Cierta tarde, la cubierta posterior estaba cubierta con criaturas que Petros llamo
Este grupo, la mayoria de cuyos miembros tenia algo que ver con el negocio de los sujetadores, sentia desagrado de pasar su tiempo libre en Puerto Rico en donde estaba su fabrica (la pobreza los deprimia), de modo que fueron en avion a Sarasota y su director general les permitio abordar el
– Dime, Ethel, ?has pensado alguna vez en hacer de modelo? – le pregunto mister Bolt. Un amigo estaba esparciendo «Sun-soother» (Marca registrada) en su espalda.
– ?Y que es lo que yo podria modelar? -replico Ethel mientras le entregaba un sobre grueso lleno de dinero.
– ?Como puedes preguntar eso, queridita? -dijo el amigo, dando la vuelta a mister Bolt.
– Estoy embarazada -dijo Ethel-. Este es el motivo del buen aspecto.
Siguio un coro jubiloso de felicitaciones.
Ethel confio a Bolt que esas voluminosas tetas habian sido para ella motivo constante de inhibicion desde que ellos aparecieron.
Ethel se rio despues de su aprension.
Llego el dia en que todos pudieron apreciar que el vientre de Ethel estaba aumentando.
– ?Guardas una pelota de futbol ahi dentro? -le pregunto Petros, aficionado al futbol americano. Le molestaba lo que no era suyo.
Costa comenzo nuevamente a insistir en que Ethel abandonara su empleo y volviera a casa para vivir tranquilamente como era adecuado para una mujer griega en camino de ser madre. Cuando Ethel rehuso obedecerle, Costa llamo por telefono a su hijo y le acorralo tan duramente, que Teddy finalmente accedio a venir a visitarlos para una confrontacion.
Ethel encontro a Teddy muy agitado.
– Tengo muchisimo trabajo pendiente -dijo.
Ella lo llevo a la parte posterior de la casa y le conto que estaba ahorrando dinero para su uso personal y no habia razon alguna por la que ella no pudiera trabajar.
– A ti te toca manejar a tu padre -le dijo.
Teddy asintio bruscamente, se dio la vuelta al estilo en que habia sido entrenado, y marcho hacia la casa.
No deseando ver ni oir la escena, Ethel se tumbo bajo el roble y espero. El ruido de la discusion llego hasta ella.
Primeramente oyo que el padre exigia, vociferando con palabras que Ethel habia oido una y otra vez. Oyo despues al hijo haciendo exactamente lo mismo que su madre habia hecho algunas semanas antes cuando Costa le exigia que abandonara su empleo, repitiendo lo mismo una y otra vez, manteniendo la voz moderada y baja, de modo que llegaba hasta Ethel en forma de murmullo.
Y Costa que gritaba.
Y mas murmullo.
Oyo entonces a Teddy, futuro oficial, hablar con voz de mando.
– Quiero que trabaje -dijo, y parecia un oficial de Marina dando las instrucciones finales a una tripulacion rebelde-. Esto es America, padre, y yo sere quien decida cuando Ethel debera abandonar su trabajo, no tu. Ella es mi esposa, padre, no la tuya.
– ?Que quieres decir con esa observacion, chico?
– Tu te portas como si fuese tu esposa. Estas pegado a ella, o algo parecido. Muy bien. Esta muy bien. Pero te lo repito, yo soy quien ha de decidir el tiempo que trabaje y cuando tendra que abandonarlo y cualquier otra cosa que ella haga… ?Que? Oh, estaba bromeando sobre eso. Pero, por favor, ocupate de tus asuntos, ?querras hacerlo, padre?
Costa creo la crisis que necesitaba en otra direccion.
Acorralo a Noola, con el rostro contraido como un puno, y le ordeno que abandonara su empleo.
– Si no lo haces -rugio-, te sacare de casa.
Noola se fue a su habitacion y comenzo a hacer la maleta. Cuando salio, pidio a Ethel que la acompanara en el auto a casa de una amiga que trabajaba en la fabrica de medias.
Ethel dijo que, naturalmente, lo haria.
– ?Lo ves? -rugio Costa-. ?Te das cuenta de como estan juntas? -Senalo a las dos mujeres. – ?Una peor que la otra! Tu esposa ha comenzado esto, habla con ella, ?maldito idiota!
Cuando Teddy no intervino en su favor, Costa arranco la maleta de las manos de Noola y la arrojo contra la pared, rompiendo el cristal de la fotografia de la graduacion de Teddy. Costa se lanzo entonces tras la maleta, depredador sobre la presa, arranco la tapa de sus goznes, y volaron en el aire el cierre y las grapas. Se ensano entonces con el contenido, desparramando el vestido del domingo, medias, los articulos de
Noola lloraba silenciosamente a un lado de la habitacion.
Costa se dirigio a ella.
– Ahora, vete -grito-. Vete a vivir con esas zorras de la fabrica.
Como ella no se movia del lugar, Costa la agarro. Iba a arrojarla literalmente por la puerta.
Hasta que Teddy se interpuso en su camino.
– Ya basta, padre -dijo Teddy-. Apartate por favor.
Teddy mantuvo firme su puesto cuando Costa le ordeno retirarse con un gesto. Costa entonces lo abofeteo con la palma de la mano, la confirmacion clasica de autoridad, tan vieja como el mundo.
Teddy no se inmuto.
– De acuerdo, padre -dijo con la misma voz clara y controlada-. Ahora ya basta, padre.
Costa no podia llegar a creerlo.
De nuevo intento llegar hasta Noola.
– No te acerques mas -dijo Teddy-. Por favor. No quiero golpearte, padre; pero si me veo obligado a hacerlo, lo hare. ?Por que no vas a mojarte la cara con agua fria? Dejala. Ya has hecho bastante.
Aturdido, jadeante, temblandole el labio inferior, Costa seguia de pie mirando fijamente a su hijo.
– ?Mi casa! -exclamo-. ?Vete! Ambos. Tu. Te lo digo a ti. ?Fuera!
En los ojos de Costa habia lagrimas.
– ?Mi hijo! -exclamo -. ?Tu! No quiero verte nunca mas. Estaba tranquilo pero respiraba todavia dificultosamente. -No espero nada -dijo- de ninguno de vosotros. ?Unicamente de Ethel!
Salio entonces de la casa y no volvio.
A ultima hora de aquella tarde, Teddy se preparo para el largo camino en auto al Sur.
– Seguro que te convertiras en un oficial, sin duda -le dijo Ethel-. Hoy parecias del alto mando, chiquillo.
– He hecho dano al viejo -respondio Teddy.
– Tenias que hacerlo. ?Quien sabe lo que el hubiera podido hacer?
– Si, si, claro, pero… ?has visto como lloraba?
– Eres un ser humano muy dulce, Teddy.
– Lo se. Ese ha sido mi problema. -La miro.- ?No lo crees asi?
La beso entonces en la mejilla, como es habitual entre amigos, y le dijo:
– Bueno, tu ya tienes lo que deseabas, ?no es asi? Y a el se le pasara el disgusto. Creo.
