– Me gusta todo lo de este pais, pero las mujeres no me gustan.

– ?Que les pasa a las mujeres?

– No saben cual es su lugar. Inutiles, no sirven para nada. ?Esta mujer, por favor pampano. Peetie! Scala! ?sabes lo que quiere decir eso?

– Mierda.

– Mierda, si. Ese pobre bastardo, Roth, llega despues de una mala semana de Bolsa, el pobre hombre no ha tenido tiempo de sacarse la chaqueta y ella le dice: «Carino, ?quieres prepararme un Manhattan?» Y despues: «Prepara una para Peetie, ?quieres, Sy, carino? Ven, Peetie, ven con nosotros.» ?No, que eres una zorra! Pero no digo eso, no quiero herir los sentimientos de el. Ademas el es mi dinero. Cuando el se va a Nueva York, ella me hace una senal, quiere mi nikolaki. -Hizo un gesto senalandose con la palma de la mano.- Y yo le digo: «Espera todo lo que te queda de vida, zorra.» Y anado: «Si fueses mi mujer, te zurraria hasta arrancarte toda esa grasa del trasero.» «Oh, Peetie, Peetie -me dice ella-, me gusta eso. ?Cuando vas a ensenarme tu bote, Peetie?» «Nunca, zorra. Mi bote solo es para griegos, no se permiten mujeres.» Mira. - Senalo. – Ahi esta.

Era una vieja embarcacion esponjera, de curva amplia y bellas lineas, meciendose en el agua. Petros la habia hecho arreglar para que le sirviera de alojamiento.

– Aqui abajo no se permite ninguna mujer -dijo mostrandole algunas fotografias en las paredes de la cabina-. Ese es mi padre; y alli, mi madre. Aqui hay toda la familia Kalkanis, algunos muertos ahora. Yo en America. Ellos, Kalymnos.

Petros detenia a Teddy frente a cada una de las fotografias, explicandole con autentica devocion quienes eran aquellas personas que formaban parte de su vida.

Teddy estaba impresionado; a su pesar, ese hombre le gustaba.

– Mis hermanas -senalo Petros-. Dos casadas, okey, una todavia no. Proximo ano mando ajuar, y mi problema termina ahi.

– ?Entonces te casaras tu?

– Pero no con americana, creeme. Estas mujeres de aqui, desgracia, verguenza. Hola, les dices. Y media hora despues te cuentan que sus maridos no saben como follar.

Teddy se aventuro.

– Sin embargo, mi mujer… ?que dices de ella?

– Te dire la verdad, igual que todas. Quiero decir, mimada. Pero estoy intentando ensenarle como ha de ser, ?de acuerdo?

– ?Por que la contrataste? La verdad.

– Pense que me gustaria gameeso… ?sabes? -Cerro el puno de su mano izquierda y golpeo el extremo contra la palma abierta de su mano derecha. – Todavia no te habia conocido. No tenia idea de que se hubiese casado con un griego. Ahora ya podria despedirla, y coger buena secretaria.

– ?Sabes?, realmente tienes una gran desfachatez.

– Un griego normal.

– Yo era como tu antes de ingresar en la Marina. Pero el servicio te pule todo eso. Empiezas a seguir las normas, vas con cuidado al hablar, y todo el resto.

– No te preocupes, yo no hago esa faena a esposa de companero griego.

– ?Crees que puedes hacerlo a cualquiera que te plazca?

– Sin comentario. Se que parezco animal. Pero la mujer no se preocupa de aspecto. La gente rie de mi nariz, como asa de cantaro, dicen, orejas como perro cazador, colgante. Pero mi mujer, cuando la escoja, mirara a los hombres de aqui y dira: «?Donde tienen la nariz, por el amor de Dios? Muestrame un hombre con una nariz bonita como la de mi marido. ?Y orejas! ?Nadie tiene unas orejas tan grandes!»

– Dime una cosa mas: ?donde piensas encontrar a esa esposa perfecta?

– Cosa principal, sin prisa. Primero tengo que ser hombre rico. En este pais, si no se tiene dinero, se es, como tu padre me llamo, skoopeethi. Entretanto, busco.

– ?Vas a Grecia y buscas?

– Tengo a mis tios Vassili y Spiro alli. Vigilan las escuelas de Kalymnos. Ahora ella puede tener nueve, diez, once. Mirad esa edad, les digo. Y no muy bonita: las chicas bellas traen problemas. Cuando sea doce, voy a su padre, hago contrato. A los dieciseis casamiento. Sus piernas nunca se habran abierto excepto para hacer pis. Todo lo aprendera de mi. ?Bum! ?Bum! ?Bum! ?Bum! Cuatro hijos. No tendra tiempo de tener ideas. Entonces ella tiene su trabajo. No da problemas. Cada vez que sale de casa ha de tener visto bueno mio. Si quiere periodicos ha de explicarme que es lo que quiere leer. Tu esposa, lee, lee, lee. ?Que va a ser, profesora? Dile que pare. Se pondra enferma, creeme. Aprende ideas equivocadas. Tu esposa, amigo mio, no entiendo lo que quiere. ?Lo sabes tu?

– Ya no. Antes si lo sabia. Asi lo crei.

– Yo lo descubrire, y te lo dire.

Ethel y Teddy decidieron estrenar el apartamento, y no ir al Norte aquella noche. Teddy llamo a su padre por telefono y creo la impresion de que el y Ethel estaban en algun pequeno rincon, disfrutando de una segunda luna de miel. El viejo le dio de buen grado la bendicion.

Al dia siguiente, Teddy acompano a Ethel a la darsena. Petros hacia resonar el lugar, un autentico garrote humano, audible desde cualquier punto.

– No me has dicho lo que pensaste de mi jefe -dijo Ethel.

– Me gusto. Pero, ?por que dice las cosas dos veces?

– ?Que es lo que hace dos veces?

– Dice las cosas. Paradiso! Paradiso! Dos veces. Con una vez basta. ?Por que insistir tanto? ?Que es lo que le hace tan ansioso?

– ?Tu crees que es ansioso?

– Se paso media hora convenciendome de que sabe muy bien como manejar a las mujeres y que… fijate bien, el hombre me gusto… que yo no se. A lo mejor es porque ese hombre es tan espectacularmente feo.

– Si que es feo, es verdad. Una cosa agradable de el es el afecto que siente por su familia. ?Te llevo a su embarcacion?

– Me dijo que no permitia que fuesen alli las mujeres.

– Cada manana le llevo el correo alli.

– ?Estas intentando ponerme celoso? Mira, ahi viene.

– No sabia que yo pudiera… ponerte celoso.

– Pues tranquila. Puedes. ?A quien esta dandole ahora, de todos modos?

– Nunca lo he visto con una chica. Me han dicho que a los griegos os gustan los burdeles.

– ?Jamas en mi vida he tenido que pagar para eso!

– Patrioti! -vocifero Petros-. ?Eh! Jovenzuelo, ven aqui, trabaja conmigo y tu mujer, te hare rico, ?que dices?

– Haz rica a mi mujer unicamente. Vivire de ella.

– ?Vas a ir al Norte? -le pregunto Ethel.

– Aun no me he decidido.

– Si quieres ir, toma mi auto -le dijo ella.

Teddy decidio no ir a Mangrove Still. Justo antes de las seis fue a la darsena y encontro a Ethel en una fiesta de coctel en la cubierta del yate de mister Roth. Petros le hizo una sena con la mano para que subiera a bordo, pero Teddy mantuvo su distancia hasta que Ethel se excuso y se reunio con el. La siguieron unas risas; Ethel habia hecho amigos.

– Me he quedado por aqui -le dijo Teddy mas tarde- porque maldita sea si se como decirle al viejo lo que tu has hecho. No puedo fingir que te he dado permiso para que alquilaras este apartamento.

– Supongo que tendras que decirselo y esperar la tormenta.

– He pensado que esperaria hasta que podamos ir juntos y a lo mejor tu se lo dices, y yo a tu lado de comparsa. Si mi padre lo acepta de alguien, sera de ti. A mi unicamente me dara cuatro gritos por no haberte sabido controlar.

Teddy tambien se quedo al dia siguiente. Vio una pelicula, volvio al apartamento, leyo las revistas viejas que

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