– ?Solo este?

– Solo este.

– Lufthansa.

– 453.

– Gracias, Dan.

– John, ?donde cono estas? ?Que ocurre?

Clic.

Ford se quedo atonito, mirando el telefono.

– ?Maldita sea!

47

LAX, terminal internacional Tom Bradley.

Mostrador de billetes de Lufthansa, 18:55 h

– Etwas geht nicht? -«?Algun problema?», pregunto Raymond en aleman, desconcertado y con una sonrisa, a la agente rubia de billetes de Lufthansa que tenia al otro lado del mostrador. La mujer estaba al telefono, aguardando algun tipo de confirmacion.

– Su reserva no consta en el ordenador. -Prosiguio su conversacion en aleman.

– La he hecho yo mismo, esta tarde. Me confirmaron el asiento.

– Nuestros ordenadores han estado varias horas sin servicio.

Miro a su monitor y tecleo algo. Raymond miro a la derecha. Habia solo otro agente de billetes trabajando. Detras de el, los pasajeros empezaban a acumularse en la cola. Habia veinte o mas, aguardando impacientes, y unos cuantos lo miraban a el como si tuviera la culpa de que la cola tuviera que esperar.

– ?Tienen butacas?

– Lo siento, el vuelo esta lleno.

Raymond desvio la mirada. Eso era algo que ni siquiera habia considerado. Que pasaba si…

– Gracias -dijo de pronto la mujer en ingles, antes de colgar el telefono-. Le pido disculpas por la confusion, senor Speer. Si tenemos su reserva. ?Me deja el pasaporte y una tarjeta de credito, por favor?

– Danke -dijo Raymond, sonriendo con alivio y luego saco la cartera de Speer del bolsillo de la cazadora y entrego el pasaporte y la EuroMaster Card del muerto a la agente de la aerolinea. A su izquierda estaba el embarque de primera clase, donde habia un solo ejecutivo bien vestido que reganaba a la encargada de detras del mostrador. Su asiento no era el que habia reservado; queria que lo acomodaran bien y rapido. Primera clase, donde Raymond sabia que debia estar pero no estaba.

Miro hacia atras. La agente de billetes tenia su pasaporte abierto y lo miraba; luego lo miro a el, comparando su parecido a la foto.

– ?Ah! -dijo el rapidamente, y sonrio.

Rapidamente se quito la gorra de beisbol de los Dodgers para mostrarle el pelo lila.

– Aqui era mas joven, ?eh? Pero… -volvio a sonreir-, sigo llevando el mismo pelo.

La mujer sonrio y le devolvio el recibo de la tarjeta de credito para que se lo firmara. Sin esfuerzos, garabateo la firma de Speer -algo que habia estado ensayando en el bus de Santa Monica- y luego se lo devolvio. La mujer le entrego el pasaporte y la tarjeta.

– ?Lleva equipaje para facturar?

– No, esta en… -Raymond se habia deshecho de la mochila de Speer en la estacion de autobuses del aeropuerto, donde se deslizo la segunda Beretta debajo de la cazadora, dentro del pantalon por la espalda, y luego embutio la mochila en un cubo de basura justo antes de subir a la lanzadera que lo llevaba hasta su terminal. Le empezaba a resultar engorrosa y ya no la necesitaba, pero no penso en la necesidad obvia de llevar algun tipo de equipaje. Nadie viajaba a nueve mil kilometros con las manos vacias. Rapidamente rectifico-. Solo llevo una bolsa de mano -dijo, hablando todavia en aleman, y luego senalo hacia un restaurante de comida rapida que habia al otro lado del despacho de billetes-, me la ha guardado un amigo mientras yo recogia el billete.

Ella sonrio y le dio el billete y la tarjeta de embarque.

– Puerta uno veintidos. El embarque empezara aproximadamente a las nueve y cuarto. Gute Reise -anadio, mientras el se volvia de espaldas. Gute Reise. Buen viaje.

– Danke -dijo el, y se alejo.

48

19:15 h

Barron conducia por la autovia de Santa Monica en direccion oeste, la misma autovia por la que habia pasado dos horas antes con Halliday. El trafico avanzaba lentamente, embotellado desde el centro de la ciudad hasta la playa. Eso le hizo desear ir en el coche patrulla mas que nunca, con la sirena y las luces a tope.

19:20 h

El trafico seguia lento. Tal vez estuviera loco. Tal vez aquello no fuera nada. El informe decia que el grupo de estudiantes alemanes «creia» que el retrato robot era de su amigo desaparecido. Asi que tenia el pelo lila, pero cientos de jovenes llevan el pelo lila. ?Por que se esforzaba por llegar al aeropuerto para interceptar a un posible/probable/tal vez desaparecido Josef Speer, cuando deberia estar recogiendo a Rebecca y largandose de Los Angeles? No tenia ningun sentido, en especial si su suposicion sobre el vuelo de Frankfurt era erronea y cuando llegara no hubiera nadie llamado Speer.

De inmediato cogio su telefono movil y marco el numero de informacion. Se identifico como detective de homicidios del LAPD y pidio que le pasaran con las oficinas de Lufthansa en LAX, el aeropuerto internacional de Los Angeles. En cuarenta segundos tenia un supervisor de la aerolinea al telefono.

– Vuelo 4-5-3 destino a Frankfurt de esta noche -dijo, con claridad-. ?Tienen una reserva hecha a nombre de Josef, con f, Speer?

– Un momento, senor. -Se hizo un largo silencio y luego-: Si, senor. El senor Speer ha comprado el billete hace casi treinta minutos.

– ?En que terminal esta Lufthansa?

– Terminal internacional. Tom Bradle.

– Gracias -dijo Barron, y colgo.

Dios, tenia razon. De pronto se le ocurrio otra cosa. Podia tratarse del propio Speer. Tal vez le habia surgido un asunto personal y sencillamente decidio volver a casa sin encomendarse a nadie. El problema era que… para tratar de localizarlo dentro de la terminal y de comprobar su identidad, necesitaria la colaboracion de los agentes de seguridad de Lufthansa. Al pedirlo, tendria que explicarles por que, y puesto que habia la posibilidad de que ese Josef Speer fuera Raymond, Lufthansa alertaria al departamento de policia del aeropuerto, una situacion que llevaria a McClatchy y a los demas, con sirenas y luces rojas encendidas, directamente a la terminal de Lufthansa. Y ellos si tenian las luces y las sirenas.

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