En una de las peliculas favoritas de Ethel vistas en television, Marruecos, con Marlene Dietrich y Gary Cooper, todas las aberturas de ventana estaban cubiertas con mamparas rayadas y la luz caia sobre las caras marcando lineas. Marruecos se convirtio en su inspiracion.

La cena tenia que servirse en una mesa que no se alzaba mas de treinta centimetros sobre el suelo; el jefe de la casa podia tenderse entre platos como un rey oriental.

Representaba correr un gran riesgo -Teddy podia no estar absolutamente de acuerdo con todo eso-, pero Ethel decidio llevarlo a cabo. Planeaba una sorpresa explosiva.

Pieza por pieza, acumulo los materiales que necesitaba en el cuarto de trastos en el sotano del bloque. Compro una pequena sierra para acortar las patas de las mesas y las sillas, y algunos dedales de goma para colocar en los extremos. Finalmente un juego de bombillas de color; no era admisible la luz blanca.

Llego el dia. Ethel dijo que no se sentia bien, y que no iria a clase.

Cuando Teddy llego a casa aquella noche, entro en un…

– Un serrallo, por el amor de Dios -dijo riendo nerviosamente.

Dijo a Ethel que le gustaba y que la cena, langosta al curry, era formidable y que era agradable tenderse en el suelo, con la cabeza encima de una almohada entre plato y plato, incluso entre bocado y bocado. Ambos podian tenderse en el mismo lado de la mesa y la cena podia interrumpirse para los juegos personales.

Todo bajo facilmente con la ayuda del «Soave Bolla», que recordo a Teddy lo que ella esperaba que le hiciera recordar, su boda.

Pero al cabo de pocos dias, Ethel se dio cuenta qde que Teddy de nuevo estudiaba en el alojamiento de su antiguo companero de cuarto en la base. Y cuando le pregunto la razon, el respondio:

– Este lugar, ?no es mas apropiado para el amor?

– Yo estudio perfectamente aqui.

– Bueno, estupendo.

– Estoy contenta de que el lugar te parezca bien para algo.

– Por la noche, es un lugar formidable -dijo el.

Teddy no podia razonablemente poner objeciones, pues Ethel, que estudiaba alli (el no sabia cuando ni podia entender como), progresaba en sus estudios. Aquello para lo que el necesitaba dias, ella lo dominaba en unas horas y mas tarde lo repetia ante su instructor. Al principio, el hombre penso que ella no podia saber realmente de lo que estaba hablando, su tono era demasiado «femenino». Pero cuando le pidio que le explicara las lecciones, ella lo hizo a la perfeccion.

La Pascua brindo a ambos unos dias de vacaciones. Volaron a Florida.

– No vas a creer esto, papa -dijo Teddy a Costa- pero sus notas son mejores de lo que eran las mias.

– Tienes razon -respondio Costa-. No lo creo.

Estaban cenando; Ethel, observo Teddy, estaba familiarizada con su cocina y sus rituales. Ayudo a Noola a servir la comida, y especialmente mantuvo lleno el plato de Costa. Teddy se sintio satisfecho al ver las buenas relaciones de su esposa con su padre.

– ?Sientes algo magico? -le pregunto cuando se fueron a la cama-. Porque un par de dias antes de que vinieramos a casa mi padre consulto a ese viejo de Tampa en quien tanto confia y ese excentrico santurron vino aqui con un nino pequeno y, mientras el cura recitaba las plegarias del caso, el chico estuvo revolcandose en nuestro colchon, este colchon sobre el que estamos ahora. ?Sientes alguna magia?

– ?Es que Costa no sabe que tomo la pildora?

– Ellos no tenian pildoras en la isla de Kalymnos.

El dia siguiente era domingo, dia en que Costa solia visitar la tumba de su padre. Anuncio a Teddy que iba a llevarse a Ethel; parte de su ensenanza en las doctrinas familiares.

Fueron caminando hasta Tarpon Springs. En la Pascua, las vallas de las casas de la comunidad griega estaban recien pintadas de blanco. Dieron la vuelta hasta detras de un almacen de licores y hallaron una vieja carretera inclinada descendiendo por entre viejos robles de los que el musgo negro de Florida colgaba como mortajas desgarradas. Mas alla de los arboles, Ethel vio un pequeno estanque, y un cementerio al lado. Algunas de las tumbas tenian lamparas colocadas al extremo de pertigas, «luces eternas» alimentadas por gas propano. No habia nadie.

Costa fue directamente a su objetivo. En la lapida, protegido detras de un vidrio, habia una fotografia del padre de Costa, y debajo algunas ofrendas: un tiesto con narcisos y otro tiesto menor con violetas africanas.

Costa se sento al pie de la lapida e indico a su nuera un lugar a su lado. Se volvio entonces hacia el retrato.

Ethel estudio la imagen; era todavia mas feroz y mas obstinada de lo que ella habia esperado, los ojos permanentemente semicerrados de mirar al mar, riguroso y brillante.

– Un tipo duro -dijo Costa.

– Tiene tu mismo aspecto, papa -dijo Ethel.

– Era mejor hombre que yo. Algunas veces me cuesta decidir. ?El? Nunca. Lo sabia todo. Quiero decir, lo que debia saber. No leia libros, etcetera, no se preocupaba por todo eso.

– ?Murio aqui?

– Murio en la cama donde tu duermes ahora. Cuando murio di la habitacion al chico Teddy. Tambien mi padre tenia ese nombre, pero nada de Teddy con el. ?Theophilactos! Capitan Theo en el bote.

– Parece mucho del viejo mundo -dijo Ethel-. ?Comprendes lo que quiero decir?

– No.

– Igual que tu te sientas a la mesa: «?Noola, la sopa! ?Noola, la carne! ?Noola, mi cafe!» Ella esta alli para servirte.

– Mi padre, peor. Cuando sentados a la mesa con el, nadie habla. ?Miralo!

Ethel miro a Costa en su lugar. Impulsivamente lo abrazo.

– ?Por que haces eso? -pregunto el.

– Porque te quiero, papa, y quiero que sepas que hare cualquier cosa para que seas feliz.

– Una manera.

– La se.

– Tambien hablo por ese hombre. -Indico la fotografia y la lapida.

– Lo se.

– Noola me ha dicho que pones algo ahi dentro -dijo.

– Tomo la pildora.

– ?Pildora?

– Eso es. Pero el dia que salga de la Marina, no lo hare mas -dijo Ethel.

– ?Prometes?

– No tengo espera. Ya le dije a Teddy…

– Ahora te digo secreto. Noola furiosa contigo. Ella cree que tu haces dano al chico. Ya sabes como ella es. Noola es una leona, ya lo ves.

– Me gustaria que me quisiera.

– No esperes eso de las madres. ?Mucho menos de mujer griega! Ahora, escuchame.

– Estoy escuchando.

– ?Marina para mujeres? Puedo asegurarte, ?nada bueno! Quiero que lo dejes manana. Porque asi se que podre tener un nieto.

– Yo quiero lo que tu quieres.

– Abandona. Yo explico a Theophilactos, explico bien, no te preocupes.

– El problema no es Teddy, sino la Marina. Una vez te alistas no puedes dejarlo asi como asi.

– Esto es demasiado importante para dejarlo. Diles que yo he dicho…

– No es tan facil.

– Entonces yo les digo. Voy alli, y arreglo todo.

Ethel se echo a reir.

– Crees que puedes hacerlo todo, ?verdad papa?

– Todo lo que esta bien -respondio Costa.

Ethel busco en su bolso y saco una cajita pequena de color azul.

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