?De todo lo que, por favor?

– Esta usted aqui porque ha desertado. La Marina tiene muy mala opinion de eso. ?Que piensa usted de la situacion en que se ha metido?

– Es como una de esas escenas que presentan en las peliculas del desierto, un espejismo, algo que no entiendo que sucede en otra parte y a otra persona. No puedo creer que sea yo quien esta aqui. No se por que le he dado el derecho de juzgarme. No se si deberia seguir aqui y aceptarlo o irme por esa puerta y desaparecer para siempre.

– ?Dice usted que todo esto de aqui es un espejismo?

– Una fantasia.

– ?Ha estado usted enganandome?

– No. Le estoy diciendo la verdad. ?No es eso lo que usted quiere oir?

– Yo quiero oir todo lo que usted tenga que decirme.

– Mi cerebro, o como sea que usted lo llame, parece haberse convertido ultimamente como un libro de tiras comicas ilustradas. Continuamente tengo esas fantasias. Voy bien, cuando de pronto imagino algo horrible en lo que no queria pensar y en lo que no quiero seguir pensando.

– Esta usted burlandose de mi.

– No. Por ejemplo, de pronto estoy peleandome con un policia que me ha arrestado injustamente. Le quito las esposas de las manos y le cruzo la cara con ellas. O alguien ha descubierto finalmente algo terrible que yo hice

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