Una vez mas, Marten anduvo arriba y abajo por la habitacion. Esta vez sus pensamientos estaban concentrados en sus captores. En quienes eran, quienes podian ser, que los movia. Buscaba un punto debil, algo que no hubiera advertido, algo que se le hubiera pasado por alto, un lugar en el que fueran vulnerables. Empezo a pensar en retrospectiva, examinando su comportamiento desde el momento en que habian cogido el control sobre el, en Roterdam, a lo largo de todos los dias y semanas hasta ahora. Lo que le parecia mas evidente, y que ya habia pensado antes, era que, por muy intensos que hubieran sido los interrogatorios o aislada su cautividad, aparte de algun pequeno golpe o bofeton, no habian recurrido nunca a ninguna forma de castigo fisico. Su metodo habia consistido meramente en interrogarlo y en aislarlo en la oscuridad, para hacer que su cerebro hiciera el trabajo por ellos. Lo que ignoraba era el motivo por el cual le habian facilitado el televisor. Tal vez estuvieran, sencillamente, mostrandose humanos. O tal vez fuera por alguna otra razon que ignoraba. Pero el hecho era que no lo habian torturado y que le habian proporcionado alimentos y el aseo basico que le permitia permanecer basicamente limpio. Considerandolo de esta manera, empezo a pensar que tal vez no fueran ni terroristas ni traficantes de drogas, sino mas bien gente como el «transportista» que traficaba con seres humanos, que, a estas alturas, habian decidido que Marten no era el pez gordo que pensaron inicialmente y se estaban preguntando que hacer con el.
?Eran peligrosos? Por supuesto. Estaban metidos en el muy peligroso y muy ilegal negocio de transportar a personas indocumentadas entre paises que estaban en plena alerta antiterrorista, y lo hacian en un momento en que las agencias policiales internacionales estaban cooperando a un nivel nunca visto en el pasado. Para hacer lo que hacian, no podian operar sin contactos solidos con el crimen organizado. De modo que no solo temerian que los desenmascararan, sino que tambien debian de tener miedo de los gansteres a los que pagaban para que los protegieran.
Estaba seguro de que habian hecho aquello con el porque pensaban que habian atrapado a alguien a quien podian rentabilizar en forma de poder y de prestigio. Al mismo tiempo, tenia pocas dudas de que si se sentian presionados y pensaban que la policia se les estaba acercando, sencillamente se lo llevarian, le dispararian una bala en la cabeza y abandonarian su cadaver en el primer vertedero o descampado que encontraran.
Aparte de esto, el caso era que, si eran traficantes de personas, debian de actuar meramente por el dinero y no tendrian el fanatismo de los terroristas o la mentalidad asesina de los sicarios que corrian por el mundo de la droga.
Siguiendo aquella linea de pensamiento, tenia que asumir que sumayor temor, aparte de caer en desgracia ante los criminales con los que sin duda se entendian, era caer en manos de la policia. Tal vez lo mas plausible era revelarles lo que habia protegido con tanto encarnizamiento: decirles quien era realmente Rebecca y preguntarles que creian que sucederia si se descubria que habian tenido secuestrado al cunado del proximo zar de Rusia. Preguntarles cual seria el resultado si eran entregados a la fuerza de seguridad personal del zar, el FSO, tal vez hasta nombrandoles al coronel Murzin para anadir veracidad a su argumento, y luego hacer la amenaza mas terrible, sugiriendoles que Murzin, a su vez, podia llegar a entregarlos a Servicio de Seguridad Federal de Rusia, el FSB, heredero del antiguo KGB. En ese caso no habria duda alguna del resultado. Serian tratados con una severidad extrema, si no final.
Utilizar este enfoque con ellos era, en el mejor de los casos, jugar a una posibilidad remota porque, aparte de los nombres que les podia soltar y el hecho que sabian que estaba presente en la cena del
Por otro lado, si estaba en lo cierto y no eran mas que traficantes de indocumentados, su confesion podia asustarles lo bastante como para soltarlo, aunque fuera solo para evitar meterse en una situacion potencialmente desastrosa, incluso letal.
No era mucho, pero era lo unico que tenia. Al final se reducia a dos preguntas simples: ?estaba dispuesto a jugarse la vida y la de Rebecca por su deduccion de quienes eran esta gente? Y si lo estaba, ?era un actor lo bastante bueno como para hacer bien su funcion?
La respuesta a ambas preguntas era la misma.
No tenia otra eleccion.
22
– ?Quiero hablar! -Marten aporreo la puerta y grito a traves de la misma-. ?Quiero hablar! ?Quiero confesar!
Al cabo de cuarenta y cinco minutos se encontraba sentado en la sala de interrogatorios, maniatado y con los ojos vendados.
– ?Que es eso que quieres contarnos? -le dijo el interrogador de la voz gutural, como siempre, con su aliento apestoso-. ?Que quieres confesar?
– Querian saber por que estaba en la cena de Davos. Me pregunto usted quien era Rebecca. Les menti porque intentaba protegerla. La foto de mi cartera no la muestra como esta ahora. El motivo por el que yo me encontraba en Davos era porque me habia invitado el propio
– Si eso es cierto, ?por que no nos lo has confesado antes? -La respuesta del interrogador era serena, hasta distanciada. A Marten le resultaba imposible saber como habia reaccionado o que era lo que pensaba. Lo unico que podia hacer era proseguir con su historia.
– Temia que al saber que pertenecia a la familia del zar me podrian utilizar politicamente. Que encontraran la manera de explotar mi personaje. Hasta matarme, si eso contribuia a vuestra causa.
– Podemos hacer contigo lo que nos de la gana, exactamente igual que antes. -La voz del interrogador seguia siendo regular y despojada de emocion-. ?Que esperas conseguir, diciendonoslo ahora?
Era una pregunta que Marten habia anticipado. Aqui era donde tenia que girar las cosas con cuidado para sacarse la presion de encima y ponerla sobre el interrogador.
– Lo que espero conseguir no es solo en beneficio mio, sino en el suyo.
– ?El mio? -el interrogador solto una carcajada de enojo-. Eres tu quien esta maniatado y con los ojos vendados. Es tu vida la que esta en juego, no la nuestra.
Marten sonrio por dentro. Su hombre no solo estaba enojado, sino ofendido. Eso era bueno, porque lo ponia a la defensiva y era exactamente lo que Marten queria.
– Llevo aqui mucho tiempo. Demasiado.
– ?Al grano! -le solto su inter rogador. Ahora empezaba a irritarse. Mucho mejor.
– El calendario avanza rapidamente hacia el dia en que Alexander Romanov sera coronado zar. Su futuro cunado anda desaparecido y lleva demasiado tiempo asi. Es una situacion que no beneficia ni a su vida de casado ni a su posicion como monarca, y empezara a enfadarse y a impacientarse.
Llegado a este punto, Marten temia que su interrogador le preguntara por que no habia habido ninguna cobertura mediatica de su desaparicion, pero no lo hizo. Sin embargo, era algo que el mismo se habia preguntado. Finalmente supuso que Alexander habia ordenado el silencio y, por lo que el sabia, sus ordenes habian sido acatadas.
– Puesto que no ha habido noticias mias y puesto que no habran encontrado mi cadaver, y debido al malestar que reina en el mundo, el y sus gentes supondran que he sido secuestrado y creeran que, quienquiera que lo haya hecho, esta esperando hasta la coronacion para hacer algun tipo de accion de signo terrorista que tenga que ver conmigo. Pero es algo que ellos no pueden permitir que suceda.
»Puede que sepa usted que el
