Ethel aprobo con la cabeza y sonrio.

– Si, tu lo conseguiras. En este mismo momento yo te asciendo. Capitan Avaliotis.

– Estas mal de la cabeza -dijo Teddy-, ?ya te has enterado?

Cuando Teddy se hubo marchado, Ethel encontro a Noola.

– ?Quiere que yo me quede aqui con usted, por si acaso? -le pregunto.

– ?Por si acaso, que? -inquirio Noola.

– Por si Costa pierde otra vez los estribos.

– No es necesario.

– Yo creo que esta vez el esta muy convencido -dijo Ethel- sobre dejar el empleo y todo eso.

– Bueno, esto es lo mas grande que le ha sucedido en la vida -respondio Noola-, pero… y perdoname… no es lo mas importante de mi vida. Yo soy mas importante.

Y anadio despues:

– Gracias.

– Yo no he hecho nada… ?Se refiere usted al nino?

– Quiero decir la idea de trabajar. Esa idea me vino de ti. Y esa cosa pequena, ha cambido toda mi vida.

– ?Quiere usted la independencia, mistress Avaliotis?

– Ahora ya puedes llamarme Noola. No, me refiero al dinero.

Aquella noche durmieron en la misma habitacion. Habia camas gemelas y durante los primeros anos de su matrimonio, Noola y Costa habian utilizado ese cuarto.

La noche estaba tranquila.

A las cinco y media, cuando fuera reinaba todavia la oscuridad, ambas mujeres se levantaron de la cama, prepararon cafe y tostadas, comieron y bebieron silenciosamente.

– No estaras preocupada por el, ?verdad?-pregunto Ethel.

– Claro que estoy preocupada. Algunas veces se pone furioso como ayer y en esos momentos podria hacer cualquier cosa. Se le pasa, pero mientras lleva dentro los demonios de su caracter… ?ya lo viste!

Ethel la llevo en el auto hasta la fabrica. Una cincuentena de mujeres, la mayoria pasada ya la madurez, iban entrando en el viejo edificio cubierto por la hiedra.

Noola se unio a ellas y no volvio la vista atras.

Cuando Ethel llego al trabajo, Costa ya estaba alli, muy bebido. Habia anunciado su retiro a Petros, quien no habia protestado en absoluto. En aquel momento, Costa estaba retirando sus cosas. Aleko el Levendis, triste y sonoliento, estaba fuera, esperandole en su auto.

Costa miro a Ethel durante un largo rato, como si estuviera meditando en lo que iba a hacer, y despues se acerco a ella, con la cabeza gacha como un colegial discolo, y le dijo:

– ?Esta bien Noola?

– Esta bien.

Costa sacudio la cabeza con energia.

– Se ha convertido en asno -dijo-. ?Imbecil!

– Esta esperandote.

Costa asintio con la cabeza y vacilo.

– ?Oiste lo que ese hijo estupido me dijo ayer?

– No -respondio Ethel-. ?Que fue?

– Mejor que no oigas esas cosas.

Ethel hizo entonces algo picaresco. Se inclino y beso al viejo en la mejilla.

– No dejes que eso te preocupe -le dijo.

– Oh, si, oh, si, si -respondio el-. El hace lo que quiere, Noola hace lo que quiere, tu y yo, nosotros, hacemos lo adecuado. Yo dejo hoy el trabajo aqui. No me tengas miedo. Te quiero. ?Entiendes eso?

– Noola esta esperandote.

– Yo no quiero a Noola. Voy a vivir sin ella. -Miro a Ethel, coloco su mano en forma hueca bajo la barbilla de ella, le alzo la boca y la beso. Estaba muy borracho. – Te agradezco lo que haces por mi. No lo olvidare. Ya no me encontraba nada a gusto ahi. Y no te preocupes, yo cuidare al nuevo chico, lo educare de modo adecuado.

– Confio totalmente en que lo haras. Modo adecuado.

– De acuerdo, entonces. ?Es mio?

– Si. Y mio. Pero tu puedes criarlo. ?Te lo confio!

– ?Garantizado! -dijo Costa-. Otra cosa mas. Vendras a ver; ?no tendras miedo de mi?

– Me gustan los hombres que se enfurecen; los que no me gustan son esos que no se enfadan cuando deberian hacerlo.

– Entonces ven a verme muchas veces. -Se echo a reir. – En seguida.

– Este final de semana.

Costa la beso nuevamente en la boca. Entonces, sin despedirse de Petros, que para el no contaba, salio para irse a casa.

– ?Adonde vas? -pregunto Petros el siguiente domingo por la tarde.

Petros habia decidido comportarse como un hombre al que estan enganando.

– Al Norte.

– No te creo.

– Ese es problema tuyo.

– ?A quien vas a visitar al Norte?

– Al viejo.

– No iras a recorrer todo ese camino para visitar a un viejo.

Ethel salio de la oficina, se metio en su auto y lo puso en marcha.

Tenia el vago presentimiento de que la seguian. Penso haber distinguido el auto de Petros detras de ella, durante todo el camino hacia el Norte.

Costa habia puesto los cimientos de bloques de cemento y ceniza, sobre los que habia colocado cuatro por cuatro, sujetandolos a los pernos metidos en el cemento. Habia hendido un lado de la casa haciendo un puente en los cimientos. Estaba trabajando sin planos, pero era obvio que habia estado pensando en ello durante largo tiempo.

Ethel le contemplaba mientras el trabajaba, hacia recados para el, le trajo un nuevo suministro de clavos de tres pulgadas, y le preparaba la cena.

Por la noche, Costa dormia en el cuarto a medio terminar, y cualquiera que pasara por aquel lado de la casa desde la calle podia ver la gran cama vieja con su enorme cabecera.

Ethel acepto la posicion que Costa le habia asignado, de indolencia, esperando. Costa tapizo el lecho para tumbarse de dia bajo el roble, y le trajo una radio portatil. Ethel contemplaba el musgo colgante y escuchaba musica alegre. Desde la casa oia los martillazos de Costa.

Por la noche, Ethel y Noola ocupaban camas gemelas en el mismo cuarto… por sugerencia de Ethel. Sentia pena por la mujer y, desacostumbrada al tipo de violencia que Costa habia exhibido, creia que Noola necesitaba proteccion. Intento suavizar los sentimientos de Costa hacia su mujer, pero no tuvo exito.

Costa consideraba a Noola como una traidora. Todos sus afanes se concentraban en Ethel.

Trabajo parte del domingo, y despues lo dejo. Se lavo cuidadosamente, se afeito y se fricciono con un perfume demasiado dulzon.

Entonces se dirigio adonde se hallaba Ethel tumbada, y coloco su mano en el abdomen de la mujer.

– Te ensenare -le dijo-. Los chicos -su mano se movia suavemente hacia arriba, tranquilizadora-, de este modo, aqui, altos. Las chicas -deslizo su mano hacia abajo-, estan de este modo, aqui, asi me enseno mi abuela.

Ethel no rechazo sus caricias.

Cuando Ethel volvio, Petros no dijo palabra. Ethel se comportaba ahora abiertamente como su amante,

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