a la Vieja, y toda la linea se movia con precaucion, pero el sol empezaba a ponerse, y en la oscuridad ni la Vieja seria capaz de continuar.

Necesitaban un refugio. Desde Paterna del Pao se encaminaron hacia el este, evitando dirigirse a las zonas donde a buen seguro estarian los cristianos. Debian encontrar el camino que subia desde Bayarcal al puerto de la Ragua, pero pronto se hizo evidente que no iban a tener tiempo antes de que se pusiese el sol. En la tormenta de nieve, Hernando creyo ver una formacion rocosa y hacia ella dirigio a la Vieja.

Ni siquiera era una cueva; con todo, aprecio el muchacho, podian protegerse de la tempestad bajo los salientes rocosos. La recua fue trayendo a los demas, que se arrastraban tras las mulas, encogidos, los labios amoratados y las manos crispadas sobre sus colas. Fatima solo usaba una mano mientras con la otra aferraba un bulto entre sus ropas.

Hernando dispuso las mulas contra el viento. Luego inspecciono con una rapida mirada el lugar: de poco podian servirle el pedernal y el eslabon que siempre llevaba encima. Alli, sobre la nieve, no habia posibilidad de encender fuego; tampoco se apreciaba la existencia de ramas secas u hojarasca. ?Solo rocas y nieve! ?No habria sido mejor que los capturasen los cristianos?, se planteo al comprobar que el tenue resplandor que hasta entonces les habia acompanado entre la tormenta empezaba a decaer.

—?Como esta el nino? —le pregunto a Fatima. La muchacha no le contesto. Por encima de sus ropas frotaba a su hijo con ambas manos—. ?Se mueve? —Inquirio entonces—. ?Vive? —La pregunta se le trabo en la garganta.

Fatima asintio sin dejar de frotar. La joven desvio entonces la mirada hacia el temporal y la noche que se les echaba encima y un suspiro de temor salio de sus labios.

?Por que habian emprendido la huida? Hernando se volvio entonces hacia su madre: abrazaba a cada uno de sus hermanastros. Aquil temblaba sin poder detener el castaneteo de sus dientes. Musa, con solo cuatro anos, permanecia inmovil, agarrotado. ?Por que tuvo que forzarles a aquella aventura? ?Eran mujeres y ninos! La noche ya se hacia patente. La noche...

Cogio unos punados de nieve y se los llevo al rostro, al cabello y a la nuca; luego, con otros, se lavo las manos, se arrodillo sobre el humedo manto blanco y rezo en voz alta, a gritos, suplicando al Misericordioso, por el que luchaban y arriesgaban sus vidas, que... No llego a poner fin a sus oraciones. Se levanto repentinamente. ?El oro! ?Entre el botin se amontonaban las vestiduras! Decenas de casullas y ornamentos de seda bordada con hilos de oro y plata. ?De que iban a servirle a su pueblo si ellos morian? Revolvio entre las mulas y en poco tiempo logro embutir a mujeres y ninos en lujosos ropajes. Luego desaparejo a los animales. Las alforjas tambien servirian, algunas eran de cuero... ?Tambien los arreos! Salvo las monedas de oro que acumulo en una de las alforjas de esparto, extrajo el resto del botin y amontono alforjas y arreos sobre la nieve, a modo de suelo, junto a la pared.

—Contra las rocas —les dijo—-. No os dejeis caer sobre la nieve. Aguantad la noche contra las rocas.

El tambien se abrigo, pero solo lo imprescindible: necesitaba conservar la libertad de movimientos de la que carecian los demas. ?Tenia que vigilar que nadie cayera sobre la nieve y se le empapara la ropa! Luego arrimo a las mulas contra mujeres y ninos. Las ato corto unas a otras, de manera que no pudieran moverse, y las empujo desde el exterior. Lanzo el ronzal de la ultima mula hacia la pared y se arrastro por debajo de las patas de los animales hasta llegar a las rocas. Le costo ponerse en pie. Lo hizo entre Fatima y Aisha. La Vieja, que habia quedado muy cerca de mujeres y ninos, le observaba impasible.

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