Ethel le dijo a Costa que ella enviaba a Teddy treinta dolares cada semana. El Gobierno de los Estados Unidos no mantenia adecuadamente a los miembros de sus programas de entrenamiento para oficiales, se quejo Ethel, de modo que a ella le correspondia ayudarlo.
Costa fruncio el entrecejo, apreto sus gruesos labios, asintio, escupio.
– Teddy quiere que yo ahorre todo lo que pueda -dijo Ethel-. Quedan todavia tres anos durante los que necesitara de mi ayuda…
– Yo se la dare -dijo Costa.
– Tu necesitas el dinero para otras cosas -dijo Ethel-. Ademas, Teddy quiere mantener a su propia familia; no quiere que le den limosnas.
– ?De su propio padre! Eso no es dar limosna.
– Asi es como el lo cree -replico Ethel.
– ?Y tu, que crees?
– Yo hago lo que Teddy me manda -dijo Ethel.
Costa respetaba esa manera de hablar y, durante algun tiempo, le acallo.
Ademas, tenia otro problema; Noola no queria renunciar a su trabajo en la fabrica de medias. Ethel los oyo disputar aquella noche en la habitacion al otro lado del vestibulo, Costa dando gritos, y Noola respondiendo siempre con su voz moderada y controlada, sin perder en ningun momento la calma. Al dia siguiente, Costa no dirigia la palabra a su mujer.
El y Ethel salieron juntos hacia el Sur; ambos estaban llegando tarde al trabajo. Mientras caminaban hacia la darsena, Costa acepto los razonamientos y la decision de Ethel.
– Debes hacer lo que necesita tu marido -le dijo-, pero es probable que yo mate a mi mujer, puede ser la semana proxima. -Se echo a reir al decir esto, y anadio:- En mi isla, ?oh, mi abuelo! ?Oh, mi padre! ?Lo que ellos hubieran hecho alli!
Noola habia descubierto lo que Ethel tenia, aquella independencia que proviene de la posesion de dinero. Habiendo saboreado ese tonico, no estaba dispuesta a renunciar.
– Mi esposa -dijo Costa, cuando se separaban- olvida quien es.
– ?Y quien es ella?
– Ella es una mujer griega, ella es mi esposa. Se lo ensenare otra vez, con esto. -Mostro a Ethel su mano grande, un puno cerrado.
Si su nuevo empleo de capataz del muelle le hacia sentirse mas importante, al conocer la prenez de Ethel se habia puesto exultante. Todos comenzaban a quejarse de su arrogancia. El trabajo ahora le aburria y ventilaba su impaciencia sobre los demas, caminaba furioso por los embarcaderos de la darsena haciendo sentir a los clientes lo que realmente eran, incompetentes en las tareas del mar.
– No le hagais caso – Petros advertia a los propietarios de embarcaciones que protestaban del talante de ese viejo sujeto orgulloso-. Acaba de saber que va a ser padre.
Lo que, Petros se lamento a Ethel, no era totalmente una broma.
– Dile que te quite las manos de encima -le dijo.
– Oh, vamos, Peetie…
– No quiero que este manoseandote todo el tiempo.
– Es un hombre viejo. Ademas, tu y yo no estamos casados. No te he dado ningun derecho para que vayas dandome ordenes, asi que, ?no me hables de ese modo!
– Un minuto mas, y te doy una zurra.
– No, no lo haras. Soy capaz de derribarte.
– Cada vez que te veo, alli esta el sobandote o tocandote. ?Que demonios es eso?
– Simplemente que es feliz.
– Cuando estais sentados los dos y el se inclina hacia ti y te habla susurrando, pone esas manos suyas que parecen jamones en la parte interior de tus piernas, y no hablo de tus rodillas, sino de ahi arriba en donde tu lo sientes, y ?que es lo que esta murmurandote, quieres decirmelo?
– El me dice, un centenar de veces al dia, me dice: «Sera un chico, lo llamare Costa, de abuelo a nieto, el nombre va asi en mi familia, de abuelo a nieto.» Esto es lo que tiene en la mente.
– Pues no parece que este diciendo eso. ?Enteramente parece como si tuviera un enorme destornillador dentro de sus calzones!
– Bueno, supongamos que asi sea. Que es lo que yo debo hacer… ?arrojarle un cubo de agua fria?
– Muy bien, ?despedire a ese bastardo!
– Peetie, no tienes mucho seso, utiliza el poco que te queda. Si alguna vez llegaras a portarte de ese modo extrano, Costa sospecharia… Bueno, podria… ?por que pones esa cara?
– Mas pronto o mas tarde…
– Ni mas pronto, ni mas tarde. Y deja de poner ese semblante tan maligno cada vez que Costa me coloca el brazo alrededor de los hombros.
– ?Los hombros, una mierda! Esta palpando tu pecho del otro lado, de este modo.
– Vamos, dejalo ya, Peetie. Ya se donde esta. Costa quiere comprobar si me estan creciendo.
– Dile que me lo pregunte a mi; yo se lo dire.
El hecho era que no habia manera de controlar el gozo de Costa. Pronto se puso insoportable y su arrogancia cayo sobre Petros.
– Estas haciendola trabajar demasiado -vocifero-. ?Esta cansada!
– Yo no hago eso. Ella es como es -protesto Petros.
– Prepara un lugar donde ella pueda reposar cuando este cansada o la sacare del trabajo, te lo digo de una vez, chico. Me la llevare a casa.
– Puede descansar en mi embarcacion -respondio Petros reprimiendo apenas su irritacion.
– Ten cuidado, amigo -advirtio Costa-. Si me sacas de quicio, te mato, lo garantizo, asi que no me hagas enfadar. ?Ten cuidado!
Petros recibio una reprimenda de Ethel.
La gente de la darsena observo un cambio en el modo de ser de Ethel antes de que se viera en ella ninguna alteracion fisica. Ethel comenzo a sonar despierta. En sus suenos, se convertia en neoyorquina. Tenia un empleo seguro, bien pagado, vivia sola en un apartamento soleado, y disfrutaba de una existencia independiente y tranquila. Se pasaba las tardes en la oficina de Petros pensando en el mobiliario, o confeccionando un calendario imaginario de actividades, los espectaculos a los que iria, las clases que tomaria, los libros que leeria, el tipo de vestidos que usaria.
Topaba entonces con el autentico problema: encontrar un empleo. Compraba el
Una tarde, surgio de improviso una oportunidad de una procedencia inesperada.
El nuevo propietario de la darsena era el presidente de una sociedad que habia agrupado alrededor de la firma original dedicada a productos farmaceuticos (heredada de su padre) a las siguientes empresas: una editora de libros en rustica (preferentemente libros de texto); una compania productora de television con sede en Glendale, California; una fabrica de zapatos de todo tipo domiciliada en Suiza (con intereses especiales en Grecia); una fabrica en Alaska dedicada a la congelacion envasada del cangrejo rey; un negocio de sujetadores (el sujetador «Susurro» y el «Promesa»), cuyas oficinas estaban instaladas en Nueva York y cuyos productos se confeccionaban en Puerto Rico.
Con mas dinero del que el supiera en que gastar, compro un gran crucero al que puso el nombre de su madre. El
