– Cuando nosotros llegamos a este pais -dijo Costa- ellas fueron nuestro primer amigo. Todos contra nosotros. Cuando estabamos en el fondo y veiamos marsopas en el agua, sabiamos, inmediatamente, que ningun tiburon se acercaria.
Entonces ella lo dijo.
– No quiero regresar.
Costa no respondio lo que Ethel temia dijera. Costa no respondio.
– Nunca he tenido una familia de verdad, antes -dijo Ethel.
– Ahora tu haces tu propia familia -dijo Costa-. Esta es tu oportunidad.
?Esta es tu oportunidad? Naturalmente, Noola habia hablado con el.
Ethel decidio no insistir en el tema.
La marsopa habia desaparecido.
Costa se levanto y se encamino a popa. Ethel le oyo hablar a los otros en griego.
El motor paro. Costa se acerco y tiro el ancla por la proa.
– Aqui hay arrecife -dijo-. Pescaremos nuestro almuerzo. Los primeros los utilizaron como carnada y cebo de anzuelo.
Comenzaron entonces a moverse alrededor del arrecife mientras Costa observaba a traves de un barril con el fondo de cristal hasta que dieron con un buen lugar. Al cabo de diez minutos tenian treinta pescados, casi todos ellos, segun dijo Costa, bonasies pequenos.
Sobre un fogon de carbon humeaba una gran cazuela negra; Ethel percibia el olor del aceite de oliva hirviendo. El timonel tuerto arrojo un par de punados de harina en un cuenco. Se empolvaron los pescados y se echaron en el sabroso aceite caliente. Los hombres comieron el pescado, cabeza y todo. La cabeza del pescado, explico Costa, es buena para el cerebro humano.
Bebieron el vino todos de la misma botella.
Despues del almuerzo, Ethel se quedo dormida en la cubierta anterior. Cuando desperto estaban pasando por debajo de un gran puente, con suficiente arco para permitir el paso de los trasatlanticos.
Ethel volvio la cabeza, y alli estaba Costa, sonriendole. Pero sus ojos eran severos.
– ?En donde estamos? -pregunto ella.
– Bahia de Tampa -respondio el. Dijo entonces lo que habia estado pensando -. La mayor parte de cosas que hemos de hacer en la vida no deseamos hacerlas.
Ethel miro a su alrededor. Estaban acercandose. A algo.
– He de hablar contigo -dijo Ethel-. Tu puedes ayudarme.
Costa asintio con la cabeza, espero.
– Finjamos haber tenido un accidente -dijo Ethel, intentando suavizar las cosas-. Pasaremos juntos la tarde, iremos a ese restaurante espanol, aquel de Ybor City, con sus bellas lamparillas ligeras, adonde solias ir a buscar chicas cuando eras joven…
– ?Quien te lo ha dicho?
– Ted.
– ?Como sabe el lo que yo hacia antes de que naciera el?
– ?Y que dices sobre mi proposicion?
– Teddy esta esperandote.
A pesar de ello, Ethel observo que la idea no le disgustaba.
– Lo llamare -dijo presurosa-. Cada noche esta en casa, estudiando. Tu hablas con el, asi sabra que es legitimo. No tenemos por que explicarlo todo, ?verdad?
– A tu esposo, tu debes explicarlo todo.
Ethel hizo acopio de fuerzas y comenzo de nuevo.
– No quiero regresar -dijo-. Quiero quedarme aqui contigo.
– Tienes que estar donde tu esposo esta, ?de que estas hablando?
Paso de la raya, pero no le importo.
– Tengo miedo de que algo malo va a suceder.
– Confia en Teddy, diselo, siempre puedes confiar en Teddy.
Ethel podia ver que el viejo estaba asombrado y confundido; no comprendia nada.
– Vuelve -le dijo-. Descubre lo que el quiere. Hazlo.
Ethel estaba a punto de contarselo todo.
– Yo no soy fuerte, ?sabes? Yo no soy una chica fuerte.
– Estaras perfectamente cuando tengas hijos.
– ?Lo crees de verdad?
– Cuando tengas hijos, la vida, ?sabes?, es simple.
– Yo vine al mundo sin un manual de instrucciones -dijo Ethel-. Siempre estoy pensando que hay algo que deberia estar haciendo y no lo hago.
– Nadie sabe lo que ha de hacer. Pero, para mujer, es mas facil. Se supone continuara familia. Crear nuevos pequenos mejores que los viejos, pequenos mas listos, mas fuertes. Cuando eso se ha hecho, uno muere feliz.
– ?Crees que yo puedo ensenar a los chicos como han de ser cuando yo no lo se ni para mi?
Ethel vio que, por primera vez, Costa estaba asustado.
– Dimelo -le dijo ella-, dime la verdad.
– Cuando miras la cara de un nino, sabras lo que has de decir. Todo sera claro entonces, porque tu proposito en la vida sera claro. Para esto has venido a la tierra.
– ?Solo eso?
– Solo eso. ?Que pasa con tu padre… no te ha ensenado nada?
– Tu me ensenas. A el no le creo. Te creo a ti.
– De otro modo vas cada dia como el tiempo… aqui, alli, cada dia diferente. Se cree en una sola cosa sencilla, el resto es facil. Estas aqui para continuar mi familia. En la iglesia tu dijiste de acuerdo, tomo ese encargo. Eso es muy importante para mi. Yo conozco mi familia, quienes fueron, los nombres, los lugares, las casas, los trabajos que hicieron durante centenares de anos. Cuando uno se casa en mi familia, eso es lo que se espera de uno. ?Eso! ?Nada mas! ?No juegues con eso! ?No hagas tonterias por ahi! Oh, creeme, no quiero enfadarme contigo.
Ethel miro la placida agua grisacea.
– ?Entiendes lo que yo digo?
– Si.
– ?Crees?
– Si, creo.
– Dame tu palabra de que crees, y, porque crees, eso es lo que vas a hacer.
– Hare todo lo que pueda.
– ?Nada todo lo que pueda! Hasta ahora no basta. Has de crecer, ser mayor, mas fuerte, en mi familia, mayor, mas fuerte.
– Todo el tiempo estoy asustada. ?Por que estoy asustada? ?De que?
– De ti misma.
– Eso es cierto.
– Y porque estas sola. Te has casado en iglesia, de acuerdo, pero todavia no en tu corazon. Has de volver atras y casarte en tu corazon. No necesitas al maldito cura para eso. Ahora yo quiero tu palabra.
– ?Que palabra?
– Que vas a hacerlo.
– Lo intentare.
– Deja esas palabras americanas: «Lo intentare… en cierto modo…» Eso no es claro en nuestro pais. Oigamos: Lo hare. Lo prometo. Voy a hacerlo.
– De acuerdo.
– No, de acuerdo, quedar bien nada mas. Quiero las palabras, las mismas palabras mias.
Habian llegado al interior de la bahia. Se habia alzado un viento ligero y el agua se movia sin llegar a oleaje.
– Lo hare -dijo Ethel.
