Ethel miro el rostro de Petros; era todo empuje. La nariz le partia la cara en dos. La linea del cabello era baja, su cara expresaba accion, no contemplacion. Petros no era un hombre reflexivo.

– ?Con quien sales ahora? -dijo Ethel.

– Contigo -respondio Petros-, salgo contigo.

– Amigo, yo estoy embarazada -dijo Ethel-. Soy una mujer casada, estoy embarazada y voy a dejar mi empleo al final de esta semana.

– ?Estas embarazada? ?Desde cuando?

– ?Que es lo que quieres saber, el dia y la hora?

– ?Quien es el padre?

– Teddy. ?Quien crees que puede serlo?

– Yo creo que eso sucedio mientras te fuiste a ver mundo. Lo viste, ya lo creo. Pero no pareces diferente.

– Todavia no se nota cuando estoy vestida.

Petros la miro alli donde sus pechos llenaban el vestido.

– Tienen el mismo aspecto, un aspecto excelente.

Permanecio silencioso durante la cena, parecia haber olvidado la noticia de Ethel. Entonces se decidio:

– No me importa -dijo -. Esperare. Sigues siendo aquella con quien salgo.

– Petros, estoy casada; ?es que no entiendes eso?

– Oye, zorrilla, ?crees que soy idiota? Si estuvieras casada y mantuvieras tu matrimonio estarias con tu marido, alli donde este el. Mierda, se bien cuando una mujer esta casada.

– Dejare tu empleo el viernes -repitio Ethel.

– Que te crees tu eso.

Petros tuvo razon en eso. Ethel recibia buena paga, tenia un empleo privilegiado, y estaba comprometida a proporcionar a Teddy veinte dolares a la semana. El viernes siguiente Petros aumento su salario en diez dolares. No se lo menciono; dejo el dinero en el sobre.

Cuando ella le pregunto al respecto, Petros respondio:

– Estamos haciendo un buen negocio. Yo me aumento, y te aumento a ti.

«La insistencia -se dijo Ethel- vence a cualquier chica. Asi que, vigila.»

Hasta aquel momento Petros no le habia hablado de su vida privada. Ahora el no ocultaba su libreta de notas ante Ethel. Esta, como secretaria suya, le concertaba las citas. Cuando, por ejemplo, Petros queria romper con una chica para ir con otra que estaba dispuesta de improviso, mandaba a Ethel que hiciera el trabajo sucio por telefono. Cada manana hacia un resumen de lo que habia sucedido la noche anterior, algunas veces con detalles graficos, indicando entonces a su secretaria social cuando queria una representacion repetida.

?Que es lo que le hacia creer que esto atraeria a Ethel? Quizas el creia que ella suplicaria que le permitiera mantener la nariz fuera de las sabanas de Petros indicando asi su interes en lo contrario.

Si es eso lo que pensaba, Petros subestimo la dureza de piel que Ethel habia desarrollado. Ella se divertia jugando a ser su alcahueta. Se burlaba de sus ingenuos esfuerzos para humillarla y lo renia sin piedad cuando Petros permitia que una adolescente estuviera con el.

Finalmente Petros se dio por vencido.

– Muy bien -dijo-. ?No mas gamo!

– ?Que es eso, gamo? ?Algo bueno?

– ?Quien sabe? Es la palabra griega para matrimonio, gamo tambien significa negocio en griego. -Dio una palmada al lado de su puno cerrado.

– ?Que primitivos sois los paganos! -exclamo Ethel. -Muy bien, me doy por vencido, nada pido, nada espero. Soy un monje.

Fue un largo dia, caluroso y humedo. El mes de septiembre en la costa oeste de Florida tiene unos dias y unas noches que no tienen nada de recomendable. Aquella fue la primera noche que Ethel paso en la cama de Petros.

Dejo caer la sugerencia en el escritorio de el, al finalizar la tarde, cuando recogio el correo que Petros habia firmado.

– Si todavia me quieres, esta noche me quedare contigo -le dijo Ethel, y regreso a su propio escritorio para colocar las cartas dentro de los sobres.

Lo que la sorprendio fue que Petros no se precipito hacia ella, ni tan siquiera dio por recibida su oferta besandola o tocandola en cualquier lugar que no hubiera hecho antes. En lugar de decirle «vamonos a la cama», Petros dijo: Vamos a cenar.

La llevo a un restaurante en el que ya habian estado antes, y comieron lo que habian comido otras veces, los cangrejos favoritos de Ethel, y los lenguados favoritos de Petros. La unica senal de que se trataba de una ocasion especial fue que Petros encargo un Chablis de importacion.

– ?Que te ha sucedido, asi, de repente? -le pregunto despues de su primer trago de vino.

– Ya que significa tanto para ti, pense que…

– No me concedas favores especiales, miss Laffey -dijo el ?Zorra! ?Por que sonries?

– Ese vino es para saborearlo, no para tragarse un vaso entero de una vez.

– Estoy nervioso -comento el.

– No te desvistas -le dijo Petros mas tarde. Se hallaban en la embarcacion y estaba oscuro en la bodega-. Yo quiero hacerlo. Se acerco a la escotilla y miro hacia fuera.

– El aire viene ahora por el Oeste -dijo-. Llovera. Y cerro la escotilla.

Ethel apago la luz de la litera para que la oscuridad tranquilizara los nervios de Petros. Con ella siempre habia dado resultado, recordo, cuando los hombres se tranquilizaban.

Tendidos uno al lado del otro en la cama, sin tocarse, hablaron de cosas diversas… y ella esperaba.

– Quiero darte algo -dijo Petros acercandose a un armario cerrado-. He estado guardandolo para esta noche, aunque nunca pense que llegara a ocurrir.

– ?De quien es? -pregunto Ethel cuando Petros volvio a su lado con una fotografia pegada a una cartulina.

– Mi familia. En nuestra isla. -Encendio la luz de la litera y alzo la pantalla.- ?Aqui! Mi madre. ?En medio!

– ?Donde esta tu padre?

– Mi padre, maldito bobo, se unio al ejercito, en mil novecientos cuarenta y… ?podrias imaginarlo…? Los italianos lo mataron. El fue el unico griego que los italianos mataron en esa maldita guerra. Estas son mis tres hermanas, dos de ellas casadas ahora.

– ?Y quien es este de aqui?

– Tu amigo. Con cinco anos.

El muchachito de aspecto vehemente sostenia la mano de su madre como si quisiera darle seguridad, como si no hubiera razon para preocuparse si el estaba alli. La mujer vestida de negro, con toscas medias negras, contemplaba a su unico hijo como si fuese el redentor.

– Yo soy toda su esperanza -dijo Petros-. Cada mes le envio dolares.

– ?Es esa tu casa, detras de ese monton de rocas?

– Eso es lo que nosotros tenemos alli, rocas. Solo crecen los olivos.

Ethel contemplo su rostro desigual, sus ojillos negros de aceituna.

Fue entonces cuando el la toco.

– Tienes los pechos mas bellos que existen -le dijo Petros al soltarlos del sujetador.

Su tacto tenia una delicadeza que ella no habia esperado. Era una caricia mas que un estrujon.

– ?Estas asustado todavia? -le pregunto ella algo despues.

– Mas que antes -respondio Petros.

Dentro del camarote hacia calor; ambos estaban cubiertos por una capa de sudor.

Para lo que Ethel no estaba preparada, era para la reaccion que ella experimento cuando el se deslizo dentro de ella.

– ?Oh! -suspiro, aspirando en una convulsion de sorpresa-. ?Oh! -Finalmente -Ethel le oyo exclamar.

Unicamente cuando todo hubo terminado y ambos quedaron quietos, Ethel se dio cuenta de que aunque ella

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