Un murmullo de asentimiento se escucho en la tienda y Hernando se encogio todavia mas entre los inmensos jefes monfies que le flanqueaban.
—?Disfruta, muchacho! —Exclamo el Gironcillo, dandole una fuerte palmada en la espalda—. Esta fiesta es en tu honor.
Todavia sentia el golpe del Gironcillo en su espalda cuando la musica empezo a sonar. Varias mujeres jovenes entraron con cuencos llenos de uvas pasas y jarras de limonada, que aderezaron con una pasta que llevaban en unos saquitos. Depositaron las jarras en las alfombras, frente al circulo de hombres sentados. Bebieron y c omieron, mirando a las bailarinas que danzaban en el centro de la tienda: unas veces solas, otras de la mano de algun jefe monfi. Hasta el Gironcillo, torpon, bailo con una muchacha de movimientos traviesos. ?E incluso canto!
— ?Quien danzara ya la zambra — aullo, tratando de seguir a la muchacha—, quitado de querellas, con hermosas moras bellas..., en ti, mi querida Alhambra!
?La Alhambra! Hernando recordo la fortaleza recortada contra Sierra Nevada, coloreando Granada de rojo al atardecer, y se imagino bailando con Fatima en los jardines del Generalife. ?Decian que eran maravillosos! Su pensamiento volo hacia Fatima, hacia el cuerpo de la joven y el colgante de oro entre sus pechos... el mismo que llevaba la bailarina que en ese momento le tomaba de la mano y le obligaba a levantarse. Escucho algun aplauso y gritos de animo mientras la joven le hacia moverse. Todo giraba a su alrededor. Sus pies bailaban con agilidad, pero no podia detenerlos... ni controlarlos. La muchacha reia y se acercaba a el; sentia su cuerpo, como poco antes habia sentido el de Fatima...
Mientras bailaban, una de las mujeres trajo mas jarras de bebida. Las dejo en el suelo, extrajo de un saquito una pasta hecha con apio y simiente de canamo, la introdujo en la limonada y la removio, tal y como llevaba haciendo con todas las jarras que hasta el momento habia servido.
El Gironcillo brindo con el Partal y dio un largo trago.
—Hashish —suspiro—. Parece que hoy no lo usaremos para luchar contra los cristianos. —El Partal asintio mientras daba cuenta de su bebida—. ?Bailemos pues en la Alhambra! —anadio alzando el vaso con la droga disuelta.
Hernando no volvio a sentarse. Los laudes y las sonajas cesaron y la muchacha, agarrada a su joven companero de baile, interrogo con la mirada a Aben Humeya. El rey entendio y le dio su consentimiento con una sonrisa. El muchacho se vio arrastrado por la bailarina hacia el exterior de la tienda, hasta un chamizo en el que se encontraban otras mujeres que atendian al rey. Ni siquiera busco intimidad. Se lanzo sobre el mientras las demas miraban. Lo desnudo apresuradamente sin que Hernando fuera capaz de resistirse y luego se puso a desatar sus propios bombachos y las gruesas medias enrolladas desde los tobillos hasta las rodillas. En ello estaba cuando se oyo decir a una de las mujeres:
—?No esta retajado!
Todas se acercaron a Hernando y dos de ellas hicieron ademan de acercar su mano hasta el miembro erecto del muchacho. Sin dejar de luchar con sus bombachos, ya a media pantorrilla, la bailarina entrecerro los ojos y protegio el pene con una de sus manos.
—?Fuera! —grito, golpeando a las demas con la mano que tenia libre—. Ya lo probareis despues.
Hernando desperto con la boca reseca y un tremendo dolor de
