– Hasta en la muerte, oh, Senor, su espiritu permanece.

«Hasta en la muerte…»

La baronesa sonrio tibiamente detras del velo. Hasta en la muerte le das poder y credibilidad a Alexander; mas, quiza, del que le podias haber dado en vida. Tu muerte te ha hecho mas querido, casi un martir, pero has convertido a Alexander en el ultimo autentico Romanov varon sucesor al trono.

«Hasta en la muerte…»

Las mismas palabras resonaban dentro de Alexander, que no tenia la mente en el funeral sino en el incesante latido de su metronomo interior, que se hacia mas fuerte y mas inquietante a cada hora que pasaba. Miro a Rebecca y vio la calma reflejada en su rostro y en sus ojos. Su serenidad, hasta aqui en la cripta, con la prueba de la finalidad de la muerte a tan solo unos cuantos palmos, en las tumbas que tenian delante, resultaba desquiciante y no hacia mas que incrementar su creciente certeza interior de que Nicholas Marten no estaba muerto. No estaba muerto en absoluto. Estaba ahi fuera, en algun lugar, acercandose a el como un tsunami.

– No -dijo, de pronto, en voz alta-. ?No!

Los demas se volvieron a mirarle, el patriarca incluido. Entonces el, de pronto, se tapo la boca y tosio, como si esto fuera lo que habia hecho antes, y se volvio a fingir mas tos.

Nick Marten/John Barron. No importaba como se hacia llamar. Pensaba que lo habia liquidado en el sendero de encima de Villa Enkratzer. Pero no lo habia hecho. De alguna manera, Marten habia sobrevivido y ahora le seguia los pasos. Venia a destapar quien era y al hacerlo, volveria a Rebecca contra el.

Era cierto. Lo sabia.

El metronomo latio mas fuerte. Tenia que sacarse a Marten de la cabeza. Fingio una ultima tos y se volvio de nuevo hacia el oficio. Marten estaba muerto. Todos los demas que lo habian buscado con el estaban de acuerdo: Murzin, los otros agentes del FSO, las patrullas del ejercito suizo, la policia cantonal, y los equipos de forestales y de rescate entre los cuales habia tres medicos. Eran gente con mucha experiencia que no solo opinaba, sino que sabia. Ademas, recordaba haber recorrido personalmente cada palmo de aquellas orillas fluviales oscuras, cubiertas y dejadas de la mano de Dios. No se equivocaba, y todos los otros tampoco. Nadie habria podido sobrevivir a aquella noche, herido y sangrando en aquel horrible caudal de agua helada. ?Por que deberia pensar que Marten lo habia hecho? No, Nicholas Marten estaba muerto. No cabia ninguna duda. Igual que su padre estaba muerto en el ataud que ahora tenia delante. Miro a la baronesa y ella le hizo un gesto tranquilizador con la cabeza. Se volvio y miro a su alrededor, a la sala esplendida, ornada, en la que reposarian para siempre los restos de sus reales ancestros. El metronomo se calmo y el se animo pensando en ellos. El era, con toda la autenticidad, uno de ellos, el bisnieto de Nicolas y Alejandra. Este era su destino y siempre lo habia sido. El, y solo el, era el zarevich de Rusia. Nada, y menos un hombre muerto, podria cambiarlo.

27

Aeropuerto de Fuhlsbuttel Hamburgo, Alemania. Viernes 4 de abril, 10:10 h

Nick Marten aguardaba en la cola junto a otros pasajeros para abordar el avion del vuelo 1411 de Air France destino al aeropuerto Charles De Gaulle de Paris, donde tenia una conexion con un vuelo a Moscu. Habia utilizado una de sus tarjetas de credito para comprar el billete, algo que lo hizo ponerse nervioso porque cabia la posibilidad de que Rebecca hubiera notificado su defuncion a los bancos emisores y las hubiera cancelado. Pero era obvio que no lo habia hecho, porque su tarjeta fue aceptada y el billete le fue entregado sin ningun problema. Habia ocurrido lo mismo con el resto de sus asuntos. Recogio su pasaporte, una copia del original, a ultima hora del dia anterior en la delegacion consular de Hamburgo. Con el habia un pequeno paquete. Dentro habia un movil activado con su cargador de bateria y un visado de empresa para entrar en Rusia, valido para tres meses y emitido por el departamento de Servicios Consulares del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, a peticion de Lionsgate Landscapes, una empresa britanica de diseno de paisajes con sucursal en Moscu. Su destino en Rusia, el lugar en el que iba a alojarse -tal y como lo requieren todos los visados rusos- era el hotel Marco Polo Presjna, situado en el numero 9 de Spiridonjevskij Pereulok, Moscu. Marten se pregunto que debia de ser realmente Lionsgates Landscapes, o si realmente existia, pero daba igual porque su visado habia sido aprobado. Todo lo que habia pedido le habia sido concedido, y en menos de cuarenta y ocho horas. Para ser alguien que, en sus propias palabras, estaba casi sin empleo, Kovalenko habia hecho un trabajo notable.

Hotel Baltschug Kempinski, Moscu. El mismo dia, viernes 4 de abril. 13:30 h

Alexander, Rebecca y la baronesa compartian una pequena mesa de almuerzo en un rincon de la suite privada de Alexander en la octava planta, con vistas a un dia de sol esplendido sobre la Plaza Roja. El almuerzo constaba sencillamente de blinis con caviar rojo y cafe.

Su conversacion era tambien poco enrevesada y se centraba alrededor de dos temas: los ultimos pasos de la conversion de Rebecca a la fe rusa ortodoxa, obligatoria para cualquier mujer que fuera a convertirse en emperatriz y ser madre de hijos reales; y la eleccion del vestuario que llevaria para su boda y para la ceremonia de coronacion que seguiria casi de inmediato a la misma, y luego para el baile de aquella noche. Los dos temas eran importantes porque el tiempo empezaba a echarseles encima y ahora ya se encontraban a menos de un mes de ambos acontecimientos. Ademas, uno de los modistas mas importantes de Paris y su equipo iban a reunirse con ellos al cabo de una hora para tomarle medidas a Rebecca y tomar las ultimas decisiones. En este tema, Alexander iba a conformarse con lo que Rebecca, la baronesa y el propio modisto eligieran finalmente. Para el habia otros temas urgentes: tenia que probarse un traje adecuado para la coronacion, someterse a una entrevista estatal televisada y, mas tarde, tenia una reunion en el Kremlin con el jefe del Estado Mayor del presidente Gitinov.

La reunion trataria sobre protocolo y deberes y era de naturaleza tanto politica como social. Rusia no habia tenido nunca antes un zar que fuera basicamente una figura simbolica, y Alexander sabia que debido a su repentina e inesperada popularidad, Gitinov queria contenerlo y asegurarse de que no intentaria convertir su influencia en poder. Era algo que Gitinov no haria cara a cara, porque era demasiado consciente de la potencia politica del triunvirato de poderes que habia restaurado la monarquia, pero dejaria claros, a traves del su jefe del estado mayor, los limites hasta los que Alexander tendria permitido llegar. O, lo que era mas sencillo, le ofreceria una descripcion de sus funciones, a saber: un monarca constitucional es un animador del pueblo, un anfitrion ceremonial, un representante de la nueva Rusia en casa y en el extranjero. Nada mas. Punto.

Era un papel que a Alexander le irritaba pero que estaba totalmente preparado para hacer, al menos durante un tiempo, mientras extendia sus redes y empezaba a construirse una base de poder. Luego, poco a poco, empezaria a desempenar un papel mas activo, primero en lo politico y luego en lo militar. La idea era iniciar un sueno popular de grandeza nacional en el que el se convertiria en la irremplazable pieza central. En tres anos el Parlamento temeria tomar cualquier decision sin consultarle; en cinco, la figura simbolica seria el presidente, no el; en siete, lo mismo seria aplicable al Parlamento y a los generales al mando de las fuerzas armadas. En una decada, la palabra «constitucional» dejaria de acompanar a la palabra «monarquia», y Rusia y el mundo conocerian finalmente el significado de la palabra «zar». Josef Stalin decia que el defecto de Ivan el Terrible era que no habia sido lo bastante terrible. Alexander no tendria este problema: ya tenia sangre en las manos y estaba dispuesto a tener mas. La baronesa le habia instruido asi desde su mas tierna infancia.

Alexander sonrio ante su imagen y sintio una paz que no habia experimentado en mucho tiempo. Sabia que se trataba de la certeza de que, con la muerte de su padre, el trono era final y firmemente suyo. Y que Rebecca estaria a su lado el resto de su vida.

Se dio tambien cuenta de que su anterior miedo, un miedo que le retorcia las tripas, de que Nicholas Marten hubiera despertado milagrosamente de la muerte, no era nada mas que una pesadilla de creacion propia,

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