– No creo que sea nada de todo eso -dijo Ethel.
– ?Teddy lo hace contigo suficientes veces?
– Algunas veces. Otras veces, no estoy segura de gustarle de esa manera.
– Tiene otra mujer, ?verdad?
– No lo se, papa.
– Hablare con el, arreglare en seguida ese asunto de otra mujer, ese hijo de bastardo.
– No estoy segura de que sea eso, papa.
– Tu tienes que ayudar, ?sabes?, preparar buena cena, hacerle cumplido, mirarlo de cierta manera. -Costa ilustro su explicacion.- De este modo.
– Ya lo hago. No tan bien como tu, pero… Costa no entendio la broma.
– Probablemente es tension -dijo Ethel.
– ?Tension de seis meses?
– Solo han sido dos meses, papa. Sabes que mas que nada en el mundo lo que yo quiero es que tu seas feliz, lo sabes bien.
– Ve a ver doctor -dijo Costa-. Deja que te vea bien. Yo pago todo.
– Hare lo que tu quieres que haga, papa, pero… ?que te parece si esperamos otro mes?
– De acuerdo. Otro mes.
Ethel termino su helado, deslizo su brazo por el angulo que formaba el brazo de Costa y se acurruco junto a el.
Costa noto que el costado del pecho de Ethel se apretaba contra el. ?Como era posible que una persona no se acercara a ella todas las noches?, penso Costa.
– Dime -le dijo Ethel-. ?Que hacen en el pais donde tu naciste, cuando una esposa no procrea?
– ?En la isla, en Kalymnos?
– ?Vas a un medico?
– El medico alli, no sabe nada.
– ?Que hacen pues?
– Toda la familia va al cura. El cura da
Toco a Ethel alli donde el abdomen se hinchaba.
– Escribire a mi primo en la isla -dijo-. Te conseguire una.
– ?Y eso da resultado, la
– Mejor que el doctor, garantizo eso. Al mismo tiempo, todos los de la familia rezan. Cada noche. Da mas fuerza.
– ?Has estado rezando tu?
– Cada noche. Y le he dicho a Noola que tambien lo haga.
– ?Ha estado rezando Noola?
– Ella hace lo que yo digo. Los rezos de madre son fuertes en esto.
– Supongamos -dijo Ethel- que, a pesar de las plegarias y de la
– ?Quieres decir en tiempos viejos, que sucedia?
– No. Ahora. ?Que sucede ahora en tu isla, si, a pesar de todo eso…?
– Se cambia de mujer.
– ?Jesus! ?No es eso un poco drastico?
– Las mujeres entienden. Un hijo es necesario. ?Quien va a traer pescado a casa? ?Quien va a traernos esponjas?
– ?Me cambiarias a mi?
– ?Que otra cosa podria hacer? Hasta tu me dirias, hazlo, cambiame.
Ethel estuvo pensando unos momentos y dijo despues:
– ?Y suponiendo que es por falta del marido?
– ?Como podria ser por falta del marido? Ethel claudico.
– Naturalmente -dijo-. No podria ser por su culpa. Se acerco un auto. De un verde oliva triston; el transporte al aeropuerto.
15
En San Diego, Ethel fue escoltada hasta el edificio colonial espanol, de construccion baja y larga, en donde se alojan las oficinas legales del Mando de Entrenamiento Naval. Encontro a Teddy, que la estaba esperando alli, pero no estuvieron solos ni un momento porque el abogado principal, teniente-comandante Bower, regreso de comer e inmediatamente los introdujo en su oficina, una habitacion cuadrada llena de pesados muebles de roble.
– ?Avaliotis! -Miro severamente a Teddy.- ?Por que no viniste a mi meses atras, a decirme que ella no podia soportar la vida militar, tenia dolores de cabeza por tension y pesadillas y mareos ocasionales y todas esas desventajas que se supone las mujeres sufren cuando la verdad es que son mucho mas sanas que nosotros mismos?
– Porque yo no tenia dolores de cabeza o pesadillas o mareos ocasionales -dijo Ethel-. Lo que tuve una manana fue un subito impulso, y me fui.
– ?Un subito impulso! -El teniente-comandante Bower miro atentamente a la joven.- Aqui tengo su historial. - Alzo una carpeta.- Demuestra que ibas muy bien. ?Que sucedio? Avaliotis, ?que sucedio?
– Yo iba bien -dijo Ethel-. Por favor, no culpe a Teddy, senor.
– De todos modos, me temo que el asunto es muy serio ahora. -Se volvio hacia Teddy. – Ella no solamente se ausento sin permiso, sino que ademas no regreso por su propia voluntad. Regreso bajo escolta. ?No tengo razon? Avaliotis, estoy hablando contigo.
– Si, senor, tiene usted razon, senor.
– De modo que ya no es solo una cuestion de Ausencia No Autorizada. Es desercion.
Apreto un boton de su despacho. Dolores entro, miro a Ethel, que no conocia, saludo con la cabeza a Teddy, a quien si conocia, y dijo «si, senor» a su jefe.
– Llama por telefono a ese condenado
– Si, senor, capitan Cambere, senor.
– Bueno, pues ve. Veamos si consigues que se ponga al telefono.
Se dirigio otra vez a Teddy.
– En todos estos papeles -dio una palmada en la carpeta de Ethel- no hay ni la mas minima indicacion de que ella tuviera intencion de regresar. ?Indico alguna vez…? ?Avaliotis, estoy hablandote! ?Indico ella alguna vez que pensara hacerlo?
– ?Por que no se lo pregunta a ella misma, senor?
– ?Alguna vez penso en regresar, mistress Avaliotis, alguna vez?
– No siempre -respondio Ethel.
– ?Lo ves, Avaliotis? Tendra que ir ante el mastil del capitan. Tendra que haber algun castigo efectivo. Te das cuenta, ?verdad?
– Si, senor -dijo Avaliotis.
– Si no hacemos un escarmiento, todos aquellos que tuvieran eso que tu mujer ha llamado un subito impulso desaparecerian y ?quien cuidaria de los barcos?
Esto le parecio divertido a Ethel y comenzo a reir. El teniente-comandante Bower estuvo observandola.
Se oyo un zumbido. Bower apreto la palanquita de escuchar y todos oyeron a Dolores:
