consultarle la queja—, le alcanza el perdon prometido. —Los tres hicieron amago de discutir, pero el secretario se lo impidio—: Obedeced, es la decision del principe.
—No te acerques a Fatima o...
Hernando se vio sorprendido por la amenaza de Brahim unos pasos mas alla de la mesa del escribano.
El muchacho se detuvo. ?Ya no era el esclavo de un corsario! No hacia dos dias que habia renunciado a la libertad y arriesgado su vida para salvar a Fatima y a su madre. ?Asesino a tres hombres para conseguirlo! Salvo el turbante, que dejo caer en el camino, todavia vestia las ropas de algun turco.
—?O que? —grito a su padrastro.
Brahim, por delante de el, se detuvo y se volvio hacia su hijastro. Hernando se encaro con el arriero. Brahim torcio el gesto de la boca en una cinica sonrisa. Entonces agarro el brazo de Aisha y apreto con fuerza. Aisha resistio un instante, pero Brahim continuo apretando hasta que la mujer no pudo ocultar una mueca de dolor. Aisha no hizo ademan alguno de forcejear o apartarse de su esposo.
—?Madre! —exclamo Hernando buscando la empunadura de un alfanje que ya nunca llevaria. Aisha evito cruzar la mirada con la de su hijo—. ?Este perro hijo de puta te abandono en Ugijar! —grito.
Brahim apreto con mas fuerza el brazo de Aisha. Esta seguia sin mirar a su hijo. Fatima reacciono por primera vez y apreto a Humam contra su pecho, como si en ello le fuera la vida.
Hernando se encaro con su padrastro. En sus ojos azules brillaba una furia descontrolada. Temblaba. El odio acumulado estallo en un aullido de rabia. Brahim sonrio y retorcio el brazo de su primera esposa con tanta violencia que ella no pudo evitar un gemido.
—Tu eliges, nazareno. ?Quieres ver como le parto el brazo a tu madre?
Aisha sollozaba.
—?Basta! —grito Fatima—. Ibn Hamid, no...
Hernando dio un paso atras, incredulo ante la suplica muda que veia en el semblante de la muchacha, y respiro hondo para sosegar los latidos de su corazon.
Con los ojos entornados, el joven recordo el consejo de Hamid. «Usa tu inteligencia», le habia dicho el alfaqui. No era el momento de dejarse llevar por las emociones... Sin decir nada, Hernando dio media vuelta y se alejo, luchando por contener las ansias de venganza.
23
Misericordia, senor. Misericordia nos conceda vuestra alteza en nombre de Su Majestad, y perdon por nuestras culpas que conocemos haber sido graves. —Tales fueron las palabras que el Habaqui, postrado ante don Juan de Austria, pronuncio en el momento de su rendicion—. Estas armas y bandera rindo a Su Majestad en nombre de Aben Aboo y de todos los insurrectos cuyos poderes tengo —finalizo al tiempo que don Juan de Soto lanzaba a tierra la bandera.
Antes de que el Habaqui entrase en la tienda, el estandarte colorado de Aben Aboo con su lema bordado, «No pude desear mas ni contentarme con menos», fue rendido a las companias de infanteria y caballeria debidamente formadas en el campamento. Una larga salva de arcabuceria acompano los gritos de caballeros y soldados antes de las oraciones de
