Antes de entrar en el auto, Ethel rodeo la cintura de Teddy con sus brazos, lo atrajo hacia ella y le beso en los labios.

Cuando llegaron a Mangrove Still, a Teddy le habia dado fuerte. Su esposa creia que el era un mentiroso y el estaba otra vez furioso con su padre por haber animado a Ethel a la rebeldia. Era a causa de ese viejo bobo que Ethel habia abandonado la Marina de la forma que lo hizo.

Ethel, por otra parte, estaba muy animada. Corrio hacia la casa para dar la noticia a Costa. No tenia ninguna duda del lado en que estarian sus simpatias. Costa salio de la casa como un toro del redil. Vio primeramente a Teddy.

– ?Por que la molestan? -exigio conocer.

– Por tu culpa – dijo Teddy-. Tu la animaste a desertar. Yo te avise y la avise tambien a ella. Bueno, pues ahora ha sucedido; asi que a ver como lo arreglas, vamos.

Esta descarga de ira no hizo mella en Costa. Se encamino furioso hacia el auto de los agentes y exigio saber:

– ?Por que molestais a esa mujer?

– ?Quien es usted? -pregunto el agente que conducia. -Salga de ahi, hagame favor -ordeno Costa-. Explicare algo a usted. Asuntos familiares. Vamos, amigo mio, no quiero enfadarme aqui.

El agente alto se reunio con Costa.

En el porche, Ethel y Teddy estuvieron esperando mientras procedia una consulta intensa. Costa parecia estar ganando un tanto para Ethel.

Noola les trajo cafe.

Teddy hablo a Ethel.

– Te avise -le dijo.

– No te preocupes por mi -respondio ella-. Yo ya sabia en lo que me estaba metiendo. No puedo imaginar que me hagan nada que pueda molestarme. ?En! ?Fijate como se defiende tu padre!

– El te metio en esto; deja que sea el quien te saque del apuro. Y te lo repetire otra vez: yo no les di tu direccion. A lo mejor debiera haberlo hecho, pero no lo hice.

– Muy bien -dijo ella. Eso es todo lo que dijo; no dijo todavia que lo creia.

Teddy ahora estaba todavia mas enfadado y se alejo del porche para acercarse hasta donde Costa se hallaba hablando con el agente alto. Este hombre se volvio y miro a Ethel.

– ?Quiere usted decir que vayamos con cuidado en los baches, es eso lo que quiere usted decir, senor?

– Lo que quiero decir, en su condicion, ?por que la molestan en su condicion?

– Senor, no podemos hacer otra cosa. Usted puede darse cuenta.

– Yo no me doy cuenta de nada. Les hago responsables -Costa ya no hablaba bajo-. Si algo sucede, el Gobierno paga. No olvide eso, muchacho.

– Okey, el Gobierno paga -imito el hombre detras del volante.

Costa se dirigio a el como un rayo.

– ?Usted, no sea fresco conmigo, usted! -advirtio.

– ?Charlie! -El agente alto hizo un gesto como «dejalo correr».

Amansada la oposicion, Costa se alejo, rodillas rigidas, y cogio a Teddy del brazo llevandolo fuera del alcance de todos.

– Son barbaros -dijo.

– Es por tu culpa -respondio su hijo-. Ellos se limitan a cumplir con su trabajo, pero eres tu quien la animo a desaparecer de esa manera. La halagaste y la mimaste y le hiciste creer que cualquier maldita idea que ella pudiera tener estaba bien. Yo he terminado por no saber ni lo que hace ni lo que quiere. Esta descontrolada. No te lo he dicho todavia, pero ha alquilado un apartamento en Bradenton, ?su propio apartamento! ?Lo alquilo sin consultarme! ?Por que? Esta trabajando con ese cabrito griego, Kalkanis; acepto el empleo sin preguntarme. ?Por que? Cada vez que vuelvo la espalda ya se ha metido en algun disparate, normalmente contando con tu aprobacion. ?Que es lo que tratas de hacer, papa, quieres que nos separemos? ?Eh! ?Papa, que estoy hablando contigo!

Jamas anteriormente en su vida Teddy habia hablado a su padre de semejante manera.

Costa estaba asombrado.

– De acuerdo, hijo mio -dijo lentamente, sacudiendo la cabeza-. Deja este asunto en mis manos. Su vida, etcetera, etcetera. Arreglare todo modo adecuado. No te preocupes. -Entro rapidamente en la casa.

El agente alto se acerco a Teddy y le dijo:

– Mi esposa tambien esta encinta y va a todas partes conmigo, a pescar, de camping… Ahora todo son autopistas. Hasta juega a los bolos. ?Por que esta tan excitado el viejo?

– Pregunteselo -respondio Teddy.

Ethel se acerco corriendo.

– Va a ir conmigo -le dijo a Teddy. Estaba salvajemente excitada-. Me ha dicho que saldra dentro de cinco minutos -le dijo al agente.

El agente alto miro su reloj y se encamino despues a la sombra del roble, encendiendo un cigarrillo.

– Teddy -dijo Ethel-, ya te llamare manana y te dire lo que haya sucedido.

– Muy bien. Y… lo siento. Ya no se que puedo hacer para ayudarte.

Esto es todo lo que se dijeron, de pie uno al lado del otro, sin hablar, hasta que, unos minutos mas tarde, Costa salio de la casa, con su traje negro reluciente y una corbata color rojo oscuro. Noola lo seguia, llevando una maleta vieja.

– Ven, nos vamos -ordeno, dirigiendose directamente al auto. Una vez alli vio al hombre que estaba esposado en la parte de atras-. ?Quien es este criminal? -pregunto.

Nadie respondio.

– Tu te sientas aqui conmigo -instruyo a Ethel-. Y tu te sientas en la parte de atras con el -ordeno al agente alto.

Costa ayudo a Ethel a instalarse en el asiento delantero, se sento junto a ella y puso su brazo por encima del hombro de la chica.

– ?Listo! -anuncio.

En el Centro de Entrenamiento Naval de Orlando, Costa permanecio sentado, impaciente, en la sala de espera, mientras dentro interrogaban a Ethel. Finalmente, un secretario lo invito a entrar. Entro en la oficina como un rey agraviado y se sento, cruzando los brazos, esperando pronunciar su juicio.

– Han decidido que el asunto se resuelva alli -le informo el investigador naval.

Costa fruncio el entrecejo.

– ?Quien ha decidido eso?

– San Diego. Les hable por telefono -dijo el investigador-. Prefieren tratar el asunto alli. Estan familiarizados con su historial. Es cosa seria, sabe usted. La desercion significa consejo de guerra.

– Asi que, ?cuando vamos? -pregunto Costa.

– Oh, papa, tu no tienes que venir -dijo Ethel-. Teddy esta alli. El cuidara de mi.

– Asi lo espero – Costa se volvio hacia el investigador naval-. ?Cuando se va ella?

– Ahora. Ahi fuera habra un auto… -Llamo a la oficina exterior. – ?Bill! ?Cuando recogen para el aeropuerto?

Tuvieron que esperar unos veinte minutos. Al fondo del vestibulo, en la planta inferior, habia una maquina de helados y Costa le compro a Ethel un helado cuadrado en un palo. Fuera encontraron un banco y se sentaron uno junto al otro, esperando.

– ?Como vas a volver a casa, papa?

– No te preocupes, tomare el autobus.

– Papa. ?Sabes que lo que dijiste a ese hombre no es verdad? No estoy encinta.

– ?Como lo sabes?

– Lo se.

– ?Que pasa entonces? ?Algo de tu familia? Tu madre, ?su enfermedad? ?Quiza tu tienes la misma cosa? ?Un poco?

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