Lo beso. Eso zanjo la cuestion.
Cuando entraron en
– Te quiero.
– Yo no deseo que me quieras a mi -le respondio el-. Yo quiero que obedezcas a mi hijo.
12
Ethel observo que Teddy habia adelgazado. Mientras conducia lentamente, las luces de la calle iluminaban su cara y hacian visibles sus ojeras.
Mientras Ethel daba vueltas a sus pensamientos, observaba las manos de Teddy sobre el volante. No eran como las de Costa, eran como las de Noola. No eran de marinero, sino de oficial. Le acaricio con una mano mientras le hablaba de sus lecciones de cocina y de la reaccion de Costa a la comida unica que ella habia preparado.
Al llegar a su cruce, Teddy dio la vuelta alejandose del viejo lugar que habitaban.
– ?Adonde vamos? -pregunto ella.
– A casa.
– ?Y donde esta nuestra casa?
– Ya lo veras.
No insistio y siguio contandole sobre los platos griegos que le prepararia, sobre cada tecnica culinaria que habia aprendido.
Mientras hablaba, ella se imaginaba las manos de Teddy sobre las suyas, las suyas sobre las de el. Esta fantasia tenia lugar en un lugar suave, oscuro, en donde las luces estaban amortiguadas y los ruidos eran apagados.
– Tengo escrito todo lo que tu madre me enseno. Te ensenare mi libreta.
Ella le demostraria cuanto lo amaba. ?Lo amaba? Podria. Todavia les quedaba una oportunidad.
– Todo comienza con el aceite de oliva -dijo Ethel-. ?Todos los platos!
Deslizaria sus manos lentamente por encima del pecho de Teddy y hasta donde se le notaban las costillas. Seguiria hacia abajo por encima de su barriga ligeramente curvada, hacia arriba, y hacia abajo hasta el pelo pubico que brotaba de la palida piel aceitunada. Seria muy gentil con su miembro, lo acariciaria ligeramente. Dejaria que sus dedos se deslizaran bajo su saquito, para palpar gentilmente sus piedras preciosas.
?Sonreia Teddy? ?Habia adivinado quiza lo que ella estaba pensando?
– Y si no son cebollas, son ajos. Adoro el ajo ahora.
Y cuando se alzara su pene ella lo dejaria caer de nuevo. Le ensenaria a no precipitarse. Una chica de Tucson le habia contado que era como entrenar a un perro a esperar su comida. Tenias que entrenar a tu marido a no tragar. Llamese incitacion, llamese tecnica: ella lo incitaria, cambiaria su tecnica.
– ?Yogur! Ahora ya podre preparar el nuestro -se oyo que estaba diciendo-. Es mejor que eso que se come la chica de la tele. Ya veras.
Se acoplarian, no joderian. Ella lo haria diferente de todos los que habia conocido. Ella lo convertiria en el amante que ella necesitaba.
– He aprendido a hacer el tipo sencillo. Sin ningun sabor es el sabor que me gusta mas.
No como Ernie, ni Aaron, ni Julio… ?oh no Dios mio! Teddy no podria… en fin, nunca lo habia hecho, nunca la tomo de ese modo. Vaya palabrita: «?Tomar!» Todas esas fantasias machistas. ?Un polvo! ?Meterla dentro! ?Partirla con su herramienta! ?Darse un revolcon! No, ellos se unirian, se unirian en el amor.
– Manana hare un poco -dijo Ethel-. Ya veras lo que quiero decir.
Ella comenzaria de nuevo y el comenzaria tambien de nuevo. Ethel veia el cuadro de sus cuerpos iguales en union.
– Y creo que finalmente he aprendido el truco del arroz.
No seria la acometida animal, con toda la rapidez y dureza de que el era capaz, y ella aprovechando lo que pudiera. Ella conseguiria que todo fuese cabal. Esta era su gran oportunidad, quiza su ultima oportunidad.
Estaban entonces siguiendo curvas a la orilla de verdes campos. Teddy no habia reaccionado a nada de lo que Ethel habia dicho… ninguna de las reacciones que era de esperar. Parecia decidido y Ethel no tenia ninguna sospecha acerca de que.
Recordo entonces los alrededores. Subian hacia el distrito de Mission Hill, una zona de casas viejas y nuevos bloques.
Continuando la conversacion para llenar el vacio, Ethel le hablo de Aleko y su amante.
El bloque al que se acercaban era el mismo que se suponia ella debia firmar el contrato el dia en que desaparecio.
– Nunca se casara con ella -dijo Teddy-. Los griegos no se divorcian. ?Canto para ti?
– ?Oh, si! ?Me emociono lo indecible, verlos tan unidos!
Teddy freno energicamente. Estaban en una zona marcada con dos gruesas lineas en el suelo. Teddy salio del auto, tiro de la bolsa de Ethel y dio un portazo. Parecia desasosegado, a punto de pelear.
Ethel ya sabia en donde estaba. El ascensor subia soltando un silbido. Ethel recordo ese detalle y el sistema de iluminacion del pasillo en la parte inferior, de modo que la gente que pasaba parecia flotar.
Teddy abrio la puerta, y mientras tiraba de la llave se coloco a un lado, un funcionario en una ceremonia, abriendo paso para un invitado de honor.
Ethel entro y encontro una lampara.
– ?Puedo encenderla?
– Claro.
Teddy habia amueblado enteramente aquel lugar con mobiliario sin barnizar.
Ethel se acerco adonde Teddy la esperaba, firme, y alzo invitadora sus labios.
Teddy la beso rapidamente, y encendio entonces la luz central.
– ?Quieres ver el resto? -pregunto.
– Dentro de un momento.
Ethel se sento en el sofa, indicando el lugar a su lado colocando alli la palma de su mano y espero a que Teddy viniera junto a ella.
Teddy se sento en la butaca opuesta, recibiendo sobre la cabeza la luz de la bombilla de ciento cincuenta vatios. Ethel observo que Teddy estaba todavia acumulando tension por algun motivo.
Salio entonces de la habitacion y al regresar traia en la mano un gran sobre de papel manila. Sacando de el un formulario mecanografiado, lo dejo en la mesita frente a Ethel.
– Es para un ano -dijo -. He firmado.
– Bueno, muy bien, entonces -respondio ella.
Teddy volvio a colocar el formulario en el sobre manila y se sento otra vez en la butaca frente a Ethel.
– ?Que aspecto tengo? -pregunto Teddy.
– Mas delgado. Guapo.
– Guapo, por el amor de Dios…
– Estas convirtiendote en un oficial.
– Todavia no. Pero estoy estudiando. Duramente. El oficial de educacion se ha tomado realmente interes por mi.
Teddy parecia diferente: mas vigoroso, mas pulido, mas firme en su conjunto, muy decidido, una persona de clase superior. Todo lo cual hacia que Ethel deseara que Teddy se quitara toda la ropa cuanto antes. Tenian que derribar los muros que se habian alzado entre ellos.
– Primero tenemos que hablar -dijo Teddy.
Era una orden.
– De acuerdo – dijo ella-. ?Puedo apagar esa luz tan brillante?
– Yo lo hare.
Ethel lo observo mientras se movia por entre el mobiliario sin barnizar, colocado estudiadamente y el area
