creyese que podia confiar en el?
Al dia siguiente, despues que Costa y Noola se habian ido a «Las 3 Bes», Teddy y Ethel llenaron el auto de Ethel con sus pertenencias y fueron al apartamento. Ethel ya habia hecho alguna decoracion, conservando las cortinas del inquilino anterior. Estaba comenzando a parecer hogareno.
Pero no era su casa, de Teddy. Sino de ella. El no tenia lugar en esa casa. Ethel debio de adivinar los sentimientos de Teddy, porque dijo:
– Tengo algunas fotografias de todos nosotros, a las que he mandado poner marco. Este lugar parecera mas el hogar cuando las cuelgue.
Se dirigieron entonces a la darsena.
– Puedes disponer todo el dia del auto -le informo Ethel- si vienes a recogerme al salir del trabajo.
Teddy asintio, pero le incomodo el favor. Ella lo habia obligado a depender de ella para poder desplazarse.
Nuevamente Ethel debio de intuir como se sentia Teddy, porque pregunto:
– ?Estas ofendido conmigo? ?Por algo? Mira, todo esto no podria discutirlo contigo. Tenia que venir rapidamente al apartamento. Pense que tu podrias enfadarte.
– Podrias habermelo dicho por telefono. Antes de hacerlo. Yo lo hubiese comprendido.
Su pensamiento se fue con Dolores. Teddy la oia cantando sus alabanzas.
– Si no quieres estar aqui todo el dia mientras yo estoy en mi trabajo, puedes llevarte el auto -dijo Ethel-. Yo me quedare esta noche. Ven a buscarme manana por la noche. Esto te dara oportunidad de contarselo todo a Costa.
– Vendre a buscarte esta noche.
Aquel lugar era enorme, con mucho movimiento y en expansion.
– ?Quien es el propietario de este lugar? -le pregunto Teddy.
– Un bastardo y una compania -respondio Ethel-. Mi jefe particular, el gerente, es un muchacho griego. Su nombre es Petros no se que mas. ?Muchacho? Bueno, actua como un muchacho salido de uno de esos
– Llegas tarde -le dijo Petros cuando Ethel abrio la puerta de la oficina. Vio entonces a Teddy que seguia a su mujer-. Oh, ya veo. Has tenido trabajo.
Entonces se echo a reir. Petros Kalkanis se reia de sus propios chistes, una fuerte explosion repentina que terminaba siemjire con una nota alta. No le preocupaba lo mas minimo que nadie mas a su alrededor compartiera su regocijo.
Al ver a Teddy se levanto sosteniendose sobre sus piernas semejantes a patas de cabra.
– No demasiado bien. -Teddy decidio mentir. Nada apuraba tanto a Teddy como un griego chauvinista.
– De acuerdo, de acuerdo, ingles. -Se volvio entonces a Ethel. – Un hombre muy guapo -dijo haciendo girar los ojos como un comediante profesional griego. Teddy penso que era un hombre ridiculo.
– Si, asi es -dijo Ethel cortesmente. Y se encamino a su despacho.
– ?Por que la dejas trabajar -le pregunto Petros-. ?Le has dado permiso?
– Ella no me lo pidio. Esto es America, ?sabes…? ?Como va?
– No sirve. -Petros se echo a reir. – No sabe escribir a maquina, no sabe taquigrafia. No sirve para nada. - Miro a Ethel que estaba clasificando las facturas que habian llegado aquella manana.
– ?Por que la contrataste, entonces? -pregunto Teddy.
– Los americanos que me ven por primera vez, se asustan; la miran a ella, y se tranquilizan en seguida. - Observo a Teddy durante unos momentos. – Tiene todo el aspecto de un americano -susurro a Ethel como si lo que decia estuviera cargado de un significado especial-. ?Mira esa nariz! ?Dios mio!
La nariz de Petros, observo Teddy, era la mitad de su rostro.
– No te preocupes por esa basura -dijo Petros. Con un energico movimiento de la mano barrio todo lo que habia enfrente de Ethel hasta la papelera.
– ?Mister Kalkanis!
– No hay dinero para pagar ahora, el proximo mes nos mandaran factura otra vez. Aqui. -Encontro un formulario de contrato.- Mister y mistress Lasky, litera numero…
– Doce
– Doce. Se donde estan los Lasky.
– Todavia no han firmado contrato. Ve y que lo firmen.
– De acuerdo -Ethel miraba a Teddy. Era evidente que deseaba que Teddy se fuese.
– ?A que hora he de venir a recogerte? -pregunto Teddy.
– Termino a las seis -dijo ella.
– Si quieres que salga antes -dijo Petros-, la dejo ir mas pronto.
– Ven a las seis -dijo Ethel. Y salio de la oficina.
– Sientate, sientate -dijo Petros-. ?Quieres cafe?
– No, gracias.
Teddy le miraba como aquel que examina la fuerza del enemigo.
– En este momento eres igual que tu padre -dijo Petros.
– ?Lo conoces?
– En cierta ocasion queria matarme.
– ?Por que? ?Que le hiciste?
– Estaba furioso, y se acercaba con un garrote, llamandome a mi y a mis amigos basura.
– ?Por que se puso furioso contigo?
– No era preciso motivo. Ya ves como soy. Bocazas.
– Pues parece que aqui te defiendes muy bien siendo un bocazas.
– Trabajo el doble que el mas duro. Los americanos, ellos no trabajan. Le dije al amo de esto, si no trabajas, yo me hare pronto el amo. No le importa. Por el amor de Dios, sientate. ?Quieres algo, cafe, algo?
– No, gracias, realmente.
– Esta gente de aqui, no aprecian lo que tienen. ?America!
– Tengo que irme.
– ?Donde has de ir? No tengo trabajo. Vamos.
– Tengo que… No, no tengo que hacer nada. Tampoco tengo ningun trabajo. Vamos.
Los propietarios de las embarcaciones respetaban a Petros; Teddy se dio cuenta. Se encaraba con todos como un igual, bromista, vocinglero, sin pedir favores, normalmente con un desprecio burlon.
– Este de aqui gran propietario -dijo Petros, presentando a Teddy a uno de los dos hombres que jugaban al
– Dentro de un ano vas a ser mi amo, bastardo -le dijo Roth sin levantar los ojos de su juego, que no le satisfacia.
– Mira. -Petros senalo la proa. Dos mujeres, de la misma edad que los hombres, pero de aspecto considerablemente mas juvenil por el acicalamiento de sus cuerpos, estaban siendo atendidas por un hombre pequeno, moreno, pulcramente vestido de blanco, que les servia algo liquido. – ?La esposa americana que no sirve para nada! -Se volvio hacia Roth. – ?Eh, mister Roth! -grito-. ?Por que no manda su esposa a trabajar? Ahi arriba se esta convirtiendo en una perezosa.
– Ya es demasiado tarde para sacar ningun provecho de ella -respondio Roth.
– ?Eh, Peetie! – Mistress Roth se inclino hacia atras sosteniendo la parte frontal del sujetador de su biquini. – Escogeme unos cuantos pampanos para esta noche, ?quieres Peetie?
– Vete tu a hacer tus compras, por amor de Dios -dijo Petros-. Yo no tengo tiempo para… Bueno, de acuerdo, por ultima vez, como favor especial.
Cuando se alejaron fuera del alcance de sus oidos, Petros dijo:
