medico, tercer varon en la familia que tomaba tal determinacion. Tambien recogia datos sobre los intelectuales espanoles que se habian suicidado: Ganivet, arrojandose a las aguas del Dwina; Larra, disparandose frente al espejo su pistola, en la sien; Bartrina…

El interes de Julio por este asunto no tenia nada que ver con su carrera policiaca. Era algo psicologico, obedecia a algo temperamental. Julio era un hombre que amaba con pasion la vida, que no comprendia que alguien renunciara a ella voluntariamente. Cuando hojeaba el fichero -370 fotografias de suicidas, ampliadas a tamano postal- los rostros de estos le miraban con fijeza y a veces le daban escalofrio, pero aseguraba que le sugerian muchas cosas. Estos rostros tenian algo comun, segun contaba: «ojos hundidos, o bien lo contrario, casi saliendoseles de las orbitas». Olga pertenecia a la primera serie, David a la segunda. Julio procuraba cerciorarse de que sus propios ojos eran normales.

Dona Amparo Campo le criticaba que se dedicara a esto. Se sentia molesta. «Valdria mas que me llevaras a paseo. Todavia no he estado nunca en La Molina.» Julio le contestaba, con gesto desolado: «En primer lugar, tengo prohibido salir de la ciudad. En segundo lugar, en Espana carecemos de medios de transporte».

Los derechistas de Gerona dormian tranquilos. Los 343 parados de la ciudad les preocupaban poco, al parecer. «El Gobierno dice que se construiran edificios publicos, que se les dara un subsidio.»

El local de la CEDA habia sido remozado. Impresionaba por su magnificencia. Conserje con botones dorados, etc…

Atraidos por el local y el auge del Partido, un alud de estudiantes se habia afiliado a la CEDA y tambien muchas senoras. Su contrasena era la honradez; su medio de accion, la espectacularidad; su base, la religion.

En la Liga Catalana era distinto. El problema de los obreros preocupaba. Don Jorge, el notario Noguer y los economistas se habian reunido para hablar de ello. Era preciso hacer algo. Se estimo que la alcaldia en manos de un hombre del Partido podria ayudar eficazmente, y, en consecuencia, en espera de elecciones municipales fue nombrado alcalde el notario Noguer.

No obstante, todos estaban algo asustados. Las calles ofrecian un aspecto poco edificante. La suciedad parecia una consigna. De no poner coto, llegaria un momento en que llevar sombrero seria considerado atentado a la pobreza. Y eso no. Era preciso hacer algo, pero defendiendo el derecho a llevar sombrero.

Por ello el notario Noguer, al tomar posesion de la Alcaldia, preparo el discurso concienzudamente. Primero se dirigio a los necesitados y les garantizo que se haria lo posible para remediar su situacion y encontrarles trabajo. Hablo en un tono de sinceridad y competencia tales que a muchos les dio cierta esperanza, previendo algun plan importante de obras municipales. Pero luego anadio, dirigiendose a la poblacion en general:

– Sin embargo, el Ayuntamiento estima que una cosa no tiene que ver con la otra. Nos preocuparemos de todo eso, ciertamente. Y de la conduccion de aguas y de las cloacas. Pero al mismo tiempo lucharemos para evitar que un alud de plebeyez asfixie las tradiciones aristocraticas de nuestra querida Gerona. Hay algo que a mi me causa verdadero espanto, mas que la carcel y los tiros: y es ese constante martilleo contra todo lo que significa bienestar, cultura, distincion, minoria. Si alguien escupe en esta acera, me parece que no solo como alcalde y como notario, sino simplemente como hombre que ama la limpieza, tengo perfecto derecho a cruzar la calle y continuar por el otro lado, sin que por ello me llamen enemigo del pueblo. Asi que, mientras yo este en la alcaldia, los guardias urbanos vestiran con decoro, las basuras seran recogidas, se perseguira la blasfemia, se multara toda suerte de escandalo publico, se retirara de la circulacion a los borrachos, lo mismo si son de la Liga Catalana que de la CNT, y se considerara que un abogado o un arquitecto es ciudadano tan respetable como un mecanico o un matarife. Para la buena marcha del Municipio se necesita la colaboracion de todos. Cortaremos abusos y orgias; pero tambien todo intento de convertir la tres veces inmortal Gerona en un popurri de barrio.

Esta fue la gran sorpresa. Nadie hubiera imaginado que el notario Noguer, a sus cincuenta y cinco anos, guardara tal dosis de energia. Solo su propia esposa, al parecer, encontraba todo aquello muy natural. «A mi no me ha extranado nada -dijo-. Le conozco.»

Los de la CEDA admitieron que estuvo acertado. «La Voz de Alerta» publico el discurso en letras de molde. Todo el mundo. Todo el mundo satisfecho, sobre todo mosen Alberto. Mosen Alberto sabia que el Museo Diocesano contaria con el apoyo incondicional del Ayuntamiento de Gerona.

Cuando en el Neutral leyeron: «Se perseguira la blasfemia», alguien dijo: «Entre este texto y el de la senora de Narros del Puerto hay la diferencia de un papel de fumar».

El comandante Martinez de Soria estaba contento. Se sentia respaldado. Gran cosa tener un alcalde asi. El teniente Martin le objeto, bromeando: «Lo que temo por usted son las represalias contra los amantes del alcohol…» El comandante sonrio. Cierto que bebia demasiado; pero esto formaba parte de su ser, como las manchas rojizas de su rostro. El comandante Martinez de Soria, contrariamente a Julio, parecia no dar importancia a la vida. En su existencia cotidiana todo lo llevaba a cabo con desprecio absoluto del peligro, de la posible circunstancia adversa, lo mismo que cuando en Africa mando una compania. Lanzaba su caballo al galope, blandia su florete en la sala de armas, sostenia la copa, jugaba a los dados, miraba a las esposas de sus amigos, siempre con identico desparpajo, sonriendo, atusandose el bigote blanquecino y levantando el hombro izquierdo en ademan peculiar. Era un militar hecho y derecho. Ahora bien, de repente, era otro hombre. Cuando suponia una lejana alusion al honor del uniforme, o a la Patria, o a su mujer o a su hija, entonces en vez de atusarse el bigote se hubiera dicho que iba a arrancar a lo vivo el del adversario. Sin embargo, su temperamento inspiraba, en general, una gran simpatia a los que le trataban. Alguien decia que para odiarle era preciso hacerlo a distancia. Acaso algunos soldados en el cuartel opinaran lo contrario. Pero es que el comandante Martinez de Soria no se dejaba sorprender. No se dejaba sorprender ni siquiera por el pulcro Comisario don Julian Cervera.

El comandante Martinez de Soria estaba contento… y en el fondo lo estaban todos los derechistas, pues tenian las riendas en la mano. La unica excepcion era, en realidad, «La Voz de Alerta».

En efecto, si el profesor Civil entendia que los enemigos de la humanidad eran los judios y la tecnica -y en menor escala los masones-, «La Voz de Alerta» entendia que eran los socialistas y su Sindicato, la UGT; los comunistas y su barberia, y los anarquistas y su Gimnasio. Y entendia que el problema que estos planteaban no era solo de basura por las calles, sino mucho mas importante. Y que nada habia quedado zanjado con la carcel, sino que, por el contrario, no habia hecho mas que empezar.

«La Voz de Alerta» juzgaba que el notario Noguer, a pesar de su discurso, que el distinguido jefe de la CEDA, a pesar de su exito entre las damas; que don Pedro Oriol, con su bondad, y que el comandante Martinez de Soria vivian en el limbo. No se habian dado cuenta de lo que significo el 6 de Octubre. Tampoco se daban cuenta ahora de lo que significaban aquellas veladas de lucha libre, y la tenacisima labor que habian reemprendido todas las fuerzas enemigas.

«Gil Robles se niega a dar el golpe de Estado; un dia u otro volveran a darlo ellos, y esta vez de verdad.» En realidad, su voz solo era escuchada por su criada Dolores.

El dentista era mas culto de lo que la gente presumia. Y tenia sus teorias, su criterio propio. «Cuando la burguesia deja pasar la oportunidad de hacer su revolucion, es que se esta descomponiendo. En este caso podra aun, con la ayuda de un par de generales, rechazar un motin popular mal organizado; pero la fuerza de las ideas populares acabara cortandole la cabeza.» «La Voz de Alerta» comprendia que, en el plano nacional, el dia en que se unieran los campesinos del sur de Espana con los obreros industriales de Vascongadas y Cataluna, ambas fuerzas caerian sobre el centro -Madrid- desalojando del Gobierno a todos los Gil Robles hasta la cuarta generacion; en el plano provincial y de Gerona, comprendia que los escarceos hasta entonces inhabiles de sindicatos y partidos -logicamente faltos de madurez- tocaban a su fin, como en muchas otras provincias espanolas. Las experiencias de las capitales de tradicion revolucionaria, y la de las grandes zonas campesinas y proletarias les habian abierto los ojos, con la ayuda de la Prensa. En ninguna localidad faltaba un Cosme Vila estudiando, un Casal sabiendose de memoria todas las revoluciones obreras, triunfos y fracasos, un Porvenir -el joven Jefe de la FAI- llegado como enlace, con todo Bakunin a cuestas. Especialmente los comunistas, gracias a los continuos enlaces internacionales, andaban cargados de teoria.

La suerte estaba -segun el dentista- en que hasta entonces no se habian puesto de acuerdo. En que los anarquistas -individualismo- eran los enemigos declarados de los socialistas -control- y de los comunistas - colectivizacion-; por lo cual con astucia siempre podia movilizarse uno de los tres frentes contra los otros dos, como ocurrio cuando las elecciones del 1933, sin que ellos se dieran cuenta. Sin embargo, ciertos indicios revelaban que la union que practicamente ya habian conseguido los revolucionarios asturianos -Alianza Obrera en Asturias habia sido una realidad-, ahora era la meta perseguida por los dirigentes que en secreto llevaran los hilos

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